63. ESAS HORRENDAS PESADILLAS

-¡Trovadores! ¡Qué vengan los trovadores! –los gritos de Dorna recorrieron los corredores de la fortaleza -¡Llamad de una vez a los trovadores!

Por encima de estas órdenes, sin embargo, se escuchaba un aullido estremecedor. Era el lamento de Comosu, que volvía a despertar presa de uno de sus muchos terrores nocturnos.

SONY DSC

En estas monstruosas ensoñaciones, el Elegido observaba cómo la Emperatriz Tenebrosa derretía sus entrañas y, tomando su cerebro, lo estrujaba hasta convertirlo en polvo. Comosu despertaba entonces presa de terribles dolores, pero era aún más lacerante la sensación de percibir la realidad tal cual era, de saber cuánto había perdido, y cuánto había sido engañado. Recordaba cada oscuro detalle de su reinado, cuando actos y decisiones estuvieron controlados por Kashiri. En aquel tiempo actuó sin misericordia, obedeciendo a una voluntad vesánica que terminó por oscurecer su alma. De este modo, rememoraba ejecuciones de hortelanos, decisiones que pusieron en peligro a sus tropas y antojos llenos de maldad, que tenían por fin ceder su trono.

No obstante, no era la pérdida de su reinado lo que más le atormentaba, sino el hecho de que, nada más tomar posesión del mismo, expulsara a su madre lejos del continente. En efecto, Petequia había sido deportada fuera de Calamburia, y desde entonces no se tenía noticia de su paradero. Corrían rumores sobre su presencia en la isla Kalzaria, pero la cruda realidad era que todo el mundo la daba por muerta.comosu triste

Era esa posibilidad, la más clara, y a la vez la más perturbadora, la que hacía a Comosu perder el juicio. El elegido había sido tocado en su punto más débil: su madre.

Por mucho que se esforzara, Dorna no conseguía aplacar el corazón de su esposo. Éste se había transformado en un niño incapaz de tomar decisiones. Corugán, por su parte, se hallaba demasiado débil como para intentar algo. Su regreso desde los tentáculos del Maelström aún afectaban su poder. También se había recurrido a los sanadores del reino, colegas de los Capellanes, pero nada habían podido mejorar sus emplastos y potingues.

Lo cierto era que Comosu parecía al borde de la locura. Nada conseguía aplacarle.dorna MAELSTROM IMPRO CALAMBUR MADRID

-¡Trovadores! –chillo una vez más Dorna.

Éstos hicieron acto de aparición en la alcoba real. Comosu se revolvía entre las sábanas. Su frente, perlada de sudor, aún dejaba ver la marca del Titán; la marca del elegido. Dorna permanecía sentada a un lado, procurando que su esposo no se cayera de la cama.

-¡Tocad algo! –dijo la reina del norte.

Los trovadores dieron comienzo a una nana; la más suave y delicada que había en su repertorio. Sin embargo, nada pudo aquella melodía contra las pesadillas. Ahora Comosu las percibía incluso despierto, de tal forma que su madre emergía de entre los oscuros rincones, transformada en un cadáver putrefacto y devorado por las alimañas.

-¡Mamá! –gritó- ¡No te mueras! ¡Mamá, no me dejes!

petequia y comosu            De repente, Comosu dejó de prestar atención al vacío. Alargó la mano, tomó el puñal que Dorna guardaba en su bota y lo dirigió hacia su pecho.

-¡Voy contigo, mamá!

A poco estuvo de hundir el filo en su pecho, y lo habría conseguido, de no ser por la orden mágica que resonó en la alcoba:

-¡Congelado!

Comosu fue incapaz de moverse. Sirene aún le apuntaba con su varita.

-Yo puedo ayudarle –dijo la niña, a modo de presentación.

-No me gusta la magia –gruñó Dorna, al tiempo que avanzaba hacia la estudiante con la intención de echarla de sus aposentos.

-¡Pero conozco un hechizo que puede funcionar! Creo que puedo borrar la memoria del Rey. Así no recordará todo lo que ha hecho mal en el pasado… incluso se olvidará de cómo echó a su madre. Volverá a ser feliz.

Dorna enarcó una ceja. Había probado todo, y ningún procedimiento logró curar al heredero. No tenía nada que perder; al fin y al cabo, un niño llorón no le servía para gobernar Calamburia.

-Haz lo que quieras –resolvió, echándose a un lado.

sirene y petequia fantasma

Comosu, aún congelado, sólo pudo ver de reojo cómo Sirene se aproximaba a la cama, agitaba su varita, y pronunciaba las palabras de un antiguo hechizo. Un rayo verde alcanzó su frente, pero entonces sucedió algo con lo que nadie contaba: la C del elegido se iluminó, contrarrestando la magia que caía sobre ella. De alguna manera, el poder que palpitaba en el interior del joven creyó estar siendo atacado, y se defendió. El rayo verde cubrió a Comosu, otorgándole un extraño color fluorescente… pero sólo duró unos segundos. Después, el joven, volviendo a su estado febril, se quedó dormido.

-¿Qué ha pasado? –quiso saber Dorna- ¡Habla!

Sirene, muy pálida, se dio media vuelta para encarar a la Reina.

-Dime –habló Dorna- ¿Ha funcionado? Parece muy relajado.

-Pues… sí y no.

-¿Qué significa eso? –Dorna enseñó los dientes.

-Significa que el hechizo le ha borrado la memoria, pero sólo por hoy. El poder del Elegido es muy fuerte, no he podido luchar contra él. Comosu eliminará mi magia dentro de veinticuatro horas, y con ello volverá a recordar sus pesadillas.

Dorna se lanzó contra la estudiante y la aferró por las solapas de la camisa. Su primera intención fue la de golpearla, pero la detuvo un pensamiento más sensato. Ella había sido la única capaz de calmar al Rey. Ya era algo.

-Está bien. En ese caso permanecerás aquí, conmigo. Lanzarás a Comosu el mismo hechizo todos los días, y de este modo le borrarás la memoria con cada nuevo amanecer. Te lo ordeno.

La primera idea que le vino a Sirene acerca de Eme. ¿Quién le cuidaría entonces? Por suerte, acababa de estudiar un hechizo para crear duendes ayudantes. Conjuraría a dos de ellos. Así podrían ocuparse de que Eme no sufriera ningún accidente, mientras ella cuidaba a Comosu.

-De acuerdo, me quedaré aquí. Yo salvaré al Rey de Calamburia.

comosu c verde

61. EL VUELO DEL DRAGÓN

Las Cavernas del Inframundo se extendían por centenares de kilómetros bajo la tierra de Calamburia, como tortuosas venas de un ser vivo gigantesco. El viento ululaba triste y melancólico por los oscuros túneles y pasadizos. Pequeñas sombras huidizas se escurrían por los extremos más alejados de la visión para ocultarse en un refugio seguro.

Las gotas de agua caían de manera rítmica en la caverna más grande de todas, creando un discreto y privado concierto natural. Las estalactitas se erguían amenazantes, como los dientes de una bestia. Plic, plic, plic.

Inframundo paisaje 1

Pero otro sonido rítmico acompañaba el caer de las gotas. Era un sonido grave, profundo, como proveniente de un lejano tambor. Pum-pum, pum-pum.

Las paredes cubiertas de hongos musgosos fosforescentes iluminaban levemente un cuerpo imposible, gigantesco. Las escamas reflejaban un verdor enfermizo que llenaba la caverna de misteriosas sombras. Leves temblores prácticamente imperceptibles recorrían la descomunal figura, agazapada en la penumbra, marcando poderosos músculos de fuerza titánica.

El Dragón dormía, como lo había hecho durante miles de años. Soñaba con pasados primigenios, en la que la tierra le pertenecía, en la que los mortales eran su ganado y él su único señor.

Aún recordaba de cuando era un Dios.

Como una leve brisa, susurros empezaron a recorrer la caverna. Envolvieron la figura como un pesado sudario mientras crecían en intensidad. Se volvieron viento, huracán, tempestad. Las voces gritaban, se desgañitaban, gemían y suplicaban, pero en medio de todo ese caos, las voces acabaron por unirse al unísono y hablaron:

Soy Kashiri, la Emperatriz Tenebrosa – dijeron las voces – Ahora conozco el secreto de tu poder. Álzate Dragón, ¡destruye a mis enemigos y entrégame a Calamburia y el destino de todas las criaturas que moran en ella!

inframundo paisaje 2

Las voces estallaron en violentas carcajadas que empezaron a girar en una espiral enloquecida de viento y escoria y desaparecieron por los túneles.

Silencio. Y de repente, un fuego en la oscuridad. Una llama tan incandescentes como diez soles, ardientes como el mismo infierno. El Dragón había abierto un ojo.

Su monolítica figura empezó a estremecerse. Las garras se abrieron y asieron la piedra. Las alas correosas se extendieron lentamente por primera vez en milenios y una voz pronunciada por una garganta inhumana rugió como explosiones volcánicas.

-SOMETIDO DURANTE UNA ETERNIDAD…PRISIONERO…CONVICTO… ¿Y OSAIS DARME ORDENES MORTALES? – El leviatán agitó furioso su espinosa cola, destruyendo estalactitas por doquier- NO CONOCEIS EL ALCANCE DE MI PODER. ¡NI LA FURIA DE MI INFINITA VENGANZA!

El Dragón se abalanzó furiosamente contra la pared, destrozándola con sus poderosas extremidades, abriéndose paso violentamente a través de la tierra, trepando como un gigantesco y mortal parásito. Escupió fuego, vomitó lava, dio rienda suelta a su ira y con una tremenda explosión, surgió como una exhalación de las cavernas del Ojo de la Sierpe. Cruzó volando las cascadas, limpiando su cuerpo y dejando refulgir sus temibles escamas rojas a la luz del sol. Era como una brillante estrella, un temible meteorito dispuesto a destruir todo lo que estaba vivo. Sobrevoló Instantalor, destruyendo algunos edificios por su simple presencia al mover el aire. Tomó impulso en la torre del palacio de Ámbar y al pasar por el desierto de Al-Yavist, provocó estampidas masivas de caballos. Los patatas y Calamburienses trataban de buscar refugio de semejante sombra de destrucción y su terrible aliento de fuego, pero nadie estaba a salvo. El Dragón era el amo de los cielos y nada podía escapar de su mirada.

Satisfecho tras infundir un justo temor por todos sus dominios, el dragón volvió a las cascadas del Ojo de la Sierpe y posó su descomunal figura en lo alto de ellas, irguiendo su perfil hacia el cielo. El hogar de su enemigo ancestral: El Titán.

Pronto, muy pronto, todos conocerían la desesperación de nuevo. El amo y señor de Calamburia había vuelto a su hogar.

60.LO QUE HABITA EN…

…LAS PROFUNDIDADES

-¡Mi Rey! –llamó Olazir, el arpa temblaba en sus manos- Las hordas de Kashiri han atravesado los muros. ¡El palacio de Ámbar va a caer!

6

Comosu I había cambiado desde que ascendió al trono. De cara al público parecía un muchacho malcriado y orgulloso, pero en privado Comosu se mostraba extrañamente resolutivo. Era como si fuera otra persona. Sin embargo, sus decisiones, pese a realizarse de un modo consecuente y maduro, terminaban favoreciendo al bando de Kashiri. Casi todos ignoraban que Comosu era preso de una poderosa sugestión, que Kashiri le dominaba en sueños, y que le ordenaba planes que terminaran favoreciendo a su ejército del mal.

3

En este caso, Comosu había concentrado sus tropas contra el bando de los Rebeldes. Arishai y la Marquesa Zora peleaban con todas sus fuerzas intentando tumbar las barreras mágicas levantadas por Impromagos y Trovadores, pero por otro lado, el lado sur del Palacio de Ámbar se hallaba casi desprovisto de toda vigilancia. Allí Comosu no había dejado más que una pobre guardia capitaneada por los Eruditos quienes, enfrascados en sus múltiples diatribas, apenas se dieron cuenta de que el enemigo se les colaba.

El plan de Kashiri se había iniciado desde la misma coronación del Rey. Apenas hubo ascendido al trono, los mercenarios le inocularon un potente sedante. Entonces, la Emperatriz Tenebrosa rompió la barrera onírica y se adentró en sus sueños. A partir de entonces, era ella la que hablaba por su boca cuando Comosu dictaba cualquier mandato.

1

-Concentrad las fuerzas contra el ejército del Escorpión de Basalto –dijo el Rey-, los eruditos sabrán contener a Kashiri.

-¡Pero mi rey! –protestó Olazir.

Comosu detuvo sus palabras con un veloz movimiento de su mano.

-No te atrevas a cuestionar mis órdenes.

El trovador se alejó cabizbajo. Era evidente que presentía la derrota.

Seis horas de batalla después, el palacio cayó.

-Saludos, rey Comosu I –saludó Kashiri con sorna, cuando sus huestes atravesaron las puertas del salón del trono.

El rey aguardaba sentado junto a Dorna. Sólo la salvaje parecía molesta por la derrota. Ambas mujeres quedaron una junto a la otra, observándose. Kashiri, con una media sonrisa que evidenciaba su placer por el triunfo; Dorna, impertérrita, se negaba a mostrar debilidad.

-No mantendrás tu reinado durante mucho tiempo –amenazó la salvaje-. Los ciudadanos de Calamburia no lo permitirán.

-Sé que no lo permitirán –rió Kashiri-, pero mi plan no termina aquí. Me he asegurado un reinado de mil años, nadie podrá arrebatarme el trono. ¿Quieres saber cómo?

Señaló con su báculo a las puertas de la sala. Los Hijos del Dragón aguardaban allí. Eran tres.

Al momento, la tierra quedó cubierta por una sombra gigantesca. Un escalofrío reptó por la columna de los que se hallaban en palacio. Kashiri reía.

-¡Escuchad, mortales! –anunció, alzando su báculo- He hallado al Tercer Hijo del Dragón, Okura Rensin. Gracias a él, he despertado un verdadero dios. ¡Inclinaos ante el milenario Dragón de Calamburia!

2

Se escuchó un rugido tan poderoso, que los mismos muros se estremecieron. El Dragón sobrevolaba el palacio. Era monstruosamente grande, tanto como una montaña. Dio un par de pasadas y escupió una catarata de llamas y magma. Kilómetros de tierra quedaron incinerados en un segundo.

-¡El Dragón me obedece sólo a mí! –se carcajeó Kashiri-. Con él, nadie osará desafiar mi poder.

Volvió a reír y, con un brusco movimiento de su báculo, lanzó a Comosu fuera del trono. Fue entonces cuando el joven salió de su hipnosis, y comprendió cuánto se había parecido su reinado al que su padre Rodrigo mantuvo en el pasado.

-¡Fuera de mi palacio! –Kashiri agitó una mano, dirigiéndose a los que habían sido sus enemigos; sus huestes se encargaron de expulsarles.

En un momento, hombres y mujeres que se habían enfrentado en la Contienda de las Tres fuerzas se convirtieron en esclavos de un poder superior. Comosu y Dorna también se mezclaron como uno más entre el pueblo, dispuestos a un peregrinaje donde no alcanzara el poder del Dragón… algo que parecía imposible.

-¿Qué haremos ahora, mi señor? –preguntó Olazir, buscando el consejo del Rey, como había hecho durante la guerra, mientras un éxodo de miles de personas transitaba sin rumbo fijo.

-No lo sé –esta vez, Comosu respondía desde su propia sinceridad.

Fue entonces, cuando toda esperanza parecía perdida, que apareció alguien a quien nadie esperaba: Corugan.

4

El poderoso hechicero se mostró en lo alto de una colina, como si supiera que los peregrinos pasarían por allí. Cuando Dorna llegó hasta él, ilusionada y con muchas preguntas sobre cuál había sido su paradero, el salvaje pronunció una de sus frases ininteligibles.

-¿Qué ha dicho? –quiso saber Comosu.

-Que hay una forma de vencer al Dragón. Él la conoce, se la han revelado desde -dudó antes de continuar-… Desde el futuro.

-¿Desde el futuro?

-Ha viajado a un futuro en el que el Dragón ha devastado la tierra, pero sabe cómo evitarlo.

-¿Qué tenemos que hacer? –Comosu se aproximó al salvaje- Di lo que sea, cualquier cosa, y lo haremos.

Comosu formuló una sentencia y señaló al horizonte, en dirección hacia la arboleda de Catch – Unsum.

-El Titán –tradujo Dorna-. Dice que hay que despertar al Titán.

5

59. TODOS EN GUERRA

La Contienda de las Tres Fuerzas se hallaba en su momento álgido. Todo Calamburia, de punta a punta, se encontraba dividido en uno u otro bando. Nadie se había declarado neutral o ajeno al conflicto pues, ya fuera rico o miserable, cada ciudadano se sentía representado por uno de los tres líderes.

Skuchain era uno de los puntos fuertes. La batalla en la torre arcana no sólo se celebraba en los campos del exterior, donde los Impromagos cruzaban sus rayos de poder contra el ejército de las Marquesas.

impromagos marquesas calamburia - todos en guerra

De alguna forma, las cortesanas Beatrice y Anabella habían hallado la manera de colarse en el interior, y ahora peleaban planta a planta contra los Eruditos.

cortesanas eruditos calamburia - todos en guerra

No muy lejos de allí, el Escorpión de Basalto sufría la ira de los Zíngaros. Éstos habían encerrado a Jan Akavir en su mágico recipiente, lo cual había restado gran cantidad de poder a los Nómadas. No obstante, Arishai no se daba por vencido, y peleaba con la ayuda de los Hortelanos por cada duna, por cada planicie desolada, e incluso por cada grano de arena.

zingaros y nomadas con hortelano calamburia - todos en guerra

Los pícaros pugnaban por defender la arboleda de Catch-Un-Sum  de una horda de criaturas infernales, pues Kashiri la abrasaba constantemente con sus ejércitos. Todo parecía indicar que la arboleda caería pronto, pero justo cuando parecía aproximarse el momento de la rendición, Drawets, Laurencia y Banjuló ideaban una nueva y sorprendente estratagema que obligaba a que su enemigo se retirara.

guardianas picaros calamburia - todos en guerra

Pero era en la capital donde más cruentos resultaban los combates. Todos los ejércitos deseaban hacerse con el trono de Comosu I, e Instántalor era un punto clave para conseguir el triunfo en la guerra. Los soldados de la ciudad eran pocos, y aunque las trovas sanadoras de Artemis y Olazir conseguían recuperarles de sus heridas, iban perdiendo terreno.

trovadores y comosu calamburia - todos a la guerra

Así, los capellanes asistieron con desolación a la pérdida del Monasterio Cóncavo. Lograron contener a una marea de borrachines y hombres rudos de fonda, que trabajaban para la Taberna Dos Jarras a cambio un suministro de Sangre del Titán infinito. Sin embargo, no contaban con las trampas de los taberneros, quienes se colaron por la parte de atrás y tomaron la nave central. Invadidos en cada rincón y cada sala, Mitt y el hermano Irving van der List tuvieron que escapar del que había sido su hogar.

taberneros capellanes calamburia - todos en guerra

Lo cierto era que, aunque las tres fuerzas luchaban sin descanso, la Corona perdía terreno y, cada vez más, el Rey veía amenazada su permanencia. Lo que aún quedaba por resolver era quién de los otros dos bandos gobernaría Calamburia. ¿Sería al fin Kashiri? La Emperatriz Tenebrosa ya lo había intentado en otras ocasiones, pero siempre logró detenerla un poder superior. Ahora, sin embargo, parecía invencible… salvo por la presencia de la Rebelión.

¿Tal vez había llegado el momento de que el pueblo se alzase hasta las altas esferas? Zora von Vondra se frotaba las manos con la perspectiva. Ya se veía junto al trono de Calamburia, al lado de la futura reina Melindres. Seguro que a partir de entonces no tendría que hacer esfuerzos para casar a su hija.

kashiri zora y comosu

Lo que nadie sabía aún era el paradero de Corugán. ¿Qué había sucedido con él? ¿Por qué continuaba en paradero desconocido en unos instantes tan delicados? Ni siquiera cuando Dorna se hallaba arrinconada había dado señales de vida. A estas alturas sólo podía esperarse que hubiera muerto… o que un poder superior estuviera impidiendo su aparición.

Pronto, todo Calamburia volvería a saber de él.

corugan MAELSTROM IMPRO CALAMBUR MADRID