48. ELEGIDO POR EL DESTINO III

( continuación de Elegido por el destino Parte II )

-Nox significa “noche” –dice Sergei; esta vez lo ha musitado-. Así me convertí en asesino.

El relato de su entrada en aquella antigua sociedad es largo y está lleno de claroscuros, pero Nox recuerda cómo, después de matar a la primera de sus víctimas,Captura de pantalla 2015-03-25 a las 14.11.25comprendió que aquello le gustaba. Desde aquel instante, Arak, su maestro, dejó de entrenarle.

-Ha llegado el momento de que nos separamos. Nuestra existencia discurre ya por caminos distintos –declaró, a modo de despedida.

-¿Cómo sabré a quién debo matar?

-Despertarás con ello.

Sin saber hacia dónde dirigir sus pasos, Nox se trasladó a Instántalor, donde estuvo trabajando como cortador de leña. Una mañana, casi dos años después, despertó con un rostro en su memoria. Era la faz redonda y perlada de granos del panadero. No podía quitársela de la cabeza.

Su víctima.

No conocía nada de aquel hombre, ni si merecía o no la muerte. Sólo estaba convencido de que debía morir. La imagen le había llegado en sueños, depositada en su memoria por alguna suerte de magia antigua. Sólo cuando ejecutó al panadero, el rostro desapareció, y Nox pudo volver a ejercer una vida normal.

PCaptura de pantalla 2015-03-25 a las 14.11.16ero un asesino no puede fingir que es otra cosa durante demasiado tiempo. Así le sucedió a él; los trabajos corrientes le aburrían, de modo que, mientras aguardaba la aparición de otro sueño, empezó a alquilarse como espada a sueldo. De este modo conoció a su compañero, el veterano Seth Gilderain; un soldado que sabía mucho del arte de matar por dinero. Entre los dos llegaron a convertirse en los mercenarios más afamados de toda Calamburia. Nox, que hasta el momento no había ganado más que el pobre jornal de cualquier trabajador, sintió el peso de la fama y la comodidad del dinero.

Así transcurrieron los años. Mientras se enriquecía, aceptando trabajos de mercenario cada vez más importantes, Nox aguardaba su próximo sueño. Éstos llegaban sin ningún orden concreto. A veces le atormentaban varios a la semana; y otras transcurrían años hasta que el rostro de una nueva víctima le desvelara. Su compañero, Seth, jamás hacía preguntas sobre su “otro oficio”, como él se refería; para el soldado veterano solo era algo que su amigo debía hacer de cuando en cuando. Sin más.

De este modo transcurrió una década. Sergei Nox y Seth Gilderain, ricos y famosos, dejaron de perseguir los trabajos por la recompensa económica y se centraron en aquellos que les beneficiaran de cualquier otro modo; ya fuera con fama, poder o con el simple placer de eliminar a quienes sobraban en Calamburia. Hasta que un día, Sergei notó que algo había cambiado.

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Despertó, como tantas otras veces, con un rostro en su memoria; sin embargo, estaba seguro de que esta vez no se trataba de una víctima, sino de algo distinto. Tenía, además, la seguridad de que se encontraría con aquella persona en un lugar concreto, a una hora determinada: Instántalor, de madrugada.

-Nox significa noche –susurra el asesino, sentado en el rosetón de la iglesia.

Bajo él, una mujer despierta sin saber bien qué le ha sucedido. Ha aparecido allí en el día y la hora fijados. Parece desconcertada. Nox ha comprendido que esta vez no se trata de un asesinato.

Cae desde las alturas. La mujer desenvaina una espada; la única de sus pertenencias.

-¿Quién eres? –grita.

-No voy a matarte. De haberlo querido, podría haberlo hecho hace rato. He estado vigilándote, esperando.pirata morgana mercenaria

-¿Esperando?

-A que despiertes. Has sido elegida.

-¿Para qué? –ella enarca una ceja; no recuerda bien su pasado, salvo el vago reflejo del sol incidiendo sobre las olas del Kal – Amar.

-Para ser una asesina.

celiapirata -¡Yo no soy una asesina! Soy… bueno, era otra cosa.

-Ya no lo eres. Has sido elegida. No puedo decirte por qué, ni quién se encarga de ello, pero así es. Ahora perteneces a una antigua sociedad de asesinos, y yo voy a entrenarte.

Ella está confundida. No recuerda cómo ha llegado hasta allí, ni si lo que Nox le dice es cierto. Él señala el papel en su mano y añade:

-Léelo. Es tu nombre.

Ella obedece:

-Morgana.

-Así te llamas.

-¿Qué significa?

-Significa “señora del mar”.



47. EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS

Así es como actuó el Maelström, en un segundo, sin que nadie lo esperase. Fue como un leve suspiro, de tal forma que, de repente, las cosas se habían confundido. De este modo, cada uno de los héroes de Calamburia fue colocado junto a una pareja diferente.

Maelstwow

A algunos les vino bien este cambio. ¡Qué alegría debió llevarse Zora cuando, al parpadear, vio al rey Comosu a su lado! Por supuesto, ella seguía volcada con la iniciativa por salvar el mundo pero, entre tanto, pensaba aprovechar el tiempo para conversar sobre quién podría ser la futura reina.

Algo parecido le sucedió a Morgana. La joven pirata aún estaba confusa, recuperándose de la muerte tras hundirse su barco; por otro lado, Sergei se había quedado sin Seth, quien había partido a una isla vecina por “temas personales”, según alegó el mercenario. El joven Nox vio en la pirata la oportunidad para adiestrar una nueva sicaria, y ésta, que necesitaba nuevas emociones, aceptó.

Para otros, por desgracia, aquel revoltijo les colocó junto a personajes nada recomendables. ¿Cómo iba a robar Banjuló, ahora que a su lado tenía al inquebrantable Irving van der List? El pobre mercader pensó que cualquier hurto, por pequeño que fuera, sería reprendido por el capellán. Éste observaba sus movimientos y su sonrisa desdentada con una ceja arqueada. Desde su encuentro, no se llegaron a cruzar más que un breve “hola”.

Eme, que en instante del desastre se encontraba aprendiendo nuevos hechizos, creyó que la aparición de Artemis era fruto de un movimiento equivocado de su varita. Y aunque el bardo intentó hacerle comprender la verdad, el joven impromago ejecutó el primer conjuro que le vino a la mente –como tantas otras veces había sucedido-. Uno que, por desgracia, terminó con su vida y le mandó directo al Inframundo.

Eme Artemis Maelstrom

Kashiri, la emperatriz del inframundo, acostumbrada a disponer de un alma atormentada como la de Ventisca, se extrañó al ver un individuo tan pragmático como Teslo Flemer. El inventor, apenas cayó en el reino de los condenados, empezó a tomar mediciones de la distancia, temperatura, grosor de la pierda y consistencia del magma. Entretanto, Kashiri no hizo otra cosa que observar. ¿Un ser sin poderes? ¿De qué iba a servirle alguien así?

A Petequia no le hizo ninguna gracia que un inventor apareciera a su lado. ¿Dónde se había metido el Rey? La antigua desterrada pensó que aquel era un nuevo intento por alejarla del trono, y a punto estuvo de reducir al pobre Katurian con su fusta

PETEQUIA KATURIAN

Caer en el desierto no fue algo agradable para Rosi Sacapán. Las dunas de Al – Yavist eran la tierra menos fértil que había visto en su vida de hortelana. Para colmo, le había tocado un ser que, igual que ella, no era humano. Jan Akavir se mostró imperturbable cuando ella le preguntó dónde podían agarrar sus patatas. ¡Ni siquiera le dio importancia¡ ¿Es que no sabía que los hortelanos nacían a partir de aquellos tubérculos? ¡No plantarlos era semejante a cometer un genocidio!

Kálaba, por su parte, tuvo la oportunidad de salvar la vida de Adonis, pues el portero, una vez desprovisto de la Puerta del Este, moría a pasos acelerados. La zíngara, a pesar de ser su enemiga, detuvo su rápido envejecimiento mediante un poderoso conjuro. Tal vez, de esta manera, conseguiría tenerle como futuro aliado…

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Melindres, muy ocupada en desollar hortelanos, se llevó una sorpresa cuando todo a su alrededor cambió y, de un salto, fue enviada a la Taberna Dos Jarras, junto a Laurencia. La pícara beoda aprovechó para reconducir sus actos homicidas. ¿No era mejor andar bebiendo y de fiesta que pasarse el día matando gente?

MELINDRES Y LAURENCIA maelstrom

La realidad era que ninguno de los héroes había elegido a su pareja. Todos fueron teletransportados mediante la más perturbadora de las aleatoriedades. Sin embargo, algunos supieron sacarle provecho a la situación a la vez que, de manera apresurada, se ponían manos a la obra para detener el poderoso Maelström.

46. LOS TEMBLORES DEL CAOS

La tierra se agitó de un extremo a otro de Calamburia. Ni siquiera los eruditos de Skuchain fueron capaces de prever un acontecimiento tan fuera de lo corriente.

Se trató de un temblor suave, pero que anunciaba, sin duda, la llegada de algo importante. Algo que terminaría por cambiarlo todo.

Los primeros en notarlo fueron los Hijos del Dragón. Allí abajo, cerca del Inframundo, Uruyumi pudo captar el débil quejido de la tierra. Den Shiao, que meditaba no muy lejos, comprendió que aquello vaticinaba un acontecimiento peligroso, de modo que marchó a la tierra de los muertos para preguntar a sus ancestros.

hijos del dragon temblor

Los segundos en orden fueron los Inventores. Ambos no tuvieron más remedio que agachar la cara de vergüenza al sentir el suceso, pues sabían que los temblores habían sido originados por una de sus máquinas. ¡Es increíble lo que pueden cambiar las cosas cuando se varía la ubicación de una sola tuerca!, sobre todo, si se trata de una máquina para alterar la realidad…

inventores temblor

Los Eruditos, enfrascados en su perpetuo aprender, decidieron que lo mejor era estudiar el fenómeno, de modo que, apenas hubieron percibido cómo los temblores les desconcentraban de su estudio, resolvieron encerrarse en la biblioteca y estudiar aún más. Seguro que entre los volúmenes de libros hallaban alguna respuesta.

eruditos temblor

Los Nómadas, por su parte, se encomendaron al Titán tras comprobar cómo las dunas del desierto eran removidas. Al – Yavist nunca antes había temblado. Aquello no era natural.

En cambio, los mercaderes reaccionaron de modo contrario. Banjuló y Ujaranza, que vendían cosas en el mercado de Instántalor, se frotaron las manos de pura codicia, pues sintieron que Calamburia agitaba a sus habitantes, lo cual facilitaba que las cosas se les cayeran de los bolsillos.

mercaderes temblor

Zora, la marquesa de Siahuevo, sintió que el corazón se le detenía por la emoción. Pensó que aquel estruendo no eran sino ensayos con fuegos artificiales, o una comitiva de cien mil hombres a caballo, al menos. Todo ello debía ser el preludio para anunciar las nupcias de su hija con Comosu. Melindres, por el contrario, no llegó a sentir nada, pues se hallaba muy ocupada con un hortelano…

marquesas temblor

Incluso muy al norte, en las montañas, el pequeño terremoto logró desencadenar algún que otro alud. Los Salvajes se asustaron y tomaron sus armas. Dorna pensó que tropas de humanos civilizados se habían decidido a atacar; de modo que ordenó a Corugán desencadenar un hechizo protector. Nadie vino en su busca, por supuesto.

Los últimos en detectar que algo raro sucedía fueron los trovadores. Se encontraban demasiado embebidos en sus poemas, en sus loas y en sus músicas como para percibir cualquier hecho del mundo real. Cuando al fin se enteraron, supusieron que, al fin, el mundo se había estremecido al comprender su arte.

trovadores temblor

El temblor sólo duró unos instantes; luego cesó, y la tierra volvió a quedarse como si nada. Los calamburianos regresaron a sus quehaceres, alegando que habría sido algo sin importancia, una de aquellos antojos que de vez en cuando manifestaba el Titán.

¡Pobres ingenuos! Preparaban su viaje a la arboleda para asistir a la Gran Final del II Torneo desconocíendo cuánto iba a afectarles el caos, y cómo sus vidas transcurrirían, a partir de entonces, de modo muy diferente.

45. MAGIA NEGRA Y MAGIA BLANCA

El aire se llenó de carga eléctrica, de chisporroteos de energía. La zíngara, agitando sus manos, pronunció una salmodia en un idioma inteligible. Tenía al Archimago justo donde deseaba: de espaldas y entretenido en otras cuestiones. Era el momento ideal para lanzar su conjuro.

Eme, poseído con la esencia de Theodus, había logrado poner a salvo a Ébedi antes de que el nuevo rey Comosu empezara a dictar una serie de leyes tiránicas. La Guerra por el Trono de Ámbar había tocado a su fin, y el bando de la reina Urraca rendía las armas. Sin embargo, Kálaba no estaba conforme. Ella deseaba una venganza personal. Fue por ello que, reuniendo toda la magia oscura que pudo, allí, en el mismo palacio, lanzó contra Eme la más poderosa de sus maldiciones.

EME REINO CALAMBURIA CALAMBUR

Pero por fortuna, el joven estudiante ya no era un muchacho despistado y tontorrón. Como ya se ha dicho, el alma del Archimago recorría sus venas. Fue esta nueva habilidad la que le alertó del peligro. Eme se volvió, empuñó su varita y respondió a la zíngara con un muro protector. La maldición chocó contra este muro y se deshizo en el aire; después Eme contraatacó. Agitó su varita en el aire, formuló las palabras mágicas y, finalmente, apuntó a su enemiga. De la varita surgió un rayo blanco, igual al que generara una tormenta. El rayo impactó contra Kálaba y la hizo caer desde las almenas de palacio. Estaba derrotada.

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Pero aún no estaba muerta.

El Archimago puso a salvo a los miembros del bando perdedor. Les condujo por un pasadizo secreto hasta la salida, y mientras arriba, en los salones del castillo, Kashiri ponía en marcha una conjura secreta para dominar a Comosu, Eme marchó rumbo hacia Skuchain. Los muros protectores de la escuela le resguardarían mientras pensaba en una salida a tanto conflicto.

No obstante, su viaje nunca llegó a concluir. A una jornada de donde se hallaba la Puerta del Este, Eme fue interceptado por una sombra difusa, casi imperceptible entre la espesura.

-Aún no hemos terminado este combate –sentenció una voz de mujer.

-Kálaba – reconoció el Archimago-. ¿Acaso no has tenido suficiente guerra?

-Es una contienda que no me importa, y lo sabes. Yo sólo peleo por un objetivo. ¡Muéstrame lo que sabes hacer, Theodus!

La mujer elevó las manos al cielo y, en un instante, todo se cubrió de tinieblas. Eme comprendió que aquél no sería un combate rápido. La zíngara se había fortalecido, de modo que no se libraría de ella con una simple descarga de energía. Así pues desenfundó su varita, dispuesto a combatir hasta el final. Allí, en aquel punto incierto de Calamburia, uno de los dos moriría.

KALABA CONJURA            Los sortilegios no tardaron el cruzarse de un objetivo a otro. Kálaba invocó unos tentáculos de humo negro que, emergiendo desde el suelo, intentaron enterrar vivo al Archimago. Este se los quitó transformándolos en hielo; y los tentáculos, después de volverse carámbanos, estallaron en mil pedazos. El Archimago contraatacó entonces, lanzando con su varita otro de aquellos rayos de luz. Pero Kálaba estaba preparada para uno de esos ataques, de tal forma que el rayo impactó contra un muro de huesos que emergió de la tierra.

-¡Se acabó, Archimago! ¡Saluda a la Emperatriz tenebrosa de mi parte! –gritó la zíngara, mientras un aura negra se formaba a su alrededor.

Eme estudió la potencia de aquella magia. Era el golpe definitivo, aquello que decidiría el combate. No tuvo más remedio que preparar el mejor de sus conjuros: un golpe de energía que, semejando la hoja de una gigantesca cuchilla, cortara a Kálaba por la mitad.

Los hechizos se ejecutaron al mismo tiempo. La cuchilla de energía rasgó el aire, y hasta logró segar el aura de fuerza negra y hallar el cuerpo de Kálaba. La zíngara sintió cómo le atravesaba la carne, y hasta las mismas entrañas, para salir por su espalda. Notó cómo su cuerpo perdía fuerza y, poco a poco, se separaba en dos mitades. Pero mientras aún estuvo consciente, pudo constatar cómo su magia también había envuelto al Archimago. Eme peleaba por liberarse de ella, pero el aura negra penetró por su boca y se aposentó dentro de su espíritu.Captura de pantalla 2015-06-02 a las 16.14.40

Los dos cayeron.

Diez horas después, Eme recuperó el conocimiento. Estaba con vida, pero había olvidado su naturaleza como Archimago. Aquella parte de su ser, la más poderosa, yacía encerrada en el centro de su pecho, presa de una cruel maldición. De nuevo, no era más que un despistado estudiante de magia.

En cuanto a Kálaba, despertó en un lugar muy diferente de Calamburia. Estaba en el Inframundo, a merced de los caprichos de Kashiri. Por fortuna, la muerte no es el peor de los males para una servidora de la oscuridad.

Kálaba regresaría al mundo de los vivos. Estaba segura de ello.

kalaba fuego inframundo