71. EL SECRETO DE LOS ARCHIMAGOS II

En un abrir y cerrar de ojos, una de las pequeñas salas de Eskuchaín se convirtió en la antesala al inframundo. Lo único que se interponía entre tanto caos eran dos pequeños duendes y un aterrorizado y cobarde Impromago.

– ¡Impromago! Nos vemos las caras de nuevo, tal y como predijeron las cartas – se regodeó Kálaba.

– Pero… ¿Cómo habéis cruzado las barreras mágicas de la Torre? ¡Son impenetrables, Sirene las revisa cada poco tiempo!

-Hemos detectado un cambio en las defensas. No sabemos qué lo ha provocado, pero hemos detectado un agujero en el campo de magia que protege esta torre. ¡Ahora nada impedirá nuestra venganza!

Las figuras del semicírculo estallaron en múltiples risotadas atronadoras, sin el menor ápice de alegría en ellas.

– Oye Eneris, ¿tú crees que ese cristal tan brillante en lo alto de la torre tiene algo que ver?

– No lo sé, Seneri. Déjame que lo saque –masculló el Duende, rebuscando en sus bolsillos- ¡Ah! Pues no, brilla como siempre. ¡Guau…!

Los dos Duendes se quedaron embobados mirando una pequeña gema que flotaba sobre sus manos, rodeada de luces multicolores.

– ¿Pero qué habéis hecho? ¡Locos! ¡Esa es la piedra que genera el campo de magia de Eskuchain! – exclamó con voz aguda Eme, presa del pánico- ¡Nos habéis condenado!

-¡Jo!, no será para tanto –dijo Eneris con voz quejumbrosa –. Y es tan brillante y bonito… ¡Estaba abandonada ahí arriba!

– ¡No! ¡Nos protegía de cosas como ésta!

– ¡Basta de balbuceos! Es hora de descubrir todos vuestros secretos. ¡Adonis! Da uso a tus poderes telepáticos. Yo me encargo de estos insectos.

Kálaba empezó a entonar un cantico en una lengua extraña. Una mano invisible apartó a ambos Duendes de un plumazo, lanzándolos contra una estantería llena de libros. Adonis, sin perder su inquietante sonrisa, se abalanzó sobre Eme y le sujetó la cabeza con las manos.

– Me… perteneces –le susurró con una sonrisa maniaca.

ADONIS + EME

Eme se arqueó con un grito mudo y empezó a temblar. El Zíngaro abrió los ojos de sorpresa y apretó con más fuerza las manos. Tras unos segundos, soltó a su víctima, dejando que se derrumbase en el suelo.

– Kálaba… los antiguos relatos de los Zíngaros decían la verdad. Las canciones que se cantan en la oscuridad del bosque a la luz de la hoguera son ciertas: las Brujas existen. Y sé cómo traerlas aquí. Sólo necesito… un espejo.

–  ¡Por fin! ¿A qué esperáis, atajo de gandules? ¡Rápido!

El resto de Zíngaros empezaron a rebuscar por toda la biblioteca. Finalmente, trajeron arrastrando entre gruñidos y sudores un enorme espejo al centro de la sala.

– Muy bien, pequeño Impromago. Es hora de que afrontes tu reflejo. ¡Y tu destino ¡

Adonis, agarrándole la cabeza de nuevo, le obligó a mirar fijamente el espejo. Eme contempló aterrorizado su propia figura temblorosa. Trató de apartarse, pero las manos del Zíngaro eran como cepos implacables. Éste comenzó a salmodiar en una lengua oscura y prohibida, que mezclaba sus antiguas habilidades de Portero de Calamburia con la más peligrosa de las magias negras.

– Hijas de la Oscuridad…embajadoras del Vacio…hermanas del Archimago más poderoso que ha hollado esta tierra…caricia de ortigas y señora de los cuervos… ¡Yo os convoco! ¡Defendra! ¡Aurobinda!

Nada ocurrió durante unos tensos instantes. Sólo se escuchaba el jadeo desesperado de Eme. Hasta que, de pronto, unas terribles y malignas carcajadas resonaron por toda la torre. La superficie del espejo se tornó líquida, como si se tratase de un fétido y oscuro mejunje de lo más profundo del pantano. Las risas aumentaron de nivel y se tornaron histéricas. Dos formas empezaron a atravesar el espejo mediante espasmódicos movimientos, tratando de romper la pegajosa superficie. De pronto, como si se hubiese tratado de una enfermiza pompa de jabón, ésta se rasgó y dio paso a dos figuras envueltas en capas de color rojo y verde.

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– ¡Ah! El dulce olor de la libertad –dijo Defendra.

– Si, hermana. El olor a cosas que aún no han sido mancilladas…y rotas – afirmó Aurobinda, mirando a su alrededor con avidez.

Kálaba dio un paso hacia delante, abriendo los brazos para acoger a sus invitadas.

– ¡Hermanas de la magia oscura! Os doy la bienvenida. Me llamo Kálaba.

–Saludos, Kálaba -dijo muy ufana Defendra, y luego, señalando a Eme, añadió –pero mira qué tenemos aquí. ¿Un cachorro de Theodus? Reconozco nuestra marca arcana, hermana…

Eme se encogió mientras murmuraba el nombre de Sirene, tetanizado por el miedo. De pronto, de un montón de libros de la sala surgieron un centenar de chispas. Con una explosión de fuegos artificiales, los dos Duendes dieron una enorme pirueta cruzando de un lado a otro, derribando un par de Zíngaros por el camino.

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– ¡Cuando la oscuridad acecha a nuestro amigo…!- dijo Eneris

– ¡Es cuando más fuerte pegamos al enemigo! –concluyó Seneri

Al aterrizar, ambos tomaron una pose triunfadora junto al Impromago.

– Deliciosos. Huelen a magia blanca. ¿Se podrán comer, hermana? – preguntó ávidamente Aurobinda.

– Probablemente sí. Y decidme, pequeñuelos. ¿Qué pensáis hacernos exactamente? – agregó con fingida inocencia Defendra.

Ambos Duendes miraron a su alrededor, fijándose en cada detalle de la habitación. Y rascándose la cabeza, respondieron:

– ¡Eme os vencerá! – Exclamaron ambos a la vez.

Todas las miradas se giraron para mirar al joven Impromago. Con una voz temblorosa contestó:

-¿Eh? ¿Yo?

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VII COMBATE – III TORNEO DE IMPROVISACIÓN DE CALAMBURIA

III TORNEO VIER 12AGOweb

 

El próximo Viernes 12 de Agosto a las 00.15 en La Escalera de Jacob ocurrirá el VII Combate del III Torneo de Improvisación del Reino de Calamburia   ¿Quiénes serán los elegidos por el público?  ¿Cuál de las parejas conseguirá más logros para ganar la Esencia de la Divinidad?


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LA ESCALERA DE JACOB

70. EL SECRETO DE LOS ARCHIMAGOS I

Para muchos habitantes de Calamburia, la Torre de Scuchain es un símbolo de rectitud, un faro que ilumina el mundo en medio de la tormenta de los últimos acontecimientos. En todo momento de flaqueza, los habitantes levantan su mirada, miran hacia el horizonte y respiran aliviados al ver que la gigantesca torre sigue irguiéndose poderosa y eterna.

Sus pasillos, decorados exquisitamente por generaciones de magos, se convierten en un laberinto de encrucijadas que llevan todas ellas a diferentes bibliotecas, diferentes áreas del saber. El aire rezuma conocimiento, paz y magia.

Casi siempre.

– ¡Volved aquí, pillastres! ¡En nombre del Titán! – gritó una voz profunda.

Unas risitas agudas fueron la única respuesta, mientras dos sombras recorrían el pasillo como una exhalación. A su paso, las antorchas titilaban y desprendían chispas multicolores.

– ¡Nos va a pillar, Seneri! – jadeó la pequeña duende, sujetándose su enorme sombrero con una mano.

– ¡No pensé que ese viejo corriese tanto, Eneris! – le contestó entre risas su alto y desgarbado compañero, sujetándose también el sombrero como podía – Tendremos que entrar en una de las habitaciones… ¡Ahí!

Como uno solo, ambos duendes atravesaron la puerta en una explosión de ruido y luces multicolores, rompiendo la quietud de la sala. Se trataba de una de las infinitas habitaciones rellenas de libros que componían el centro de la torre, todos amontonados pulcramente en antiquísimas estanterías de madera, que se alzaban hasta la oscuridad insondable del techo.

Los dos duendes se parapetaron detrás de dos enormes sillas, con los sombreros asomando por encima de ellas. Acto seguido, una larga sombra se proyectó sobre las sillas y la voz de Irving van der List resonó por la habitación.

DUENDES E IRVING

– Vosotros… ¡Diablillos! ¡Semilla del Leviatán! ¡Servidores de lo Oscuro! ¡Pequeñas… pequeñas sanguijuelas! ¿Cómo os atrevéis a robar la capa de un Capellán?

Una voz aflautada respondió desde detrás de una silla.

– Pensábamos que era un trapo sucio sin la menor importancia… -dijo Eneris con voz inocente.

– ¿Un trapo? ¡Pequeños insolentes! ¡La túnica de un Capellán es un símbolo de su poder y…! – empezó a articular furioso el Capellán.

– Vale, vale – interrumpió Seneri –. Aquí tiene su capa, oh gran Capellán.

Una pequeña mano se asomó por detrás de la silla, tendiendo la preciada capa de tela roja hacia su legítimo propietario. Con gesto altivo, Irving fue a coger la capa, pero cuando la rozó con sus dedos, estalló en una nube de minúsculos fuegos artificiales, provocando un agudo y ridículo grito en el Capellán.

– ¿Cómo osáis? – espetó indignado entre las carcajadas  de los duendes – ¡Haré que os cuelguen por esto!

El Capellán se vio de nuevo interrumpido por un ronquido colosal, que provenía de un montón de libros en una mesa al fondo de la sala. Como uno solo, los duendes se dirigieron hacia allá entre brincos y alegres carcajadas.

– ¡Eme! ¡Eme! ¡Socorro, nos atacan! –gritaron al unísono mientras caían sobre la pila de libros.

Los libros se derrumbaron sobre la figura dormida entre ellos y lo hundieron en un mar de papeles y de tomos viejos. Entre gritos y gemidos, el joven ImproMago consiguió sacar la cabeza de entre el destrozo provocado.

– ¡Seneri!, ¡Eneris! ¡Estaba estudiando, maldita sea! –espetó enfadado.

DUENDES Y EME

– ¡Eme estaba durmiendo, Eme estaba durmiendo! –canturreó Seneri, dando saltos alrededor suyo– Oh, oh… ya no me acordaba de este.

El Capellán estaba erguido frente a ellos, irradiando una furia muy mal contenida. De un golpe seco, arrebató la verdadera capa de los brazos de Eneris, el cual puso su cara más inocente.

– ¡ImproMago! ¡Es una vergüenza que no tengas control sobre tus propias creaciones – le recriminó, a la par que ambos duendes se escondían detrás de Eme, mientras le hacían silenciosas burlas con la lengua.

– ¡No los he creado yo! ¡Ni siquiera quiero que estén aquí! Los ha creado Sirene y…

– ¡Silencio! He venido en nombre del rey Comosu para profundizar sobre la leyenda del Elegido y tratar de entender sus Dones. ¡Se enterará de esto, y habrá repercusiones!

Indignado, el Capellán se dio la vuelta e inició su paso iracundo hasta la puerta, desapareciendo por el pasillo con un fuerte golpeteo de sus zapatos.

– Ay ay ay, se acercan más regañinas – gimió Eme sujetándose la cabeza – ¡Yo sólo quería dormir!

Volvió a sentarse en la silla con un gran suspiro, provocando el atronador sonido de una pedorreta. Las carcajadas de los dos duendes retumbaron por toda la sala.

– ¡Basta ya! ¡Tenéis que cuidarme, no reíros de mí! – exclamó indignado, retirando la vejiga de cerdo deshinchada de su silla.

– Eso hacemos, Eme. Pero es muy… – empezó Seneri dando una pirueta.

– ¡Aburrido! –terminó Eneris – Además, veníamos a decirte que era la hora de comer.

Eme refunfuñó por lo bajo al notar que, efectivamente, sus tripas estaban rugiendo y no se había dado cuenta si quiera. Quizás sí los necesitaba, a pesar de sus diabluras.

De repente, un fuerte viento rugió en la sala, moviendo hojas y tirando libros de las estanterías. La puerta se cerró con un estruendoso portazo, mientras las velas titilaban y se apagaban una a una.

– Pero… ¿Qué ocurre? –balbuceó Eme.

– ¡Corre, bajo la mesa! ¡Deprisa! – le apremió nervioso Eneris.

Los dos duendes se plantaron valientemente delante de la mesa mientras ambos gorros empezaron a brillar tenuemente, iluminando de manera fantasmagórica la sala con colores azules y verdes. Frente a ellos, una enorme brecha pareció sesgar el tejido de la realidad y se abrió un feo agujero en el aire que rezumaba rayos de roja energía. Del agujero fueron emergiendo oscuras formas  que formaron un semicírculo alrededor de la sala, dando paso a las dos últimas figuras que cruzaron el portal, permitiendo que este se cerrase con un desagradable sonido orgánico de succión.

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Kálaba, la Zíngara más poderosa de todo Calamburia se giró hacia su acompañante Adonis, el nuevo integrante del clan de los Zíngaros. Bajo la mirada atenta del semicírculo de oscuras formas, Adonis sacó una plateada esfera de su zurrón mirando ávidamente hacia los duendes con una sonrisa.

– Oh oh – empezó Seneri –. Me parece que…

– Nos hemos metido en un buen lío – concluyó quejumbrosamente Eneris.

VI COMBATE – III TORNEO DE IMPROVISACIÓN DE CALAMBURIA

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El próximo Viernes 5 de Agosto a las 00.15 en La Escalera de Jacob ocurrirá el VI Combate del III Torneo de Improvisación del Reino de Calamburia   ¿Quiénes serán los elegidos por el público?  ¿Cuál de las parejas conseguirá más logros para ganar la Esencia de la Divinidad?


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