40. LA OTRA CALAMBURIA I

Si se le pregunta, cualquier calamburiano dirá, sin miedo a equivocarse, que Calamburia no hay más que una. Más allá de su continente con forma de C hay otros, sí, pero ninguna tierra se parece a aquella en la que ellos nacieron. Calamburia es única.

No obstante, existe una pareja que afirmaría con rotundidad la existencia de, al menos, dos reinos de Calamburia. Son los hermanos Flemer.

MAPA calamburiaLos Flemer, esos excéntricos eremitas que viven en el Faro Partido, han elaborado todo un relato sobre una realidad alternativa calamburiana. Para la mayoría, sus estudios no son más que una enorme fábula. ¿Universo alternativo? El calamburiano medio ni siquiera entiende lo que es eso, y para los que sí asumen tal concepto, el hecho de dos Calamburias es una locura. ¡Suficientes problemas hay ya con una sola realidad!

¿Pero están los Flemel en lo cierto? La verdad es que, de hecho, sí.

Los hermanos flermer inventoresLa otra Calamburia, esa realidad alternativa ubicada en un plano paralelo de no – existencia, es muy diferente al continente tal y como se le conoce. Se trata de un reino de terror y sufrimiento, en el que la malvada Zora von Vondra ha ascendido al trono como reina y señora. Zora gobierna bajo una crueldad extrema. Ha sometido a los hortelanos, prohibido las canciones y festejos, aplastado las disidencias y sometido a bárbaros y nómadas. Todos temen a su imperio, dominado por un ejército de fieles acólitos que la veneran como a una diosa.

Sin embargo, la desventaja más sangrante del reinado de Zora es la notable falta de recursos. Dado que los hortelanos son maltratados y mermados, no pueden ocuparse de las tierras todo lo bien que deberían, lo cual produce escasez. Por otro lado, Zora prefiere la conquista al comercio. No trata con mercaderes, ni con los navíos que llegan desde el extranjero. Cualquiera que no obedezca sus órdenes es su enemigo, lo cual le ha proporcionado muchas enemistades.

La Calamburia alternativa es una tierra hostil en la que zíngaros y e impromagos han sido perseguidos por escuadras inquisitoriales, sometidos, torturados y ejecutados. Ya no existe el Archimago, ni el patriarca Arnaldo. La Puerta del Este es una muralla llena de guardias que nada protege, pues los nómadas y los salvajes permanecen vigilados en diminutas reservas de terreno.

LA MARQUESA REINA DE TODO CALAMBURIAPuede que Zora von Vondra se sienta orgullosa del reino que gobierna, pero la verdad es que los pilares de su imperio se tambalean. Las revueltas por la comida se suceden en cada pueblo y ciudad grande, y ya se rumorea que han surgido varios grupos rebeldes formados por mercenarios, trovadores a los que se les ha prohibido cantar y mercaderes que no pueden ejercer su negocio. En este grupo rebelde también se encuentran los inventores, que luchan por que la inquisición no vete sus experimentos.

Y así, el grupo rebelde pelea por cambiar el mundo, por cambiar la realidad de las cosas… de forma literal.

Pocos saben que esta realidad alternativa fue la verdadera durante mucho tiempo, y que la Calamburia que conocemos hoy es el fruto de las luchas rebeldes sucedidas en aquel otro plano de existencia. ¿Cómo se logró un hecho tan extraordinario? Porque los inventores, ayudados por los demás insurrectos, elaboraron una máquina del tiempo capaz de alterar el curso del futuro.

Los detalles de esta historia se encuentran llenos de peligros, pero se sabe que al final tuvieron éxito. De otro modo, no viviríamos esta realidad más o menos confortable, sino otra muy distinta, ¿no es verdad? Calamburia - GRUPO ENTERO DOS GENERACIONES 2

Continuará…

…. La Otra Calamburia. Parte 2 (última)

39. 201 CANCIONES TROVADAS

-¡Llamad a los trovadores! –se escuchaba por todo el palacio de Ámbar- ¡Llamad a los trovadores, el rey Comosu solicita otra canción!

La noticia volaba por los pasillos, las cámaras, los establos y los jardines. Recorría el recinto amurallado y aún más allá.

-¡El rey Comosu solicita otra canción de los trovadores!

Y se extendía de boca en boca. Pasó a los cocineros y a los cocheros; a los limpiabotas, sastres, palafreneros, chambelanes y pajes. Todos repetían lo mismo, hasta que al fin, la noticia alcanzó los oídos de los trovadores.

Olazir y Artemis se hallaban, como de costumbre, paseando fuera de los límites del palacio, salvando una a una las suaves colinas que lo rodeaban. Les gustaba ir allí de cuando en cuando, pues el solaz de la brisa primaveral, el tacto del rocío en la hierba y los intrincados escorzos de los árboles les inspiraban nuevas melodías de amor.

sala ambar

-¡El Rey desea otra canción! –escucharon que traía el viento; y luego, más de cerca, les fue transmitido por uno de los jardineros.

-El rey Comosu quiere otra canción –les dijo con una reverencia.

-¡¿Otra más?! –Artemis reaccionó ofendido –Ni siquiera ha tenido tiempo de disfrutar la anterior.

-Hace sólo un día que declamamos frente a Su Majestad –señaló Olazir-. ¿Cómo es posible que ya desee otra?

El jardinero se encogió de hombros. Los dos trovadores suspiraron a un tiempo.

-Qué remedio nos queda sino volver a componer –dijo Artemis.

-¿Tienes algo en mente, compañero? –quiso saber Olazir.

-Algo podemos inventar, de camino quizás.

-Pues de camino inventemos, y a ver qué se nos viene a la cabeza.

Hasta el palacio no habrían ni doscientos metros, pero los dos trovadores más famosos de Calamburia no necesitaban más para componer una nueva canción. Cuando cruzaron las puertas ya estaban dando los toques finales a su obra, y apenas pisaron el salón del trono, Artemis rubricó el punto y final.

TROVADORES Y COMOSU

El rey Comosu esperaba con gesto de hastío, de supremo aburrimiento. No se sentaba en el trono, sino que más bien se dejaba caer. La corona le resbalaba a un lado de la cabeza, como si le estuviera grande, y las ropas le colgaban de modo descuidado, sin elegancia. A su alrededor danzaban media docena de saltimbanquis; otros tantos bufones hacían payasadas de todo tipo, pero ninguno captaba su atención. Sólo cuando vio a los trovadores, el Rey cambió su faz.

-¡Os he hecho llamar! –gritó, con aquel tono de niño mimado-. ¿Dónde os habéis metido!

-Componiendo, mi Rey –Artemis hizo una reverencia-. Y para componer es necesario salir al exterior, disfrutar de la vida y la naturaleza, y del amor… cuando hay oportunidad.

-¡Bobadas! –Comosu hizo un aspaviento- El exterior es aburrido. He vivido muchos años ahí fuera, no quiero volver a ver un árbol jamás. El palacio es mejor. Me conformo con los paisajes que vosotros podáis describirme. ¡Adelante, cantad!

Comenzaron los dos trovadores su última canción, pero apenas habían declamado los dos primeros versos, Comosu alzó la mano para que se detuvieran.

-No me gusta –dijo, arrugando el entrecejo.

Los dos trovadores se miraron antes de que Olazir dijera:

-¿No os place, Majestad?

-No, ese comienzo se parece a la canción que me compusisteis la semana pasada.

El Jilguero del Norte tragó saliva.

-Es… es frecuente valerse, de vez en cuando, de un recurso literario en toda canción. Algo que introduzca…

-¡Basta! –Comosu se levantó de un salto- No me interesan vuestras excusas. Quiero que cadacanción suene diferente a la anterior. Totalmente distinta, ¿comprendéis? Todo me aburre dentro de palacio. ¡Todo! Y no puedo permitir que me canse tanto como me cansaba el exterior. Ahora soy el Rey, y debo acostumbrarme a estas paredes. Así pues, debéis entretenerme con vuestra originalidad. Si falláis, ¿para qué os necesito? Tal vez sirváis para otros menesteres… no sé… puedo torturaros…

-¡No será necesario! –reaccionó Artemis- No hay problema, majestad. Tendrá una canción diferente; distinta del todo. Denos unos minutos.

-¡Minutos! Eso es demasiado tiempo. Contaré hasta diez, y para entonces tendréis una canción nueva para mí.

-Pero Majestad –se disculpó Olazir-. Componer una nueva trova en diez segundos es algo que…

-Es algo que podrán hacer los mejores artistas de Calamburia –cortó Comosu-. ¿verdad? No dudo de vuestra creatividad, de modo que comenzaré a contar. Uno….

Los dos trovadores se miraron.

-Dos…

-Doscientas canciones –susurró Olazir a su compañero-. Le hemos compuesto doscientas canciones al Rey. ¿Cómo hacer una que no se parezca a ninguna de ellas?

-Tal vez, si usamos los recursos de las primeras, no recuerde cómo estaba compuesta.

-Tres…

ARTEMIS_con su instrumento -¿Y arriesgarnos? –Olazir apretó los labios- Puede que el Rey no tenga demasiadas luces, pero no dudo de su crueldad. Si por casualidad la recuerda, estamos perdidos.

-¿Compondremos algo nuevo? ¿Desde el principio?

-Desde el principio. Nuevo del todo. En diez segundos.

-Cuatro…

-¡Nos quedan seis segundos, querrás decir! –declaró Artemis.

-¡Pues a ello!

Desenfundaron sus plumas, extendieron el pergamino y comenzaron a escribir, tachar y silabear.

-¡Siete…! –grito Comosu; le divertía tanta presión.

Los trovadores rimaban, buscaban sinónimos, antónimos y figuras retóricas.

-¡Nueve!

Afinaban instrumentos, aclaraban la garganta…

-¡Diez! ¡Cantad!

olacir con su arpa CY cantaron la canción más novedosa, animada, evocadora y deleitosa que se haya escuchado jamás. Cada verso parecía en sí mismo una composición única, y cada rima era más original que la anterior. Los recursos jamás se habían escuchado antes, ni la melodía que acompañaba la letra. Cuando finalizaron, no sólo el Rey tenía la boca abierta, sino los bufones y saltimbanquis que se habían pasado la mañana intentando entretenerle. Prorrumpieron todos en una estruendosa ovación; los dos trovadores respondieron con una elegante reverencia.

-Bravo –dijo Comosu-. Me habéis divertido. Mi enhorabuena. Podéis marchar… hasta mañana.

Olazir y Artemis se secaron el sudor de la frente, se despidieron con una genuflexión y abandonaron la cámara.

-Mañana querrá una composición nueva –el Jilguero del Norte señaló lo evidente-. No podremos continuar con este ritmo para siempre.

-Tal vez deberíamos plantearnos la huida.

-Jamás pensé que diría esto, compañero, pero tengo miedo de componer mi próxima canción trovada.

38. EL AMANTE OLVIDADO

-¡Una caja de música! –gritó Banjuló- ¿Eso es lo que has mangao del mercao, mujer? ¿Nada de más valor? ¿Nada con más chicha?

-Esto no es pa vender. ¿Tenteras? Esto es pa mí, pa mis cosas.ujaranza relato

Ujaranza atrajo la misteriosa caja de música hacia su pecho, como si temiera que su marido se la fuera a quitar y echarla al fuego.

Los dos mercaderes se hallaban en mitad del camino, al abrigo de una hoguera y con la espalda apoyada en su carromato. Los caballos pastaban junto a un árbol, y los dos perros que les servían para guardar sus pertenencias jugueteaban cerca. Sobre la hoguera, los dos mercaderes asaban una liebre raquítica. Así solían hacer cuentas todas las noches, durante los viajes, antes de dirigirse a la taberna Dos Jarras. A su alrededor se agrupaban bolsas de monedas, aparejos de labranza, joyas de poca importancia, prendas de vestir y otros objetos. El único objeto que desentonaba era aquella caja de música.

los mercaderes Ujaranza Banjulo Impro

-No se roba pa uno –dijo Banjuló, señalándose al pecho- Se roba pa los dos. Asín es como ha sio siempre.

-Calla ya, pesao. Pa una cosa que quiero mía, no me la vengas a quitar. Esta caja me gusta y sanseacabó.

-¿Pero qué tiene d´especial esa caja, a ver?

-Me trae recuerdos.

El mercader enarcó una ceja.

-¿Recuerdos? Pero si tú no recuerdas ná. Tienes pérdida de cabeza.

-Se dice “pérdida de memoria”, tarugo.

-¡Lo que sea!

Se produjo un silencio. El crepitar de las llamas ahogaba el canto de los grillos. Banjuló dio media vuelta al conejo de su cena.

-Pues sí –dijo Ujaranza al cabo de un rato-. Hay algo que hace que se me vengan cosas a la memoria.

Banjulo Reino de Calamburia ImproAcarició la caja como si ésta fuera a romperse. Paseó sus dedos por los bordes; cuando sus yemas acariciaron el cierre, no pudo evitar levantarlo. Alzó la tapa. En el interior no había nada, salvo una rueda dentada sobre la que se paseaban diferentes pelos de cobre. Aquel artilugio rudimentario producía una melodía singular. Era simple y, tal vez por eso, conseguía tocar el corazón con una confianza familiar. Casi parecía una canción de cuna, o una de esas melodías que todo el mundo parece tener en la cabeza. Era, sin duda alguna, agradable al oído; y tenía la magia de evocar instantes de felicidad.

Banjuló se sorprendió a sí mismo riendo. Ujaranza, en cambio, no apartaba la vista de aquella rueda con dientes, de su movimiento y de la música que salía de ella.

-Pues no suena mal esta cosa. A uno le dan ganas de reír – confesó el mercader.

Ella no dijo nada.

-Ujaranza –llamó, cansado de esperar-. ¿T´ocurre algo?

-Ná –ella hizo una mueca-. ¿Tú no recuerdas cosas cuando oyes esta música?

-Pues sí –reconoció el otro-. M´acuerdo de cuando era niño. Estaba estudiando pa ser erudito. Fíjate tú, y ahora no sepo ni escribir ni mi nombre bien. Eso sí, de matemáticas y cuentas y dineros me lo sepo todo. A mí no me engaña nadie, ¿A qué sí, Ujaranza?

-Sí…

-¿Y a ti qué se te recuerda?

-Cosas raras –ella torció el gesto-. Cosas que no recuerdo nunca jamás. Me viene a la cabeza un nosequé de un balcón. Yo estoy asomá, como si la casa fuera de mi propiedá. Y debajo mía hay un muchacho bien parecío que me canta… me canta esta canción. Justo esta.

Ujaranza Reino de Calamburia ImproA Banjuló se le encendió el rostro. Se puso en pie de un salto, y a punto estuvo de saltar la hoguera para caer sobre Ujaranza. Lo habría hecho de no ser porque se habría llevado el conejo por delante.

-¡Mecagüen…! ¡Un mozo cantándote! ¿Pa eso quieres tú la música? ¿Pa soñar con amoríos? Trae pa´ca la caja, que la echo al fuego ahora mismo.

Ujaranza se puso en pie, retrocedió un par de pasos, y abriendo los ojos como platos, señaló a su marido.

-Como t´atrevas, Banjuló el mercader, a tocar esta caja, te juro que te corto la virilidá y la vendo como pienso pa cerdos. No me pongas a prueba, ¿eh?

-¿Pero vas a estar soñando con mozos cantarines tol´rato?

-No, pero esta caja es importante. Me ayuda a recordar, que ya sabes que no me recuerdo nada desde hace tiempo y necesito saber muchas cosas. Respeta lo mío y yo respetaré…

Bajó el dedo, y señaló a la entrepierna de tu marido.

-… Y yo respetaré lo tuyo. ¿Estamos?

Banjuló tragó saliva. Había intentado imponerse, pero Uajaranza tenía mucho más carácter que él. Siempre había sido así. Desde luego, tenía los arrestos necesarios para transformarle en eunuco de la noche a la mañana. Volvió a sentarse, se cruzó de brazos y arrugó el rostro como un niño al que le hubieran quitado una chuchería.

-Venga, estamos… Pero no quiero ver esa caja más –dijo él.

-No la verás. Descuida, que no la verás.

0B. EL TIEMPO PERDIDO

Los días, en el tiempo pretérito, no eran tal y como hoy los conocemos. El sol y hasta el mismo cielo también eran jóvenes, de tal modo que, al amanecer, todo se teñía de un color púrpura. Las noches también eran más largas, pues aún no estaban definidas las horas que a cada momento debía asignársele.

Era aquella época la del reinado de los Hijos del Dragón; seres místicos llenos de sabiduría. Ellos poblaban una tierra de plantas y animales diferentes; incluso el aire que respiraban tenía distinto olor.

HIJOS_CARAS_IMPROVISACION_MADRIDTodo era como vivir en un sueño.

En aquel otro tiempo, antes de que alguien computara los días, los Hijos del Dragón intentaban comprender el universo. Su señor, la antigua sierpe, sólo demandaba alimento; a cambio, les revelaba algunos de los más valiosos secretos. La ciencia y la magia, juntas y unificadas, eran la base de toda su sabiduría.

Sí, en el pasado, lo imposible y lo reglado; lo matemático y lo entrópico, todo ello se mezclaba en un maremágnum burbujeante. Los Hijos del Dragón hallaron esta masa, la tocaron, la comprendieron y la asimilaron. El control de todas las cosas se encontraba a su disposición.

Nada podía prepararles para aquello que había de llegar.

Porque llegó el cambio. Otro ser diferente, un Titán que surgió desde otra esfera de existencia, cayó a la tierra de Calamburia y tomó conciencia en ella. Así dio origen a una nueva raza: los Salvajes.

Estos hombres y mujeres no eran muy distintos a los Hijos del Dragón. Su apariencia, al menos, resultaba casi idéntica. Había, sin embargo, una gran distancia en su forma de pensar y sus conocimientos. Mientras que los Hijos del Dragón sólo deseaban saber más, los Salvajes querían el dominio de la tierra. Así, cuando unos pidieron la paz, los otros respondieron con sangre y violencia.

La guerra se hizo inevitable.SALVAJES_CARAS_IMPROVISACION_CALAMBURIA

Los Hijos del Dragón jamás se habían enfrentado a nada semejante. Su vida nunca se expuso al peligro de muerte, ni les fue necesario emplear su poder para dañar a otro. Los Salvajes, en cambio, parecían nacidos para provocar dolor; y así, descendiendo de las montañas, aquellos seres generados por el Titán comenzaron a asaltar aldeas, pueblos y ciudades.

Los Hijos del Dragón tardaron en responder, pero cuando lo hicieron, descargaron una tormenta de hechizos, conjuros y sortilegios. Los Salvajes, supersticiosos por naturaleza, se escondieron con miedo… por un tiempo. Al poco decidieron que aquellas luces y haces eléctricos tampoco les detendrían. Sólo había que variar la estrategia.

Entonces centraron su atención en los Hortelanos. Aquellas pacíficas criaturas, más emparentadas con los vegetales que con los hombres, no se habían involucrado en ningún conflicto. Llevaban en la tierra mucho antes que las otras dos razas, pues fueron generados de forma espontánea por la misma Calamburia. No servían a dioses, ni a más fuerza que la de la propia naturaleza. Eran libres.

Los Salvajes asaltaron sus comarcas, pisotearon las cosechas y aplastaron a los pocos Hortelanos que les hicieron frente. Había seres – patata en gran número, pero los Salvajes estaban mejor organizados, de forma que, a pesar de la resistencia, no tardaron en someterlos. Después, con todos los Hortelanos de su lado, lanzaron el ataque final contra los Hijos del Dragón.

hortelanos reino de calamburia improÉstos no esperaban un contingente tan elevado de enemigos. Los Hortelanos apenas sabían luchar, pero eran tantos que no podía estimarse su número. Formaban una marea de hombres y mujeres rústicos, armados con horcas y rastrillos. Los Hijos del Dragón acabaron con millones de ellos; su magia los arrasó casi por completo, pero el proceso les dejó agotados. Así, cuando los Salvajes aparecieron en el horizonte, se vieron débiles para pararles… y fueron vencidos.

Su derrota les condujo al exilio. Se refugiaron bajo tierra, cerca de la morada de su dios, en completa oscuridad.

Allí han vivido hasta hoy, cuando el Titán, de forma sorprendente, les ha entregado una participación para el Torneo. Hay quien dice que el Titán desea darles una oportunidad; otros argumentan que lo que desea es atraer su fidelidad, para asestar el golpe definitivo al Dragón. Nadie puede asegurar qué le ha movido a querer que participen; lo que sí está claro es que los Hijos del Dragón y los Salvajes volverán a enfrentarse, y que este nuevo encuentro podría desembocar en una guerra… quizás la última entre estas dos razas.