76. LA APACIBLE VIDA DEL CORSARIO

Efraín, el temible Ladrón de Barlovento, añoraba tiempos pasados donde todo era más sencillo. Recordaba con nostalgia las cálidas mañanas en la cocina de su madre, al calor de los fogones. Aún podía oler el delicioso aroma del pulpo recién pescado cociéndose a fuego lento en la cazuela. Aquél era su plato favorito; el día en el que comían algo más que sopa con repollo.

Mientras esos recuerdos asaltaban la periferia de su consciencia, Efraín decidió que no iba a volver a probar pulpo en su vida. Forcejeando y luchando por respirar, terminó de cargar su enorme trabuco y buscó su encendedor, atrapado en algunas de las gigantescas ventosas que se esforzaban por aplastarlo como un vulgar mosquito. Las chispas del encendedor saltaron, mientras el monstruoso tentáculo que le rodeaba seguía constriñéndole más y más fuerte, zarandeándolo en el aire. Profirió toda clase de insultos a cada cual más colorido, la mecha finalmente prendió y aplicó el trabucó contra la piel viscosa de la criatura. Con un terrible grito, apretó el gatillo y una nube de pólvora y escoria atravesó el miembro gelatinoso, esparciendo icor y fluidos por todas partes. El tentáculo perdió fuerza mientras se agitaba lastimosamente y soltó a su presa, haciéndole caer un par de metros sobre la borda, como un fardo.

efrain tentaculo

Mientras se incorporaba, notando cada uno de sus años en sus molidos huesos, Efraín Jacobs contempló su barco, su tripulación y su mala suerte. Decenas de marineros corrían como hormigas por toda la superficie del navío, tratando de repeler los descomunales tentáculos que se agitaban sin control. Ante sus ojos presenció cómo dos de ellos estiraban a un pobre grumete, partiéndolo en dos entre alaridos de terror.

Desenfundó su sable y se ensañó con el tentáculo más cercano, hasta que este se desplomó entre espasmos. Después se subió encima y gritó a su tripulación:

– ¡Vamos, marineros de agua dulce! ¡Holgazanes! ¡Sólo es un calamar grande! ¡Dejad de remolonear y deshaceos de ese monstruo!

Un marinero pasó volando por encima de su cabeza, gritando despavorido. La cara de Efraín pasó a un color rojo encendido.

– ¡Maldita sea, panda de mamelucos! ¡Por las barbas del Archimago, voy a bajar yo mismo a patearos el trasero si no dejáis de comportaros como cortesanas y acabáis con esa criatura ya!

Los marineros lo observaron temerosos y redoblaron esfuerzos contra los amenazantes tentáculos. Una cosa era enfrentarse a una terrible criatura venida de las profundidades insondables, y otra encarar la furia de un Jacobs.

El contraataque de la tripulación pareció dar resultado, ya que todos los tentáculos se retiraron velozmente al agua. La tripulación lanzó vítores al aire, palmeándose las espaldas y chocando espadas. Pero un antinatural chirrido interrumpió las celebraciones y les obligó a taparse las orejas. Frente a la proa, una gigantesca masa de agua empezó a emerger hasta cobrar la forma de una visión de pesadilla. Los tentáculos volvieron a emerger con toda su fuerza del agua y amarraron al barco por los costados, atrayendo el navío hacia la gigantesca criatura. Entre la masa informe del monstruo, y debajo de un descomunal ojo prehistórico, se abrían unas fauces que podían engullir el barco entero, erizadas de deformes y afilados dientes que se perdían en la oscuridad.

– Por las pelotas del Dragón… – susurró boquiabierto el Capitán.

Mientras la criatura atraía el barco hacia sus fauces, los marineros corrieron despavoridos hacia el otro lado o saltaron al agua para intentar salvar su vida. El chirrido del monstruo era enloquecedor, y prometía una muerte segura y horripilante. Efraín corrió por la cada vez más inclinada pendiente del barco, se encaramó al timón y lo sujetó vigorosamente. Si su barco se iba a pique, y él lo acompañaría hasta el mismísimo inframundo.

luchando kraken

De pronto, la voz de una niña atravesó el caos y la locura.

– ¡Mira mamá! ¡Voy a matar un pulpo feo!

El Capitán Jacobs alzó la mirada para observar la figura que mantenía el equilibrio sobre la verga mayor. Se trataba de su sobrina Mairim, que se tambaleaba entre risas con un muñeco de palos en una mano y un arpón de aspecto peligroso en la otra.

– ¡Baja de ahí insensata!

– ¡Tío! ¡Estás ahí! ¡Mira, voy a enseñarle a mamá cómo mato cosas!

Agitando el muñeco en una mano, lo enganchó a su cinturón de cuero para poder aguantar el equilibrio y coger el arpón con las dos manos. Miró hacia abajo, y la gigantesca pupila de la criatura le devolvió la mirada. Soltando una risita, dio un pequeño salto y cayó en picado hacia la criatura empuñando fuertemente el arpón.

Ante la mirada incrédula de Efraín, el tiempo pareció fluir espeso como la miel. Boquiabierto, observó como la marca del Titán en el pecho de su sobrina brillaba, y se rodeaba por un aura que irradiaba poder. Mientras caía directa hacia el monstruo entre histéricas carcajadas, su cuerpo relució hasta asemejarse a un cometa incandescente. Y de pronto, el tiempo volvió a la normalidad y la joven, envuelta en un halo de poder, cayó contra el ojo de la criatura y lo atravesó de parte a parte. Sus tentáculos se agitaron en el aire entre espasmos y su chirrido se convirtió en un rugido de dolor, que dio paso a terribles estertores gorgoteantes. Poco a poco, su figura se fue hundiendo en el mar, entre olas de espuma y marineros desesperados, dejando un vago recuerdo de su presencia.

pirata elena

Efraín se encaramó a la borda, mirando desesperado al agua. Su duro corazón de pirata, ya casi un muñón de cicatrices y golpes, se encogió ante emociones que el aguerrido corsario ignoraba tener, hasta que al fin, suspiró de alivio al ver a una familiar cabeza salir del agua y escupir salitre entre risas.

– ¡Oh, que divertido! ¡Otra, otra, otra, otra!

Mientras Mairim trepaba entre brincos por la soga del ancla del barco, el Capitán Jacobs se preguntó en qué momento había decidido cuidar de aquella niña. Al principio le había parecido una buena idea aliarse con la desterrada reina Petequia para poder apropiarse del trono, usando a su hija para ello, pero no contaba con que se iba a encariñar de la niña. Tampoco con su incontrolable poder mágico, que le había hecho crecer antinaturalmente todos estos meses hasta convertirse en toda una mujer. Eso sí, una mujer un tanto… especial.

– ¡Hoy quiero cenar pulpo! A mamá le gusta mucho, ¿Verdad? – preguntó saltando por la borda del barco al muñeco de palos que sujetaba entre las manos.

– ¡Podrías haber muerto! ¡Y mañana es la final del Torneo, donde vamos a jugarnos nuestro futuro!

– Bah, si no ha sido nada. ¡Ha sido divertido! – exclamó la muchacha, mientras daba vueltas alrededor del palo mayor del barco.

Efraín se pasó la mano por la cara, frustrado. Quizás lo que sentía no era cariño, sino ganas de estrangularla.

– Vamos a repasarlo detenidamente. Si ganamos y bebemos la esencia, ¿Qué vamos a decir?- preguntó en tono paciente.

-¡Quiero el Trono de Ámbar! Me gusta el ámbar, es amarillo y tiene cosas dentro.

– ¡NO! ¡Lo queremos todo, no solo el trono! ¡Queremos todo el reino! ¡Es mi… digo, nuestro reino! Tenemos sangre real en las venas, nunca lo olvides -sentenció frustrado.

– Bueno, lo que sea. ¡Vamos a arriar las velas, que quiero llegar a Instántalor!- dijo entre gritos mientras daba brincos, ayudando a marineros supervivientes a levantarse.

El Ladrón de Barlovento contempló las aguas tranquilas del mar. Olisqueó su ropa y contuvo una arcada por el apestoso olor a pulpo. Acto seguido, soltó un enorme escupitajo al mar.

Como si eso fuese a arreglar todos sus problemas…

CORSARIOS Y BARCO PIRATA NOCHE

LA GRAN FINAL – III TORNEO DE IMPROVISACIÓN DE CALAMBURIA

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El próximo Viernes 30 de Septiembre a las 00.15 en La Escalera de Jacob ocurrirán la gran Final del III Torneo de Improvisación del Reino de Calamburia   ¿Quiénes serán los elegidos por el público?  ¿Cuál de las parejas conseguirá más logros para ganar la Esencia de la Divinidad?


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LA ESCALERA DE JACOB

75. EL NOMBRE QUE SUSURRA EL VIENTO

Los atardeceres en Calamburia son dignos de ser observados. Algunos dicen que se trata del dorado resplandor del Titán, que abraza la tierra antes de sumirse en un profundo sueño.

Templo caelumPero ningún mortal ha visto jamás la auténtica belleza de un atardecer desde Caelum, la sagrada ciudad de los seres del aire. Sus intrincadas columnatas y sus orgullosos templos se alzan por doquier, con un blanco brillante y prístino que hace palidecer las propias nubes. Nadie sabe cómo se sostiene esa ciudad en el aire, pero quizás sea porque los Aiseos, sus moradores, así lo desean.

No era un atardecer cualquiera. Una multitud de seres etéreos se congregaba en el Cónclave, núcleo político de la ciudad, donde el Consejo de Sabios tomaba sus decisiones. Un murmullo silencioso recorría los asistentes, mientras los más ancianos del Consejo mesaban sus barbas con nerviosismo. La razón de todo ello se encontraba en una joven menuda, que se erguía en medio del Cónclave.

familia aisea

– ¡Mi hermana sigue viva! ¡La he escuchado! – suplicó Galerna- ¡He escuchado a Brisa, sus gritos de ayuda han sido transportados por el aire!

– Galerna, sabes que es imposible – trató de convencerla uno de los nerviosos Sabios-. Llevas demasiado tiempo obsesionada con la muerte de tu hermana. Su amor por Sirocco fue demasiado fuerte.

– ¡Al Inframundo con Sirocco! Siempre fue un egoísta, nunca le preocupó su amor. ¡No soportaba estar solo para siempre! ¡Que el Leviatán se lo lleve! – espetó pisoteando el suelo con furia.

Los murmullos subieron de tono. Nadie había osado levantar la voz al Consejo, y menos con nombres prohibidos. Antes de que la discusión fuese a más, una persona intervino:

– Por favor, grandes Sabios. Por favor. Apiadaos de la congoja de mi hija- dijo el solemne Boreas, padre de Brisa y Galerna-. Aún llora la muerte de su hermana.

brisa lloraTrató de retirarla gentilmente pero ella se zafó, enojada.

– ¡Dejad de tratarme como si fuese un soplo de verano! He cabalgado mis primeras tormentas, he cazado rayos más allá del horizonte y además… ¡He sido elegida por el Titán!

Los murmullos se convirtieron en gritos de apoyo y consternación. Todos sabían que los Aiseos habían sido siempre los favoritos del Titán, y que eran elegidos para participar en el Torneo desde el principio de los tiempos, pero existía una prohibición de no volver a pisar la tierra de Calamburia. Y todo por la locura de Sirocco.

– Joven, es una falta de respeto que uses el nombre del Titán de esa forma. Es un gran honor, pero los tiempos son peligrosos para los Aiseos. Ya no podemos bajar con los mortales.

– ¿Ah sí? ¿Y si tenemos una prueba de que mi hermana sigue viva? ¡Exijo que usemos la Comunión Astral!

Los murmullos cesaron de repente.

– Hace… hace generaciones que no se intenta algo semejante –advirtió el portavoz de los Sabios-. Si perdemos el control destruiremos cuanto existe en los cielos.

– Somos una raza eterna. ¡Somos inmortales! Y nos refugiamos en las nubes, como un gélido y cobarde viento que se cuela entre las rendijas. ¿Es eso lo que queréis ser?

Los murmullos volvieron a cobrar brío. Pero esta vez con una energía diferente. Había un brillo especial en los ojos de los Aiseos. Siglos de apatía, una eternidad de monotonía que iba a ser rota por el genio de una joven y el amor por su hermana. Tras unos instantes, el Sabio más anciano, que aún no había tomado la palabra, se incorporó trabajosamente. Su voz llegó de manera clara y nítida a todos los Seres del Aire.

– Portas bien tu nombre, Galerna. Quizás eres el soplo de aire que necesitaban las alas de este viejo pueblo en decadencia. Sea pues. Buscaremos a tu hermana usando la Comunión Astral, aunque sea lo último que hagamos.

Aiseos en el inframundo

Los ancianos se pusieron de pie y empezaron a entonar una serie de misteriosos cánticos. Poco a poco, cada uno de los Aiseos empezó a unirse a la canción, entretejiendo cada voz en un intrincado coro de una complejidad casi imposible. Boreas miró apenado a su hija y se unió a las voces de su pueblo. La última voz en unirse fue Galerna, con una determinación sin límites y con un brillo furioso en su mirada.

La conciencia de todo un pueblo se lanzó a volar en forma de música. Recorrieron las nubes, jugaron entre bandadas de pájaros. Bajaron en picado hacia Instántalor, animando a la gente a cantar, bailar y beber, para alegría de ciertos Taberneros. El viento entremezclado con música de voces eternas recorrió bosques, planicies y montañas. Los salvajes olfatearon el aire con nerviosismo, los nómadas azuzaron a sus camellos a su paso y una pareja de Trovadores encontró la inspiración para terminar un complejo poema.

Pero el hálito musical era incansable, y buscó por cada recoveco del reino, hasta que se adentró en el Ojo de la Sierpe. Allí, se encontró una barrera infranqueable de energía maligna y las voces no pudieron seguir. La Emperatriz Tenebrosa, dueña del Inframundo, había entretejido bien su magia, pero no contaba con una cosa: el poder del viento no se puede detener.

El fuerte soplo prosiguió solo, adentrándose más y más por las oscuras y malignas cavernas del Inframundo, hasta que cruzando recovecos y pasadizos olvidados, llego a los oídos de una solitaria joven. Sus ojos recobraron el color durante unos segundos, y exhaló un suspiro de alegría mientras se le empañaban los ojos. Acto seguido los cerró fuertemente y al abrirlos, volvieron a ser negros.

VENTISCA EN EL INFRAMUNDO

Pero con eso fue suficiente. La suave brisa recogió el aliento, y recorrió de vuelta cavernas y túneles hasta encontrarse con las voces de nuevo. El coro celestial aumentó hasta niveles insospechados, subiendo como un cometa en el cielo, directo hacia la brillante ciudad de Caelum.

Las voces fueron callándose poco a poco, hasta que el silencio ocupó todo el Cónclave. Solo unos sollozos interrumpían: se trataba del llanto de alegría de Galerna.

– Mi hermana… ¡Sabía que la había escuchado! ¡Está viva! ¡Viva!- gritó mientras se dejaba caer al suelo.

Bóreas, amo y señor de los gélidos vientos del norte, anduvo hacia el centro del conclave. Su cuerpo empezó a ser recorrido por una energía estática descontrolada. Su corona empezó a despedir leves chispas de energía pura.

– Hemos sentido el miedo. Hemos sentido la mortalidad. Hemos abrazado la mentira para vivir en la paz y el desconocimiento. ¡Yo mismo he sido cegado por la pérdida y el dolor!

galerna

El sol ya desaparecía por el horizonte; las nubes empezaron a arremolinarse oscuras y peligrosas por encima del Cónclave.

– Casi desoímos la llamada del Titán, nuestro Dios, por el miedo… por el peso de la tradición. ¡Pero nunca más volveremos a sentir miedo por nuestra inmortalidad!

Los truenos empezaron a resonar como rugidos atronadores. Un viento desgarrador agitó túnicas y vestidos. Copos de nieve revolotearon en una descontrolada danza por entre los cada vez más preocupados asistentes.

– ¡Bajaremos a la Tierra de Calamburia y reclamaremos lo que es nuestro! Recuperaré a mi hija, y cuando encuentre al culpable de todo esto…-amenazó alzando su puño en el aire.

Un gigantesco rayo cayó sobre el cónclave, como el puño de un dios furioso. Las piedras volaron descontroladamente, y una nube de polvo y cascotes cegó al público de nerviosos Aiseos. El furioso viento despejó rápidamente la escena, dejando ver un monstruoso agujero desde el que se veía perfectamente la forma de C de Calamburia.

– ¡…lo destruiré con la fuerza de un millón de huracanes!

Nadie coreó sus amenazas, ni siquiera su sollozante hija. En cambio, la tormenta rugió de satisfacción y descargó lluvia y nieve por todo Calamburia.

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SEMIFINALES – III TORNEO DE IMPROVISACIÓN DE CALAMBURIA

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El próximo Viernes 23 y el Sábado 24 de Septiembre a las 00.15 en La Escalera de Jacob ocurrirán las semifinales del III Torneo de Improvisación del Reino de Calamburia   ¿Quiénes serán los elegidos por el público?  ¿Cuál de las parejas conseguirá más logros para ganar la Esencia de la Divinidad?


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