92. EL RESURGIR DE SKUCHAÍN (II)

El desierto de Al-Ya-Vist extendía sus áridas dunas hasta donde alcanzaba el horizonte. Su superficie llana se extendía a lo largo de kilómetros, donde sólo los Nómadas se atrevían a cabalgar a lomos de sus extrañas monturas, adaptadas a las inclemencias de la extrema temperatura. Solo situándose en una duna excepcionalmente grande, podía el perdido visitante de aquel desierto vislumbrar en el horizonte los brillos del Palacio de Ámbar en la lejanía, o de la imponente Torre Arcana de Skuchaín, en el centro del desierto.

La Torre había sido construida en el mayor oasis de aquel páramo, anteriormente usado por los Nómadas del Desierto. Las tierras verdes y fértiles se extendían alrededor de su base: las llanuras de Manji-Rhon, llamadas así en honor a un antiguo caudillo de tiempos pasados.

Estas llanuras, protegidas de manera natural por formaciones rocosas y la magia de la torre, se hallaban llenas de una bulliciosa actividad. Los barracones, usados para almacenamiento de comida y demás menesteres mundanos, habían sido llenados de literas y de ajetreada vida. Decenas de aspirantes a Impromagos correteaban sujetando sus refajos de pergaminos y apuntes tratando de no llegar tarde a su siguiente lección, aunque la tabla de horarios era implacable. Los prefectos tenían intención de concentrar la formación de varios meses en escasos días, y lo iban a conseguir costase lo que costase.

– ¡Vamos! ¡Más deprisa! ¡Hay gente luchando mientras vosotros estáis holgazaneando! – apremiaba Stucco con ceño fruncido a los grupos de aspirantes que se demoraban.

Según su procedencia y habilidades, habían sido designados a cada una de las ocho castas. Cada uno de esos grupos portaba una versión en miniatura de los grandes pendones que colgaban del Gran Salón. Los colores designaban el origen del aspirante, así como su varita y su marca arcana, pero toda esa clasificación desaparecería en caso de aprobar el examen de Impromagia: los Impromagos graduados portan la misma capa y varita, sin importar su origen o procedencia.

relato-calamburia-estandarte-cibum

Los Cibum se afanaban alrededor de grandes mesas de madera, con su estandarte plantado en el suelo, tratando de solucionar complejos acertijos de cálculo y lógica, su mayor habilidad. A pesar de su origen humilde, la marca arcana relucía con fuerza en sus frentes. Sirene aplaudía entusiasmada cada uno de sus logros, consultando de vez en cuando el Alphabetum.

relato-calamburia-estandarte-excelsitNo muy lejos de ahí, los Excelsit repasaban las reglas de etiqueta y decoro que debía tener todo Impromago. Eran los representantes de la diplomacia, y dado que algunas castas mostraban una clara falta de buenos modales, era el deber de los más nobles de Skuchain seguir manteniendo las normas de convivencia y decoro. Gody marcaba rítmicamente el paso con palmadas mientras sus aspirantes trataban de mantener el equilibrio sujetando diversos cubiertos.

 

relato-calamburia-estandarte-feroxTodo esto contrastaba bastante con los Ferox, una casta formada exclusivamente por descendientes de los salvajes a los que la marca arcana había elegido. El variopinto grupo trataba de acostumbrarse a llevar el uniforme de Skuchain, aunque no podían evitar que sus capas fuesen llevadas de cualquier manera y sus varitas fuesen primitivas pero brutalmente eficientes. Pese a su aparente tosquedad y sus gritos, mostraban unas singulares dotes en la asignatura de floritura de varitas. Eliz soplaba el cuerno junto a la oreja de cualquiera de sus aspirantes que osara despistarse.

relato-calamburia-estandarte-primusLa casta primigenia entre las castas, los Primus, agitaban sus varitas perfectamente conjuntadas con gestos precisos mientras diferentes palabras eran conjuradas en el aire. Los descendientes de Theodus destacaban en percepción mágica y en altivez y trataban de hacer honor a su ancestro. Stucco calculaba el tiempo mirando fijamente el reloj de las Arenas de Theodus, perdido en oscuros pensamientos.

 

relato-calamburia-estandarte-naturaNatura en cambio, fluía. La casta más pacífica de todo Skuchaín, con varitas hechas de ramas y hierbas, practicaban sus dotes de rastreo y búsqueda. Su marca arcana se asemejaba mucho a la que lucían los Duendes y a veces su comportamiento era muy parecido. Algún que otro aspirante se despistaba abrazando los árboles, generalmente acompañado por una entusiasmada Nika.

relato-calamburia-estandarte-redigisCubiertos por sus capas rojas como la sangre y con varitas con toques de dorado, los Redigis eran la casta más pura. Sus integrantes eran descendientes de magos ilustres, una sangre que jamás había sido manchada con la de otro habitante de Calamburia. Su aguda mente les permitía hacer un buen uso de la magia, pero también eran diestros en practicar otros usos menos ortodoxos con las varitas o en el combate. Tilisa, con el Anillo de Dragón brillando en su mano, anotaba cada nuevo uso para documentarlo y estudiarlo más en detalle.

relato-calamburia-estandarte-vivificaLos Vivífica confluían alrededor del distraído Eme, con caras igualmente distantes por momentos. Se trataba de aspirantes que contenían en su interior la esencia de algún mago ilustre ya fallecido. La magia podía ser improbable y aleatoria y este tipo de accidentes y reencarnaciones parciales se daba con relativa frecuencia. Esta casta destacaba por su gran capacidad de crear hechizos de la nada para asombro de ellos mismos, probablemente debido a los recuerdos de los Impromagos que residen en su cabeza.

relato-calamburia-estandarte-tenebrisA la sombra de un enorme ciprés, los Tenebris se reunían alrededor de Telina escuchando la historia de Calamburia. Descendientes de los acólitos que renegaron de Aurobinda y Defendra, el estudio de los errores pasados era el centro de su motivación por la Impromagia. La magia oscura era muy peligrosa, pero alguien debía conocerla para saber cómo luchar contra ella. Sus caras graves denotaban el peso de la responsabilidad que pesaba sobre sus hombros.

Así fueron pasando los días, entre intensas asignaturas y con algunos momentos de descanso en los que los aspirantes podían practicar la magia de una manera más lúdica jugando al Freezeball, el deporte estrella de Skuchaín.

relato-calamburia-aprendices-impromagos

Pero algo paralelo estaba ocurriendo en las llanuras de Manji-Rhon. Un propósito oculto movía los hilos del destino. Cuando llegaba el ocaso y los aspirantes iban a dormir, un grupo de ellos tenía un sueño diferente al del resto de sus compañeros. Un sueño que parecía real.

Uno a uno, fueron abriendo los ojos y estudiando con asombro el extraño lugar en el que se hallaban.Aurra, Ela, Airo, Lepif, Trai, Iruali, Alena , Slum, Grahim Susmez y Vitichín, todos ellos se hallaban en un especie de limbo, con los contornos tapados por una misteriosa niebla.

De pronto, la niebla se apartó y dos figuras aparecieron caminando lentamente. Se trataba de Theodus, el mismísimo Archimago y fundador de Skuchaín, acompañado por la inquietante figura de Kashiri, la Emperatriz Tenebrosa.

– Aspirantes. Gracias por acudir a mi llamada – dijo con gravedad Theodus-. Habéis sido elegidos entre los más capaces de vuestra casta para ayudarnos a encontrar la Piedra de la Resurrección.

Los 11 elegidos se miraron confusos entre ellos, todavía dudando de si se trataba de un sueño o no.

– La elección fue difícil, y muchos de vuestros compañeros casi llegan hasta aquí, pero no tenemos tiempo. No sabemos cuándo las Brujas van a dar el siguiente paso. He conseguido realizar un pacto con Kashiri….

– Alto ahí, viejo. No es ningún pacto, es a lo que me han empujado las circunstancias. Estas Brujas me acosan en sueños y se escabullen entre las sombras. ¡Si solamente se atreviesen a plantar un combate justo, las aplastaría con la punta de mi báculo como las cucarachas que son!

– Lo que quiere decir la Emperatriz Tenebrosa es que piensa ayudarnos en la búsqueda de la Piedra – dijo con voz paciente Theodus.

– La Piedra ya no se haya en mi poder. Me fue robada por una sucia rata. No suelo hacer caso de los patéticos mortales que pueblan esta miserable tierra, pero de éste recuerdo perfectamente su desagradable risa de hiena y su acento zafio y grosero.

– Al parecer la Piedra fue robada por un pícaro mercader llamado Banjuló, famoso por participar en el Torneo de Improvisación, aunque el Titán sabe dónde estará. No podemos mandar a nadie más para esta importante tarea, las Brujas estén espiando cada uno de nuestros movimientos. Pero jamás sospecharían de un grupo de aspirantes que ni siquiera han terminado su formación.

Los 11 elegidos asintieron con gravedad, agarrando con firmeza sus varitas. Ahora sabían que no se trataba de un sueño. Se trataba de algo muy real.

– Partid pronto en cuanto amanezca el sol. Juntos, representáis las habilidades más puras y excelentes de la Torre Arcana. Recordad que somos débiles por separado, pero cuando nos unimos, somos imparables. Sé que podréis conseguirlo. Ojalá pudiese ayudaros pero mis fuerzas son cada vez menores, y debo administrarlas para casos de emergencia. Que el Titán os acompañe – dijo con voz amable Theodus mientras la niebla se amontonaba a su alrededor.

– Y si no lo hace y fracasáis… yo misma os arrancaré el alma – susurró la voz de Kashiri entre la lejanía.

Uno a uno, fueron despertando en sus camastros, mirando a su alrededor. Hicieron un hatillo con sus pertenencias, y en completo silencio, fueron saliendo de las cabañas formando poco a poco una larga fila y desaparecieron entre la vegetación, rumbo al desierto y al misterioso horizonte.

relato-calamburia-elegidos-sueño

CONTINUARÁ…

LXIX y LXX – COMBATE – LAS GUERRAS DE CALAMBURIA: LA MALDICIÓN DE LAS BRUJAS

SEMANAL BRUJAS 23-24JUN

El próximo Viernes 23 de Junio y el Sábado 24 de Junio a las 00.15 en La Escalera de Jacob ocurrirá el LXIX y el LXX Combate de las Guerras de Improvisación del Reino de Calamburia – La Maldición de las Brujas   ¿Podrán frenar las malvadas intenciones de las hermanas?  ¿Serán capaces de devolver a Calamburia a la normalidad?

91. EL RESURGIR DE SKUCHAÍN (I)

–¿Cómo que no había nada? ¡Eso es imposible! ¡Miente!

La tensión se podía cortar con un afilado cuchillo en el Gran Salón de la Torre de Skuchaín. Los pesados pendones colgaban de las paredes, mustios y deslucidos. La moral de los presentes estaba muy baja, se trataba de la reunión de un ejército en retirada.

–No soy una mujer muy dada a repetirme. Pero lo haré una vez más y no toleraré que nadie ponga en duda mis afirmaciones. La Piedra de la Resurrección no estaba en su sitio y, creedme, ése era su sitio. Tengo la palabra de dos caballeros que la certifican– dijo Penélope solemnemente mientras martilleaba el suelo rítmicamente con su paraguas cerrado.

–¿Y dónde puede estar? ¿Acaso no hay otra posibilidad de derrotar a las Brujas? – dijo Félix el Preclaro con angustia mientras estrujaba su túnica entre las manos.

El resto de Impromagos se hallaban cabizbajos alrededor de la gran mesa. Eme, Stucco, Enona, todos ellos habían peleado en la batalla del inframundo, pero sin conseguir su objetivo. Duende Mayor Fradil miró fijamente a todos los presentes.

–En el Libro de la Sabiduría no viene ninguna otra solución a este entuerto. Me temo que estamos en un callejón sin salida. El Titán sabe dónde puede estar esa maldita piedra.

relato-calamburia-salon-sckuchain

–¡Y no solo eso! Ha llegado una paloma desde la Torre de Ámbar y, al parecer, la Reina Dorna sufrió una emboscada en el bosque y sobrevivió por los pelos. La magia de las Brujas está cada vez más descontrolada. ¡Quién sabe cuál será el siguiente paso!– exclamó Gody ajustándose las gafas.

–La magia oscura nunca se descontrola, son sus usuarios los que pierden el control. La magia oscura es pura y única– sentenció Telina con una sonrisa.

–¡No me vengas con magia oscura ahora, Tenebris!– gritó Stucco –. ¡Si la magia negra y vosotros no existieseis, todo sería mucho mejor!

–Créeme, Stucco, si supieses lo que somos capaces de hacer estarías suplicándole piedad al Titán ahora mismo– dijo con voz peligrosa Telina.

–¿Me estás desafiando? ¡Comprobémoslo ahora mismo!

–¡Basta de riñas! Esto es justamente lo que quieren las Brujas. Compórtate Stucco, eres un Primus, no un estibador pendenciero– le regañó Tilisa dando un golpetazo en la mesa.

­–Quizás los árboles tengan la respuesta. Deberíamos salir todos a abrazarlos y esperar a que la savia nos aconseje– aportó Nika, con semblante preocupado.

–¿Nadie va a comentar que conseguí derrotar a Ventisca?– preguntó tímidamente Eme.

Pero era inútil. Ninguno de ellos escuchaba, ya que estaban demasiado ocupados discutiendo y resucitando viejas rencillas. Las castas de Skuchaín se hallaban enfrentadas, quizás de manera irreconciliable.

De repente, un portal rasgó el tejido de la realidad en una esquina de la sala y se ensanchó hasta formar un vórtice de energía mágica del que emergió Sirene.

–¡Vaya! Por solo unos metros, ¡pero ha funcionado!– dijo emocionada dando saltitos –. ¡Choca esos cinco, Pelusín!

relato-calamburia-sirene-vortice

Varias figuras empezaron a emerger del portal. Capellanes, Impromagos, Eruditos, todos ellos desaparecidos hasta la fecha por el efecto de la Maldición de las Brujas.

–¡Minerva!– gritó Félix mientras se acercaba a ella con pequeños pasos presurosos–. ¿Cómo es posible?

–Sirene nos reunió. Nos ha ido buscando uno a uno. En vez de tratar de derrotar la Maldición de golpe, ha usado complejos hechizos de rastreo para sortear la maldición.

–¡Me ha costado muchísimo! ¡Pero es como hacer un puzzle muy grande, una vez que te pones es divertido!

El ambiente se relajó en el Gran Salón. Todos se fundieron en abrazos y palmearon las espaldas de los recién llegados, contentos de ver unos rostros tanto tiempo desaparecidos.

–Pero aun así es imposible. La Maldición es demasiado potente para hechizos de rastreo– comentó meditabunda Telina.

–¡Ya no! He estado investigando mucho durante todo este tiempo– dijo Sirene ajustándose las gafas como si fuese a dar una importante clase–. Hay una razón detrás del aumento de actividad de las Brujas: la tierra de Calamburia está empezando a rechazar poco a poco la Maldición. Aún no sé si es porque el Titán está recobrando fuerzas, pero algo está fallando en el hechizo.

–No se puede mantener un hechizo durante tanto tiempo a semejante escala. Tiene lógica– comentó meditabundo Gody, mirando al techo.

–¡Entonces tenemos que luchar!– dijo Stucco empuñando su varita –. Basta de escondernos en estos muros y hacer excursiones por Calamburia. Propongo una guerra abierta de nuevo contra los Zíngaros y las Brujas, por el bien de nuestra tierra.

Todos apoyaron la idea con asentimientos y algún que otro grito. Los Capellanes movieron con gesto grave la C del Titán en el aire.

–¡Sí! ¡Es el momento de contraatacar! Pero tenemos que pensar en la retaguardia– dijo Sirene.

–¿La retaqué?– preguntó Eme confuso.

–¡Los nuevos aspirantes! Los hemos tenido a la espera, pero creo que los vamos a necesitar más que nunca. ¡No podemos paralizar la actividad de la Torre!

–Sirene tiene razón. Las nuevas generaciones son el pilar de nuestro futuro– afirmó con gravedad Minerva.

–Pero para esta guerra necesitaremos a los más preparados de nosotros en el campo de batalla. Los Eruditos serán necesarios, y los Capellanes también. Todo Impromago que pueda empuñar las varitas será indispensable en el campo de batalla. Propongo que solo unos pocos de nosotros nos quedemos aquí para formar a los nuevos aspirantes.

Los murmullos recorrieron toda la sala. Nunca había pasado nada igual, generalmente el proceso de adiestramiento de los aspirantes era algo sumamente medido y controlado que necesitaba de un cuidadoso calibramiento. La magia, al fin y al cabo, era algo delicado.

–¡Decidido entonces! Yo me quedaré para formarlos lo más rápido posible y mandarlos al campo de batalla cuanto antes– dijo Stucco mirando a su alrededor con firmeza.

–Necesitaremos la representación de todas las castas. Creo que deberían quedarse los Prefectos de cada casta para formar a los nuevos aspirantes: Sirene, Eme, Stucco, Tilisa, Eliz, Telina, Gody y Nika– dijo Felix mirándolos uno por uno–. Sé que sois más que capaces.

–¡Por fin! ¡Combate, guerra, lucha! – dijo Eliz dando saltitos de emoción.

–Menuda pérdida de tiempo. Van a ser carne de cañón en esta guerra– comentó con desagrado Telina.

–En vuestro poder está que no lo sean– dijo Minerva con tono serio.

–¡Telina! ¡Vas a tener que hacer un esfuerzo para ser más simpática, o si no vas a espantar a los nuevos aspirantes!– dijo Sirene con tono de regañina.

Telina miró los ceños fruncidos a su alrededor y mostró las palmas de las manos en son de paz.

–¿Queréis que sea agradable? Os prometo que voy a rezumar arcoíris y sonrisas– dijo con una sonrisa peligrosa Telina.

–No sé qué es peor…– susurró por lo bajo Gody.

–Tengo un presentimiento que vamos a necesitar las reliquias de la Torre de Skuchaín. No sé si es un recuerdo de Theodus o qué es, pero creo que deberíamos hacerlo– dijo Eme mientras se rascaba la cabeza con la varita.

–¡Por fin habláis mi idioma! Soluciones, planes, actitud. Ese es el secreto para levantar un buen negocio. Caballeros, señoritas: ¡a trabajar!– dijo Penélope, abriendo su paraguas con un seco chasquido y caminando hacia la puerta.

El grueso de la reunión empezó a separarse entre murmullos, cada uno de los presentes muy atareados con la nueva situación que acababa de surgir. Pero había algo muy diferente en la mirada de todos los presentes: la luz de la esperanza encendía sus ojos. La Maldición de las Brujas tenía una debilidad y se podía vencer. Y mientras existiese la Impromagia, habría esperanza. Por fin volvían a lucir sus vivos colores los grandes pendones de las paredes.

relato-calamburia-prefectos-eruditos

CONTINUARÁ…