LOS ALQUIMISTAS

Calum, llamado “el ignoto” por muchos, es un personaje ciertamente raro, quien se ha ganado su apodo a pulso. Su historia va mucho más atrás en el tiempo de lo que parece, pues Calum cuenta muchos más años de los que aparenta.

Comenzó siendo discípulo de Theodus, cuando la Torre Arcana apenas comenzaba a despegar, y las diferentes casas de magos encontraban su hogar bajo sus muros. Allí, Calum, uno de los estudiantes más aventajados, demostró interés no tanto por la magia, sino por el aprendizaje de la historia, la filosofía, el arte mismo de la creación de sortilegios y, muy en especial, de una rama que bautizó como la alquimia: la elaboración de elementos de propiedades extraordinarias a base de la correcta mezcla de ingredientes. A Theodus esta nueva forma de aprovechar el potencial mágico de Calamburia le pareció fascinante, y permitió que Calum no sólo estudiara la alquimia, sino que fundara la rama de los eruditos: los auténticos encargados de enseñar a los jóvenes aspirantes a magos.

Así, Theodus y Calum trabajaron codo con codo durante muchos años, haciendo que Skuchaín prosperase hasta transformarse en el gran referente mágico de todo el continente.

Sin embargo, Luego que Theodus falleciera en el combate contra el patriarca Zíngaro Arnaldo, y el joven Ailfrid se convirtiera en Archimago, las ideas revolucionarias de éste y Calum chocaban directamente. El Ignoto deseaba que todo continuara tal y como lo había dejado Theodus, pero Ailfrid quería transformar la alquimia en una rama de estudio como las demás, en lugar de en toda una versión alternativa de la magia.

Estas diferencias terminaron por separarlos del todo, y Calum, viendo su trabajo menospreciado, se marchó de Skuchaín y se refugió en las montañas al norte de Calamburia, donde continuó trabajando en solitario.

Los años pasaron, y Calum, conocido como un extraño eremita por los salvajes de las montañas, llegó a reunir los doce ingredientes necesarios para la fabricación de la Piedra Filosofal. Al hacerlo el poderoso objeto fue creado, y Calum lo utilizó para obtener la juventud eterna, el primero de sus deseos. De este modo, conseguiría seguir estudiando por siempre,  fabricando nuevos elementos alquímicos.

Sin embargo, tras su uso, los doce ingredientes de la piedra filosofal se volvieron a esparcir por toda Calamburia. Calum, que pensaba que su descubrimiento tendría más de un uso, quedó desolado. La Piedra Filosofal había vuelto a deshacerse justo en el momento en el que había descubierto el más importante de sus usos: despertar al Titán.

Si el Titán despertaba, Calamburia viviría en paz y armonía por siempre, lejos de cualquier amenaza. Por eso, y aunque sabía que reunir los 12 ingredientes de la piedra volvería a costarle una o dos vidas completas, se puso de nuevo manos a la obra.

Sin embargo, esta vez no deseaba que los experimentos alquímicos le llevaran tanto tiempo, por eso decidió regresar a Skuchaín. Había escuchado de una joven alumna, llamada Aurora, sobrina de la mismísima Minerva, capaz de realizar verdaderos prodigios alquímicos. La muchacha destacaba en la materia tanto como lo había hecho él en el pasado, y podría ser la ayuda necesaria para reconstruir la Piedra en menos tiempo.

De modo que Calum, dispuesto a reconciliarse con la escuela, y ahora que Ailfrid ya no estaba al mando, viajó a Skuchaín y, presentando sus credenciales a Félix y Minerva (¡Era ni más ni menos que el fundador de los eruditos, a quien se le creía muerto!), solicitó poder trabajar codo con codo junto a Aurora y disponer del laboratorio de Skuchaín, ése que él mismo fundó, y que tanto le había servido en los momentos en los que Theodus estuvo a cargo de la torre.

Todos aceptaron, incluso Aurora, una muchacha que, de no ser por sus habilidades


LOS ALQUIMISTAS

Presentación

Son expertos en la mezcla de compuestos, en la realización de filtros, pociones, venenos y otros líquidos. Sin embargo su objetivo final no es otro que el de volver a reunir los 12 elementos necesarios para obtener el objeto más preciado para alguien de su oficio: la piedra filosofal. ¡Ellos son los Alquimistas!



La pareja

Callum

Ha permanecido muchos años encerrado en las montañas, realizando sus propios experimentos. Busca ávidamente los ingredientes de la Piedra Filosofal, pues cre que, si consigue este objeto, logrará despertar al mismísimo Titán. ¡Él es Calum El ignoto!

 

 

Aurora

Era estudiante de alquimia y ciencias en la torre arcana de Skuchaín. Sin embargo, destacaba tanto en la materia que fue seleccionada por Calum, su maestro, para la búsqueda de la piedra filosofal. Únicamente gracias a sus conocimientos llegarán a dar con el preciado objeto. ¡Un saludo para Aurora Manos de oro!

LOS HORTELANOS

Los hortelanos, esa raza primigenia del Reino de Calamburia que nunca ha destacado por nada excepcional, salvo en contadísimas ocasiones. Desde que fueron creados, no han hecho otra cosa que cultivar la tierra para producir frutas y hortalizas y, de vez en cuando, un nuevo hortelano que se dedique a lo mismo que sus antecesores.

Sin embargo, tanto Fecu como Granfel son dos de esos hortelanos que destacan por ser muy diferentes al resto, cada uno por sus causas particulares.

Granfel nació de una patata diferente a las demás. Aquella hortaliza estuvo ni más ni menos que en manos de Eme, el impromago, quien queriendo hacer a alguien “semejante a él”, lanzó sobre la hortaliza todo tipo de hechizos.

Sin embargo los días pasaron y de la patata no salió nada, de modo que Eme volvió a arrojarla al huerto de donde la tomó. Meses después, y contra todo pronóstico, nació Granfel.

El hortelano ha comenzado a entender su magia -muy débil de momento, y relacionada únicamente con la naturaleza- y ha luchado por hacerse un hueco dentro de la escuela Natura de Skuchaín. De momento no ha sido aceptado (No posee la marca arcana, aunque tenga algo de magia). Sólo espera que Eme pueda aceptarlo. Sin embargo, el mago, en su condición oscura, no ha querido saber nada del hortelano. ¿Podrá Granfel ayudarlo revertir la maldición que pesa sobre el mago a cambio de ser aceptado como estudiante?

En cuanto a Fecu, fue enseñada como a una humana, por excepcional que esto pueda resultar. La razón de todo ello es que hace ya un buen tiempo, cuando trabajaba en los campos del Rey Rodrigo IV, salvó al monarca de un jabalí que durante una cacería a punto estuvo de quitarle la vida. A cambio, Rodrigo la acogió casi como si fuera una hija. La enseñó educación, filosofía, historia… hasta llegar a transformarla en el equivalente a un humano culto. Gracias a eso, Fecu  llegó a tomar conciencia de cómo se hallaban los de su raza, y a comprender que, de alguna manera, ella era una de las pocas hortelanas que podía liberar a su pueblo.

Durante mucho tiempo, Fecu estuvo buscando la liberación hortelana… con escasos resultados. Lo cierto es que no logró atraer a muchos aliados… hasta conocer a Granfel. Otro hortelano tan diferente era justo lo que necesitaba, de modo que lo acogió y le enseñó parte de la educación que ella había aprendido.

Ahora, ambos recorren Calamburia buscando el modo de que el pueblo hortelano posea más derechos. Entretanto Granfel sigue con su lucha particular: ser aceptado en Skuchaín como el primer aprendiz de mago de origen hortelano.


LOS HORTELANOS

Presentación

Los de su condición nunca destacan por nada, y no se dedican a otra cosa que cultivar patatas. Pero ellos son diferentes. Cada uno es excepcional de alguna manera y juntos… juntos, incluso podrían cambiar el destino de Calamburia ¡Ellos son los Hortelanos!


La pareja

Granfel

Nació, como todos los hortelanos, a partir de una patata… pero no una cualquiera, sino una sometida a grandes y poderosos hechizos mágicos. Ahora destaca por ser capaz de conseguir, de vez en cuando, que algo de magia emane de sus dedos y consiga acelerar las cosechas. ¡Él es Granfel Puerroloco!

 

 

Fecu

A diferencia de los demás hortelanos, ella fue criada como un ser humano normal. Gracias a ello adquirió buenos hábitos, educación… y el firme convencimiento de que había de encabezar una revolución que, dentro de no mucho, termine por conceder derechos y libertades a todos los hortelanos. ¡Un fuerte aplauso para Fecu Breen!

LA SOMBRA REAL

El histórico Rodrigo IV tiene una leyenda negra sobre su persona. No era un pasota, como muchos le apodaron, por desaparecer literalmente del trono y dejar a Sancha al cargo del mismo, hasta la llegada de Rodrigo V, “El perturbado”. La historia que hay detrás pocos la conocen.  Es mucho más trágica que lo que se dice.

La verdad es que Rodrigo deseaba ascender al trono. Por herencia el título le quedaba cerca… aunque no lo suficiente como para reinar. Deseoso del reino de Calamburia, buscó la manera de gobernar… y se topó con el Traficante de Almas.

Van Bakari, muy divertido por la desesperación de este joven noble, le prometió el trono, a cambio de una compensación cuando éste ascendiera. Rodrigo aceptó y Van Bakari consiguió que se desposara con Sancha (el cómo hizo que ella se fijara en él es todo un misterio).

Así fue como heredó el nombre de los Rodrigo, transformándose el Rodrigo IV. Sin embargo, cuando ascendió al trono, olvidó recompensar a Van Bakari. Éste, al exigir su parte, fue expulsado de palacio. Lleno de ira, decidió cumplir una cláusula en el contrato: si el joven monarca no le recompensaba, se quedaría con su cuerpo y su alma por mil y años y un día. Rodrigo IV fue encerrado en un receptáculo. A todos se les contó la historia de que había abandonado el trono, que no le interesaba gobernar…

Durante mucho tiempo ha estado allí, atrapado en una dimensión en la que no ha envejecido ni ha necesitado comer ni dormir. En ese lugar hizo amistad con otra curiosa criatura: un mestizo de humano e hijo del dragón llamado Hisoka Ronin, quien juraba ser el mismísimo mentor de Van Bakari.

En efecto, así era. Hisoka fue quien enseñó al Traficante de Almas toda la magia que sabía. Pero en algún momento el alumno superó al maestro, y Van Bakari encerró al mestizo en su primer receptáculo, para que su poder alargara su longevidad por tiempo indeterminado.

Van Bakari se ha aprovechado de estas almas durante mucho tiempo, pero en los últimos meses un hecho sin precedentes le obligó a soltar a Hisoka: la mismísima Oscuridad se lo ha ordenado. Al parecer, ésta lo necesita. El Traficante no ha tenido más remedio que aceptar, con la pérdida de poder que eso conlleva.

Al intentar sacarlo, Van Bakari se topó con un problema: Hisoka no venía sólo, pues Rodrigo IV se aferraba a él intentando salir también. El rey, desesperado, hizo una nueva promesa al Traficante: si le dejaba salir, ésta vez le daría lo prometido: poder en el trono de Calamburia. Van Bakari no suele conceder segundas oportunidades, pero esta ocasión parecía prometer mucho divertimento. ¿Cómo se comportaría Rodrigo IV frente al trono de Urraca y Sancha? La oportunidad de ver un espectáculo semejante resultó demasiado tentadora, de modo que liberó a los dos.

Ahora Rodrigo IV e Hisoka se esconden en el Palacio de Ámbar, buscando la oportunidad de conseguir el poder y alzarse en pos de algo que los dos anhelan: el trono de Calamburia.  



LA SOMBRA REAL

Presentación

Hace mucho que se les creía desaparecidos… incluso muertos. Sin embargo, han escapado de la prisión mágica en la que estaban encerrados. Ahora esperan recuperar aquello que les fue arrebatado: el mismísimo trono de Calamburis. ¡Saludad a la Sombra Real”


La pareja

Rodrigo IV

Todos le daban por muerto, porque creían que dejó el trono en manos de su sucesor. La realidad, sin embargo, es que su alma y su cuerpo fueron apresados por culpa de no leer la letra pequeña de un contrato. ¡Saludad, gentes de Calamburia, a Rodrigo IV!

 

 

 

Hisoka Ronin

Su raza, los hijos del Dragón, quedó extinta hace muchos, muchos años. Él, sin embargo, ha permanecido todo este tiempo encerrado en un receptáculo mágico. Ahora que ha salido, piensa poner en marcha el plan que lleva perfilando tanto tiempo, y que someterá toda la tierra bajo su poder. ¡Él es Hisoka Ronin, La sombra!

135 – LA PIEDRA NEGRA

– Sáltate la parte tediosa y ve al grano. Tengo cosas muy importantes que hacer – dijo con voz aburrida Aurobinda.

– ¡Por supuesto, jefa de estudios! – contestó rauda Sirene.

La sala se hallaba abarrotada de libros, velas y jaulas con formas extrañas. Varias de ellas estaban ocupadas por duendes entristecidos, con los gorros ladeados y las orejas caídas. Las jaulas vacías parecían indicar que habían contenido otros ocupantes y ya no, aunque su destino resulte incierto y un tanto inquietante.

– Siguiendo sus órdenes, hemos estado investigando y analizando los duendes. Sabemos cómo invocarlos pero realmente nunca hemos investigado el efecto opuesto. Mi teoría es que hay una manera de revertir el proceso y aspirar la esencia de los duendes antes de que sean devueltos al mundo faérico al que pertenecen.

– ¿Estás sugiriendo de que podríamos absorber su poder? – preguntó Aurobinda, repentinamente interesada.

– ¡Sí! – respondió Sirene. Aunque se hubiese vuelto profundamente malvada, seguía ansiando que la reconocieran como la estudiante aplicada que era.

– Conseguir el poder de Baufren y eliminarlo a la vez… – masculló por lo bajo Aurobinda, saboreando las palabras -. Muy bien. Seguid investigando. Debo reunirme con los Consejeros para rematar detalles. Los pequeños Impromagos ya han descifrado el hechizo, con un poco de nuestra ayuda, y pronto se escabullirán con sus aliados a realizar el ritual. Debemos estar preparados.

Sin despedirse, Aurobinda salió apresuradamente de la sala mientras su mente maquinaba distintas torturas que practicar al Duende Mayor antes de absorber toda su fuerza.

Al poco rato, apareció Eme, resollando, como si hubiese corrido una larga carrera.

– ¿Llego tarde a la reunión de Aurobinda? – dijo mirando a su alrededor con su habitual cara de tonto.

– Sí. Me ha dado tiempo a preparar todo el ritual mientras tú no estabas, torpe – le contestó Sirene muy ufana desde el fondo de la habitación.

Eme miró a su alrededor, sorprendido por el despliegue de jaulas de su alrededor. Centró su atención en un pentagrama dibujado en el suelo, similar al que ciertos Impromagos dibujaron en el sótano de Skuchaín para transformar a Pelusón, pero mucho más tenebroso e intrincado. En el centro del pentágono se hallaba atado un duende con una mordaza, debatiéndose inútilmente.

– ¿Y todo esto? ¿Qué vas a hacer? – dijo Eme, boquiabierto.

– Mientras tu comías y hacías trastadas por ahí y Telina cubría tus espaldas, yo he estado investigando – le dijo con voz de sabionda Sirene, emergiendo de detrás de una jaula.

– ¿Vas a invocar algo?

– No. Voy a absorber su poder. Para que Aurobinda me recompense. Y así…así quizás dejo de tener esos sueños raros – comentó con aire ausente, mientras se acariciaba el collar del cuello sin darse cuenta. La piedra negra parecía reflejar la luz malévolamente.

Sirene se giró hacia el pentagrama y empezó a agitar la varita en intrincadas formas mientras los duendes de la sala se aplastaban en el extremo más alejado de su jaula, mirando con ojos como platos el experimento de la joven.

– ¡Eme! ¡Debes impedirlo! – dijo una vocecilla cercana, proveniente de una jaula. Se trataba de Eneris, que le miraba suplicante.

– No, no puedo. Sirene es siempre la lista y la que manda, y es mejor que yo obedezca – respondió Eme, agitando la cabeza -. Es como si no pudiese desobedecer sus órdenes. Además, ahora soy malo.

– Tú no eres malo, Eme, y mamá tampoco. Tu puedes liberarte, pero a ella… a ella le pasa algo raro. ¡Creo que es ese collar!

Sirene seguía salmodiando, agitando la varita. El duende del centro del pentagrama levitó en el aire mientras su cuerpo se desintegraba y empezaba a ser absorbido por Sirene.

– ¡Ah! ¡Este poder! – gritó Sirene -. Pero no es suficiente. Necesito más.

– Oye Sirene, ya has demostrado que funciona. Vamos a contarle a Aurobinda que ha funcionado y….

– ¡No! – le respondió ella con los ojos cerrados, mientras los últimos zarcillos de energía entraban en su interior -. No necesito a Aurobinda. No necesito a nadie. Si devoro a todos los duendes de aquí, quizás logre ser más fuerte que ella. ¡Y salvaré al mundo con mi fuerza!

El colgante de Sirene brilló con una luz oscura y palpitante, ansiando más y más poder. La Impromaga abrió los ojos y señalando a los duendes, empezó a absorberlos mientras las energías del pentagrama se desataban.

– ¡Oh no! ¡Tienes que detenerla Eme! ¡Se los va a comer a todos! ¡Y a mi también! – gimió Eneris, sujetándose el sombrero.

– Pero yo…soy tonto y débil. Sirene sabe lo que hace. Tengo que dejarla hacer sus cosas – se resistió, dudoso, el Impromago.

– Mamá no va a poder controlar todo ese poder. ¡Puede que muera, Eme! ¡Tienes que ayudarla!

Eme pestañeó ante la idea de perder a su amiga. Sentía la mente un poco más clara que en los últimos meses, quizás porque Sirene estaba ocupada absorbiendo la energía de los duendes y no embotando sus pensamientos.

– No sé qué hacer. Ella es la lista, ella es la que piensa en estas situaciones.

– Tuviste a Theodus dentro de tí. Y eres valiente, ¡yo lo he visto! Puedes hacerlo Eme, puedes ayudarla y protegerla de sí misma.

Sirene empezó a crepitar de poder, levitando suavemente mientras aspiraba duendes con mayor avidez. Chorros de energía oscura manaron del colgante, como si no pudiese contener toda la oscuridad de su interior.

– Tendré que usar su propia magia. Tendré que usar la Oscuridad – dijo Eme.

Con un grito, el Impromago lanzó un rayo de energía de su varita para captar los charcos de energía oscura que se acumulaban por el suelo, devorando jaulas y duendes por doquier. Empezó a sorber aquella magia, se introducía por su cuerpo y sus venas se marcaban negras mientras seguía bebiendo y bebiendo de ese manantial infinito. Sirene se dió cuenta y se giró para encararse a su amigo, el cual tenía las pupilas negras pero un semblante decidido.

Ambos empezaron a lanzarse hechizos, pero a pesar de que Sirene había absorbido la energía de muchos Duendes, Eme tenía en su interior los resquicios de la fuerza de un archimago y con la ayuda de la energía oscura, los lanzó contra su amiga.

El impacto fue colosal, y propulsó a Sirene al centro del pentágono. Eme hizo acopio de toda la energía Oscura que poseía y cerró las manos trabajosamente, como si realmente hubiese algo físico entre ellas mientras que una cúpula tenebrosa emergía a los lados de Sirene. Las paredes se fueron estrechando mientras Eme apretaba las manos, empequeñeciendo más y más la cúpula.

– ¡No puedes encerrarme para siempre como hizo Theodus, Eme! ¡No funcionó con Aurobinda y Defendra y no funcionará conmigo! ¡No puedes hacerlo! ¡No puedes….! – los gritos de Sirene se vieron cortados en seco cuando Eme logró juntar por fin sus manos y con un sonido de succión, la cúpula se comprimió hasta tomar la forma de una piedra negra.

El silencio invadió la sala. Los duendes supervivientes cuyas jaulas se habían roto empezaron a ayudar a los demás. Eneris se acercó a saltos a Eme, agitando sus pequeños puños en júbilo.

– ¡Eres el mejor, Eme! ¡Usaste la propia oscuridad para atraparla! ¡Ahora hay que encontrar una manera para anular el poder del collar y liberar a mami – celebró la pequeña duende. Pero su cara cambió al mirar a Eme -. Oye, ¿Estás bien?

La oscuridad iba disipándose de las venas del Impromago, pero parecía estar calando en su interior. Usar semejante magia tenía un precio: podía corromper a su usuario. Sirene lo había sentido en sus propias carnes, como un día les ocurrió a Aurobinda y Defendra. Y ahora, le tocaba a él.

– No vamos a liberarla – dijo Eme con una sonrisa, mirando al infinito -. Ahora estoy yo solo como ayudante de Aurobinda. Soy mucho más fuerte que Sirene. Y pronto, seré mucho más fuerte que nadie. Tan fuerte que la propia Oscuridad me suplicará piedad.

Eneris se empezó a apartar discretamente de su amigo.

– Me das un poco de miedo con esa mirada de loco. ¿Qué pasa, tienes hambre?

– ¿Hambre? Sí – respondió riendo como un loco -. De poder. ¡Y poder tendré! ¡Todos lo veréis! ¡Seré el más poderoso archimago de la tierra y todos me temeréis! Debo ir a contarle a Aurobinda el fracaso de Sirene.

Eme salió con paso brioso de la sala, con la mirada de locura todavía perdida pero con una sonrisa lobuna en la cara. Eneris lo vió partir con tristeza, pensando que todo esto había ocurrido por su culpa. Cogió con delicadeza la piedra negra del suelo y acunándola entre sus brazos dijo con tristeza.

– ¿Y ahora qué vamos a hacer, mami?