116 – EL OCASO DE ÁMBAR (III)

– Calma. Concéntrate. Debes esperar hasta el último segundo.

El jabalí cargaba directamente hacia ellos, con los ojos enloquecidos y soltando espuma por la quijada. Levantaba terrones de tierra y sus colmillos parecían relucir a la luz del amanecer.

– Sujeta bien la lanza– susurró el padre de Dorna -. Y cuando esté tan cerca que puedas respirar su olor, carga hacia adelante con todas tus fuerzas.

La pequeña Dorna saltó gritando hacia el jabalí clavando la lanza debajo de su mandíbula, atravesando su cerebro y empalándolo en el acto. La criatura dio unos últimos estertores y cayó con todo su peso sobre la lanza, empalándose aún más.

– ¡Lo he conseguido, padre! ¡He sido más fuerte que el jabalí! – dijo entre risas Dorna.

– Así es, cachorro. Tus pequeños colmillos son cada vez más afilados. Pronto te volverás una loba temible a la que todos temerán – dijo con orgullo su padre, revolviéndole el pelo con cariño.

– Pero si somos tan fuertes, ¿Por qué nos atacó, padre?

– Es la lección que quería enseñarte hoy. Sígueme.

Dorna siguió los pasos de su padre por los senderos ocultos del bosque. Trataba de pisar donde el pisaba e imitar todos y cada uno de sus movimientos. El sol seguía alzándose y espantando las últimas sombras del crepúsculo.

Llegaron a una pequeña hondonada donde se hallaba un árbol arrancado del suelo, con las raíces tratando de ascender hacia el cielo. Entre ellas, se escuchaban unos pequeños gruñidos animales. Dorna se acercó, muy suavemente.

– Son sus crías – dijo mientras tocaba suavemente las pequeñas criaturas, que emitían sonidos agudos de hambre, clamando por su madre.

– Así es, hija. Sin la manada, no somos nada. Solos, no podemos enfrentarnos a ningún peligro, por muy fuerte que seamos. Algún día, serás Jefa de Clan y tendrás que tener esto muy presente.

– Sigo sin entender por qué nos atacó. ¿A caso no estaba sola? ¿No tenía todas las de perder?

– Es cierto que solos no somos nada. Pero nunca menosprecies el poder infinito y brutal que invade a una madre cuando su progenie está en peligro. Nunca lo olvides.

Las palabras de su padre aún recorrían su cabeza tras tantos años de luchas y decepciones, pero ahora cobraban un cariz diferente. Apuntalando los pies en la tierra, se tensó como un resorte y aguardó la carga de su enemigo. El gigantesco soldado acorazado continuó su carrera con su mandoble en alto, y en vez de retroceder, Dorna saltó hacia adelante y le incrustó la lanza en el pecho sin temer ningún tipo de contrataque. El golpe del soldado falló y se empaló aún más por la inercia de su carrera. Escupiendo sangre por su casco, se derrumbó como un vulgar fardo.

Se giró hacia el campo de batalla. Portales mágicos se abrían por doquier y vomitaban soldados acorazados sin ningún tipo de orden lógico. Las formaciones militares no servían de nada, solo el instinto y los reflejos, los duelos individuales, la fuerza primitiva.

Dorna rugió un grito de guerra y se lanzó a por los desorientados soldados que salían de los portales. Otro rugido hermano le contestó por las cercanías del campo de batalla y Dorna prosiguió su lucha contra los soldados desorientados que salían de la nada. A través del portal, podía ver el campamento militar de la Reina Sancha, un hervidero de actividad similar a una colmena y con batallones interminables de soldados esperando su turno para entrar a invadir el palacio.

Los Zíngaros se apresuraron a cerrar el portal, pero otros muchos se abrían por doquier. Dorna se enzarzó en un combate con otro soldado, hasta que fue rodeada por todo un escuadrón. El rugido se volvió a repetir y Corugan los lanzó a todos volando por los aires con un barrido de su cayado

– ¡CORUGAN! – gritó con toda la fuerza de sus pulmones, mientras desafiaba a sus enemigos.

Ambos salvajes se colocaron espalda contra espalda, en una posición de combate que les eran tan familiar como respirar. Justo cuando se iban a abalanzar a por sus víctimas, una joven atravesó el grupo sin detenerse. Mairim se giró y saludó a Dorna mientras proseguía su carrera, saltaba contra las columnas y se lanzaba por una de las vidrieras del palacio.

El surrealista acontecimiento sacó a Dorna de su frenesí guerrero. Parpadeó mirando a su alrededor, mientras Corugan volvía a gritar su nombre y hacía retroceder de terror a los soldados. Su memoria volvió de golpe, recordándole las horas que había estado aporreando esa puerta, todos los intentos de Corugan por abrirla y finalmente, el principio del asedio del ejército de la Reina. No había podido quedarse en el palacio protegiendo la puerta que la separaba de su hijo porque Efrain le suplicó que protegiese el patio con los pocos Salvajes que le quedaban.

Los soldados enemigos empezaron mostrar un poco más de organización y empezaron a hacer un perímetro defensivo que bloqueaba el paso al palacio. Dorna entendió que algo estaba pasando en aquella torre y que por alguna razón habían mandado a los soldados a protegerla. Arrancando una lanza de un cadáver, la alzó en alto y gritó para llamar la atención de salvajes y zíngaros supervivientes. Sin saber si la miraban o no, cargó de nuevo hacia adelante, convencida que Corugan la seguiría. Su amigo, consejero y chamán se apresuró a unirse a ella, tocando uno de sus colgantes y murmurando un hechizo con una voz rasposa. Sus rasgos se deformaron y su cuerpo se hinchó hasta alcanzar una enorme mole simiesca, con rasgos brutales y llenos de violencia.

La criatura se estrelló contra los soldados como si de una bala de cañón se tratase y empezó a dar mamporros y potentes puñetazos a todo cuanto tenía a su alrededor. Dorna siguió su estela de destrucción, pero cada vez más soldados trataban de rellenar los huecos dejados por sus compañeros. Por el rabillo del ojo, captó un movimiento en lo alto de la torre, por encima de la Sala de Audiencias. Sancha III, Reina regente de Calamburia, se erguía altaneramente en el balcón. Cómo podía haber llegado hasta ahí escapaba al conocimiento de Dorna, pero su corazón se detuvo cuando vio que portaba un fardo en brazos.

Sancha empezó a hablar, y el corazón de Dorna a bombear sangre. No podía oír lo que decía, solo podía pensar en atravesar el cerco de soldados y salvar a su hijo. Sancha siguió hablando mientras alzaba el niño entre brazos. Pum. Dorna esquivó el tajo de una espada y atravesó con su lanza a un soldado. Pum. Sancha sacó un estilete de una de sus largas mangas y lo alzó hacia el cielo. Pum. Dorna trató de zafarse del agarre de un soldado y le desgarró el cuello de un violento mordisco mientras trataba de seguir avanzando, mirando hacia arriba. Pum. Sancha gritó lo que parecían las últimas palabras de un discurso. Pum. Dorna siguió corriendo, trastabillando, con la cara cubierta de sangre y los ojos llorosos mientras extendía un brazo desesperado hacia la torre. Pum.

Sancha terminó su discurso y con un movimiento firme, apuñaló al bebé en el pecho. Lo sostuvo unos segundos en el aire y lo dejó caer. Dorna gritó, o creyó gritar, pero ya no era consciente de nada. Su cuerpo seguía matando y desgarrando a todo el que le impedía seguir corriendo, pero su mirada estaba clavada en la pequeña figura que caía en picado por hacia la plaza. La Hija de los Primeros Hombres empezó a ser rodeada de cada vez más soldados y su corazón estalló en mil pedazos cuando vio aquella pequeña forma caer a escasos metros de ella. Llorando sangre y lágrimas, se abalanzó con las manos desnudas contra la muralla acorazada de soldados, pero en el último instante recibió un descomunal empujón que la lanzó al suelo, perdiendo el conocimiento.Pum.

Fue despertada por el familiar crepitar de una hoguera. Sintiendo cada uno de los arañazos y cortes de su cuerpo, se incorporó débilmente, como si fuese un cachorrillo.

– ¿Padre? ¿Qué ha pasado? – preguntó con voz temblorosa.

La sombra situada al otro lado de la hoguera cobró forma cuando se acercó a comprobar su estado. Pudo comprobar que aquellos rasgos no pertenecían a su padre, sino a Corugan.

– Descansa, líder de manada. Has perdido mucha sangre – gruñó Corugan en su idioma salvaje.

El escozor de las heridas provocó un vuelvo en su corazón. Recordó cómo había sido noqueada.

– ¿Por qué me detuviste? ¡Quería recuperar a mi hijo! ¡Maldito seas, Corugan! – dijo abalanzándose contra su pecho y propinándole una lluvia de puñetazos. Aunque débil, los golpes hicieron gruñir al chamán.

– Estábamos rodeados, líder. No podíamos hacer nada más. Tuve que luchar por tu supervivencia ya que tu habías perdido las ganas de vivir. Era una muerte deshonrosa – dijo escupiendo contra el fuego.

– Mi hijo… han matado a mi hijo – susurró mirando fijamente el fuego. Sintió como los pedazos de su corazón se hundían en el barro, dejando un vacío hambriento e infinito.

Corugan se limitó a apartar la mirada, compartiendo el dolor de su líder y amiga.

– Ya no tengo Clan. Ya no tengo descendencia. Ya no tengo… nada – enumeró con voz inerte mientras su mirada seguía perdida en el fuego.

La hoguera crepitó, tratando de llenar el silencio.

– Aún te queda algo. Hemos recibido visita mientras estabas inconsciente. Nos siguió desde que te saqué a rastras del palacio y me interné en el bosque – dijo Corugan señalando hacia las sombras.

Dos ojos ambarinos brillaban en la noche, mirando con sosiego hacia la pareja. Una mole se movió en la oscuridad, acercándose a la hoguera y se tumbó frente a Dorna. Se trataba de un lobo negro como el carbón, pero el triple de grande que cualquier otro lobo.

– En nuestros cánticos y leyendas no hay ningún rastro de una criatura de estas características, líder de manada. Es como si la misma oscuridad hubiese cobrado vida.

Dorna miró fijamente esos ojos ambarinos, aunque no era la primera vez que los veía. Los había rechazado una vez, hace no mucho tiempo. Pero ahora, todo había cambiado.

– Es como nosotros, Corugan. Es un paria, un rechazado. Nunca podrá estar en ninguna manada y su destino es morir solo y abandonado. Pero yo no creo en ese futuro – dijo mientras seguía manteniendo contacto con la mirada lobuna.

– No me llames más líder de manada – prosiguió-. Ahora, somos iguales. No volveré a dar órdenes, dejaré que nuestro instinto nos guie, como el viento marca el camino de la hoja que cae del roble. Y mi instinto ahora solo me pide una cosa: sangre. Acompañadme o no, esa es vuestra decisión.

Dorna se levantó trabajosamente. El hueco que tenía en su corazón se encendió con una nueva antorcha. Esta vez, no se trataba de un fuego que diese energía o calor. Era una luz que proyectaba sombra, era una fogata que sólo transmitía frío y su crepitar expandía el olor a muerte.

Sus pasos tambaleantes la llevaron lejos de la fogata, hacia la oscuridad. El gran lobo negro se incorporó con suavidad y siguió sus pasos. Corugan los vio alejarse, mientras trataba de recordar la gran cadena de acontecimientos que lo habían llevado hacia allí. Gruñendo con fuerza, agarró el cayado, se incorporó y siguió a su amiga, adentrándose en la oscuridad.

Las Amazonas

Hace muchos años, cuando los Salvajes dominaban la tierra de Calamburia, la esposa de uno de los líderes, llamada Akanni, asesinó a su marido porque éste era cruel con ella. La muerte fue a vista de todos, pues Akanni no deseaba que se la viera como una cobarde, de modo que mientras su esposo hablaba a su tribu le degolló con un cuchillo. La tribu no supo cómo reaccionar, pero Akanni no tardó en proclamarse líder de todos ellos, prometiéndoles que lo haría mucho mejor que su esposo, y que les conduciría a nuevas tierras que conquistar.

Así fue cómo nació la primera tribu de salvajes liderada por una mujer.

Sin embargo, la noticia de cómo Akanni había llegado al poder no sentó bien a los líderes de las tribus vecinas, que una y otra vez intentaron conquistar sus tierras y eliminarla. Akanni conseguía defenderse de los ataques, pues era mejor estratega y más astuta que todos ellos, pero no tardó en comprender que nunca la dejarían en paz; más aún, los hombres que componían su propia tribu también deseaban arrebatarle el mandato, de modo que un día tomó una decisión:

En secreto, habló con todas las mujeres del pueblo y las conminó a viajar lejos, a esas tierras que les había prometido conquistar. Su objetivo se encontraba al sur, pero no podrían hacerlo acompañadas de los hombres. Cada uno de ellos deseaba traicionarla, incluso cuando Akanni había demostrado ser mejor que ellos, de modo que tendrían que dejarlos atrás.

Y así, una noche, las mujeres de la tribu de Akanni dejaron a sus maridos durmiento y viajaron muy al sur, a las marismas, donde se instalaron con un nuevo nombre de tribu: las Amazonas.

Las amazonas son una tribu derivada de los salvajes que consta únicamente de miembros del sexo femenino. Los únicos varones que son aceptados entran como esclavos sexuales. Se les somete, se les utiliza para procrear y se acaba con su vida. Las amazonas consideran a todos los hombres propensos a la traición y, por ello, cada varón es visto como alguien de quien no hay que fiarse.

Hoy día, las amazonas ocupan y consideran su territorio a las marismas al sur de Calamburia. Esta tierra desolada y hosca ha sido su hogar durante cientos de años, pero ellas, como hicieron los salvajes en su día, también desean expandirse. Por eso de cuando en cuando organizan grupos de ataque a Instántalor, y también al este, a las tierras de los nómadas. Algunas de las tierras de occidente fueron ocupadas en su día (cerca del faro cóncavo) pero al estar prácticamente despobladas las Amazonas no tardaron en abandonarlas: a ellas lo que verdaderamente les gusta es conquistar ciudades, pueblos y terrenos habitados, y demostrar a todo el mundo que son guerreras muy a tener en cuenta.

Algunas amazonas se contratan como asesinas a sueldo, puesto que en su sociedad han aprendido muchas formas de ataques a distancia. Este es el caso de Ainía. Su destreza con la cerbatana ha hecho que algunos acudan a ella para que les libere de sus enemigos. Ainía conoce el arte de fabricación de venenos, y sabría elaborar uno que acabara con su objetivo incluso antes de que su cuerpo tocara el suelo. No obstante, Ainía guarda una intención secreta: se mezcla con los habitantes del norte y realiza contratos con ellos para conocerlos mejor, pues un día espera reunir un ejército lo suficientemente grande como para atravesar las murallas del Palacio de Ámbar.

Majají, por su parte, es con mucho la guerrera más diestra de la tribu. Algunos aseguran que, de niña, recibió la visita de una Pantera de pelo oscuro, que no era sino un poderoso espíritu de la tierra. La Pantera rugió cerca de su cuna, y el espíritu pasó del animal a la mujer. Desde entonces Majají ha recibido una bendición: sus enemigos han comprobado que resulta muy difícil de matar. Es extraordinariamente fuerte y resistente, y sana sus heridas a un nivel mucho más acelerado que el resto. Los miembros de su tribu aseguran que la Pantera Oscura la protege.

Las Amazonas son una amenaza para las tierras más civilizadas, pero algunos aseguran que. Como sucedió en el pasado con Akanni, si ellas gobernaran la tierra no volvería a conocer la guerra.

Otros, por contra, no ven más que a unas fieras guerreras capaces de acabar con todo el que se interponga en su camino, en especial si es un hombre.  


LAS AMAZONAS

Presentación

Hace muchos años su tribu se separó de los salvajes que vivían en las montañas y viajó al sur para habitar las marismas. Allí se transformaron en una sociedad compuesta únicamente por mujeres, donde los hombres no son más que meros esclavos. Son fieras guerreras que no temen a nada ni a nadie, ¡lanzad un fuerte grito para saludar a las Amazonas!


La pareja

Majají. Pantera oscura

Entre las Amazonas es conocida como una de las guerreras más feroces e implacables. Sabe luchar con una decena de armas, pero su puntería con el arco es legendaria. Sin embargo, quienes sólo la creen una salvaje están muy equivocados, pues habita en su interior un antiguo espíritu de la tierra, capaz de salvar su vida incluso en las más duras condiciones. ¡Un saludo para Majají. Pantera oscura!

Ainía. Corazón de fuego

Es una experta rastreadora y una cazadora sin igual. Los dardos de su cerbatana están impregnados con los venenos más mortíferos, y más de una vez han sido empleados para asesinar por encargo. Sin embargo ella tiene un deseo aún más ambicioso que el de ser asesina a sueldo: conquistar un día toda Calamburia. ¡Ella es Ainía. Corazón de fuego!

El legado Real

«Yo no he perdido jamás… ¡jamás!» Fueron las últimas palabras del a reina Urraca antes de ser destronada. Por muchos años vagó como desterrada por toda la tierra de Calamburia. Hay quien incluso la llegó a ver mendigando comida por las calles de Intántalor. Sin embargo un día su promesa se cumplió: el trono volvió a ser suyo, gracias a la ayuda de la reina madre, Sancha III.

 

Nadie pensaba que esto pudiera ocurrir, pero en efecto Urraca había cumplido su promesa… y además estaba embarazada.

Algunos -los pocos que tenían algo de confianza con la monarca- se atrevieron a preguntarle quién era el padre, pero Urraca nunca quiso confesar. Sólo repetía una y otra vez que ese hijo sería el futuro monarca de Calamburia, y que traería la paz que por tantos años se había esperado.

Y al fin el niño nació. Urraca le puso el nombre de su abuela: Sancho. El joven se crió el la corte, recibiendo la mejor de las educaciones para ser Rey: uno que fuera fiel a su legado, que supiera de leyes, de economía… y de combate, pues Urraca sabía muy bien que cualquier búsqueda de la paz traía consigo un enfrentamiento previo.

Así pues buscó entre los mejores espadachines y maestros. No obstante, muchos habían fallecido en guerras anteriores, o incluso habían sido ejecutados por ella misma. Quedaba poco dónde elegir.

Fue Sancha quien dio la respuesta: recordaba el nombre de un veterano capitán de la guardia. Fue desterrado hacía tiempo, pues se volvió del lado de Rodrigo el Perturbado cuando Urraca tomó el trono por primera vez, pero había servido durante mucho tiempo a Sancha y había demostrado ser más que eficiente. Sancha no recordaba un mejor maestro de la espada… y sí, aún continuaba vivo, ganándose el pan como mercenario.

Fue difícil dar con él, pues había hallado el modo de ocultar su verdadera identidad, pero finalmente, el capitán Landon McQuaid recibió la propuesta de limpiar su historial si se transformaba en tutor del joven Sancho. McQuaid, que a pesar de su lealtad a Rodrigo anhelaba volver a vestir con honor los galones de capitán, aceptó.

Sin embargo, la tutoría de el joven Sancho está resultando más complicada de lo que Landon pensaba. Los últimos años se los ha pasado forjando una amistad con el monarca, pero también intentando enseñarle que no todas las decisiones de su madre han sido correctas, y que reinar en Calamburia es una tarea que exige no sólo de inteligencia, sino de mucha astucia para evitar las posibles traiciones, y de bondad.

Sobre todo de bondad.

Mientras intenta inculcar estos valores, también entrena a Sancho en el arte del florete, un arma reservada para los soldados de la guardia: elegante, grácil y mortal.

Por suerte, y a pesar de que entrenar a un adolescente es complicado, y más aún si éste se encuentra constantemente influenciado por las ideas de su madre, McQuaid es de los que piensan que Sancho podría traer una larga estabilidad al reino.

Pero hay ciertos rumores que ha comenzado a escuchar en los oscuros rincones de palacio: algunos susurran, no sin miedo, que Sancho no es hijo natural de Urraca, pues ésta quedó estéril hace mucho tiempo.

McQuaid no ha hecho mucho caso de estas habladurías… pero lo cierto es que últimamente ha empezado a observar con detenimiento los rasgos de su pupilo, y no ha encontrado en ellos nada que le recuerde a su madre.

Con toda seguridad no hay importancia en este detalle. Sancho, se dice McQuaid, habrá heredado las facciones de su padre… pero el capitán, que también es veterano en lo que se refiere a conjuras y engaños, ha notado cómo le nacía en el centro del estómago cierta inquietud… una necesidad por indagar sobre los orígenes del joven Sancho I, y comprobar si los rumores son falsos…

O ciertos.


EL LEGADO REAL

Presentación

Llevan entrenando y preparándose mucho tiempo, pero al fin han decidido darse a conocer al mundo. Se definen como la nueva esperanza de Calamburia: un nuevo orden capaz de instaurar una paz que dure para siempre. ¿Serán capaces de conseguirlo? Son valientes, son audaces… ¡Son el Legado Real!


La pareja

Sancho I

Es el mismísimo heredero al trono de Calamburia, hijo de la Reina Urraca. Ha sido bendecido con la marca del Titán, lo que le confiere poderes sobrenaturales imposibles de predecir. Por eso unos le ven como el salvador de Calamburia, mientras que otros creen que aún no está listo para reinar. ¡Saludad, oh pueblo, a Sancho I El conquistador!

Capitán Landon McQuaid

Antaño fue capitán de la guardia de palacio, pero fue desterrado. Ha sobrevivido durante muchos años como mercenario, pues es uno de los mejores espadachines de Calamburia. Ahora ha sido reclamado por la Reina para adiestrar al joven aspirante a Rey. Un trabajo que desempeña… a pesar de su escasa paciencia. ¡Un gran aplauso para el Capitán Landon McQuaid!

Los Consejeros Umbríos

Érebos y Barastyr eran dos ávidos estudiantes en la sección de erudición de la torre arcana de Skuchaín. Eran de los más aplicados, pues demostraban gran interés por todos los conocimientos que tanto Minerva como Félix el Preclaro les enseñaban. Los dos maestros eruditos estaban muy contentos con ellos: hacían todas las tareas, y aún más que eso, pues buscaban información más allá de la necesaria para aprobar la asignatura. Ambos resultaban muy prometedores, hasta tal punto que, cuando apenas les quedaba un curso para finalizar, tanto Félix como Minerva quisieron recomendarles a la reina Sancha III para que los acogiera bajo palacio como consejeros.

Sin embargo, cuando apenas les restaban dos meses para finalizar sus estudios, les sucedió un evento que pocos conocen.

Los eruditos les enviaron a  una tarea de investigación: el objetivo era un tal Okura Rensin, un misterioso personaje que había emergido de las profundidades de la tierra y que, durante mucho tiempo, se le creyó uno de los desaparecidos hijos del dragón. Minerva, sin embargo, conocía la verdad: Okura se había presentado como el Mariscal del Fuego, un título de significado oculto. No obstante, los eruditos temían que Okura estuviera tramando algo malvado, de modo que encomendaron a Barastyr y Érebos que le siguieran y averiguaran todo sobre él.

Los dos aspirantes tuvieron que indagar mucho antes de dar con su paradero, pero cuando lo hicieron, pudieron comprobar que Okura estaba mucho más cerca de lo que creían; de hecho, hallaron su rastro bajo una red de túneles que el propio Mariscal había excavado bajo la torre de Skuchaín.

Así, los dos consejeros se introdujeron en la red de túneles y siguieron el rastro hasta comprobar que las galerías accedían a las mismísimas catacumbas de Skuchaín, y hasta una sala en concreto, cerrada férreamente, en la que se guardaba un antiguo espejo. Fue en el instante de alcanzar la sala que los consejeros hallaron a Okura, se encontraba recitando unos estremecedores ensalmos que, de alguna forma, despertaban una corriente mágica en el interior del espejo.

Dieron un paso para detenerle, pero entonces Okura fue absorbido al interior de la superficie reflectante. Luego ésta se volvió negra y viscosa. Un delgado zarcillo emergió de la superficie, como intentando escapar al exterior. Los consejeros vieron entonces que algo malo estaba a punto de emerger, e intentaron detenerlo.

En efecto así era. Aquella negrura no era sino el quinto Titán, un ser hecho de los restos de los otros cuatro, que cayó a la tierra de Calamburia al principio de los tiempos y que se hizo llamar, simplemente, Oscuridad.

La Oscuridad vivía en otra dimensión, y sólo en contadas ocasiones conseguía acceder al reino de los mortales (como, por ejemplo, cuando las brujas empezaron a investigar la magia oscura).  Pero anhelaba vivir en Calamburia y en el espejo había visto la forma de aproximarse físicamente.

Así, Érebos y Barastyr se lanzaron al espejo y, de un fuerte golpe, resquebrajaron su superficie. Al momento la sala se llenó de un viento furioso. Érebos y Barastyr intentaron protegerse, pero el viento parecía filtrarse a través de su piel. Al momento siguiente, todo paró.

Sí, aparentemente los consejeros detuvieron el mal que anidaba en el espejo. Regresaron a Félix y Minerva y les dijeron que no habían hallado a Okura. De su encuentro con aquel misterioso artefacto no dijeron nada, ni de los efectos que aquel mal hubiera podido causar en su interior.

Dos meses después fueron enviados a Palacio, para servir como asesores y guías de las decisiones de Sancha III, y recomendados por los eruditos Félix y Minerva, y por la misma directora de Skuchaín: Aurobinda.

Por desgracia, la Oscuridad que habitaba en el interior de aquel espejo no ha tardado en revelarse en el interior de los consejeros, y ha provocado que toda Calamburia se suma en tinieblas y caos. Durante un tiempo, los dos Erebos y Barastyr lograron mantener el secreto de su espantosa naturaleza. Sin embargo, llegados a un punto se han revelado como lo que son: los Consejeros Umbríos. Embajadores de la mismísima Oscuridad, un ser sobrehumano -uno de los grandes Titanes, según dicen algunos- de gran poder, que pretende reinar Calamburia desde el terror.

Detener a los consejeros umbríos es la labor que empeña a todos los héroes de Calamburia. De no hacerlo, muy pronto la oscuridad habrá invadido cada rincón de la tierra y los calamburianos quedarán esclavizados para siempre.

Por fortuna parece que hay esperanza, aunque el procedimiento no es nada sencillo: hallar a los siete seres de luz; representantes máximos de la bondad y la justicia, capaces de frenar el mal y devolver todo a la normalidad.


LOS CONSEJEROS UMBRÍOS

Presentación

Son dos personas de apariencia bondadosa… o lo eran. Desde que fueron invadidos por la Oscuridad se han convertido en avatares del mal. ¡Ellos han sumido Calamburia bajo las tinieblas! Guardaos de sus consejos y del terrible poder que emanan ¡Ellos son, los Consejeros Umbríos!


La pareja

Barastyr

Antaño fue un notable sabio y erudito, discípulo de los mejores maestros de Skuchain. Hoy, es el hombre que susurra consejos a la Reina en Sueños. El mal se ha adueñado de su corazón y de su misma alma ¡Una reverencia para Barastyr!

Érebos

Él solía recorrer los pasillos de la torre arcana de Skuchaín, siempre buscando libros de ciencia oculta para incrementar su sabiduría. Un día se topó con algo peculiar: un espejo en el que ocultaba un antiguo secreto. Desde que se vio reflejado en él, su rostro ha cambiado para transformarse en la viva imagen de la maldad ¡Un saludo para Érebos!