La historia de las ondinas es una crónica marcada por la melancolía de las profundidades, el peso insoportable de la culpa y un esfuerzo desesperado por la redención en un mundo que aún las mira con recelo. Durante siglos, esta raza faérica fue respetada y admirada por su conexión mística con las aguas y su inquebrantable fidelidad a la Dama Blanca, pero todo cambió tras el evento catastrófico conocido como el Pulso Abisal. Esta traición, que puso al resto del mundo faérico al borde de la aniquilación, no fue perpetrada por un enemigo externo, sino por una de las suyas: Escila, quien regresó de entre los muertos para usurpar el cargo de Dama Turquesa y abrir paso a las huestes abisales.
Pero Escila no siempre había sido un ser retorcido y de corazón negro. Antes de ser absorbida por el abismo y devuelta la mundo, había sido la mayor de tres hermanos y una de las guerreras más fieras del ejército de Airlia, la anterior Dama Turquesa. Sus hermanos pequeños se llamaban Loncilo y Aldara y, tras la prematura muerte de sus padres, fueron criados por la bondadosa y fiel Escila. El resto de la historia y la traición de Escila que llevó a su raza al borde de la extinción, vinieron después, pero todavía habitan en las pesadillas de sus hermanos.
Loncilo, el segundo, es un experimentado guerrero ondino que hoy camina entre los vivos como un espectro de lo que fue. Es un maestro absoluto del tridente, capaz de invocar torbellinos devastadores que atrapan a sus presas antes de asestar el golpe de gracia, pero su verdadera maestría se forjó en el dolor. Durante los días más oscuros de la guerra, Loncilo lideró lo que quedaba de la resistencia ondina, refugiándose en los arrecifes para combatir a las huestes abisales comandadas por su propia hermana.
Aquella guerra dejó en él cicatrices que el agua salada no puede limpiar. Loncilo sufre lo que muchos describen como un constante destello de horror; sus pesadillas lo transportan una y otra vez al momento en que la Madre del Abismo lo tragó por completo. Durante un tiempo que pareció una eternidad, Loncilo habitó en la oscuridad más profunda que existe, un vacío absoluto donde la luz bioluminiscente de las algas no llega y el sonido del mar se apaga por completo. Aunque logró volver a la vida tras la derrota de la entidad a manos de los tecnomagos, Loncilo nunca recuperó su antigua esencia. Su mirada está perdida en el horizonte submarino, siempre vigilante ante la posibilidad de que el abismo decida reclamarlo de nuevo.
Junto a él se encuentra Aldara, su hermana pequeña, cuya historia es una lucha constante contra el síndrome del impostor y la sombra de una traición familiar. Aldara es una guerrera excepcional, una maestra de las artes marciales submarinas que ha compensado su falta de magia con una disciplina física sobrehumana. A diferencia de otras ondinas que poseen dones naturales para crear ilusiones complejas, manejar el agua o incluso alterar el flujo del tiempo, Aldara nunca ha logrado desarrollar su don ondino. Esta carencia la atormenta diariamente, especialmente desde que fue elegida como la nueva Dama Turquesa.
La elección de Aldara para este puesto de alta dignidad faérica es una fuente de conflicto interno constante. No solo siente que no está a la altura por su falta de poderes mágicos, sino que vive con la carga de haber heredado el título que una vez ostentó su hermana mayor, la traidora Escila. Cada vez que Aldara se coloca los ornamentos de la Dama Turquesa, siente que el pueblo faérico no ve a su nueva líder, sino el fantasma de la mujer que casi destruye su civilización. Su determinación por demostrar su valía la ha llevado a entrenar hasta el agotamiento, buscando en la fuerza de sus golpes la legitimidad que siente que su sangre le ha arrebatado.
En el centro de este torbellino se halla Leira, el espíritu protector de las ondinas. Su forma espiritual es la de una medusa luminiscente de enormes proporciones, cuya luz es un faro de esperanza en las sombras del océano. Leira es, sin duda, el espíritu faérico más noble, cándido y optimista que jamás ha existido, una cualidad que a menudo llega a exasperar a los miembros de su propia raza, quienes están sumidos en la amargura. Leira tiene una fe inquebrantable en la justicia, lo que la lleva a elegir siempre a la Dama más justa, sin importarle la familia de proveniencia, una práctica que suele causar tensiones con otros espíritus protectores más tradicionales que prefieren la garantía que da un buen linaje.
La historia reciente de Leira es una de resistencia y sacrificio. Durante la rebelión de Escila, el espíritu protector fue asesinado por la traidora para eliminar cualquier obstáculo en su camino hacia el poder abisal. Sin embargo, la naturaleza de Leira es milagrosa; posee la capacidad de regenerar su cuerpo por completo, un proceso que completó tras la caída de la Madre del Abismo. Desde su regreso, Leira ha adoptado una postura de positividad extrema, convencida de que si las ondinas encaran la reconstrucción del mundo con optimismo, todo saldrá bien por una suerte de providencia mística.
Pero no hay que confundir su candidez con estupidez. Leira tiene un plan estratégico muy claro para restituir la reputación perdida de su pueblo: congraciarse con todas las razas y civilizaciones que fueron dañadas por las ondinas durante el Pulso Abisal. Como parte de este esfuerzo diplomático, Leira utiliza sus vastos conocimientos en alquimia y filtros mágicos. Ella es la creadora de una poderosa pócima que, vertida sobre dos superficies de agua, permite conectarlas místicamente durante las noches de luna llena.
En un acto de buena voluntad, Leira instó a Aldara a regalar este filtro mágico a los herederos de la Reina Urraca: los piratas y las arenas; permitiendo que los hermanos Ashrak y Shaleera mantuvieran el contacto a pesar de su separación forzosa entre la isla de Kalzaria y el desierto de Al-ya-vist. Este es solo uno de los muchos filtros que Leira guarda en su manga, utilizándolos como herramientas de paz y reconstrucción política. Sus tentáculos, además, reflejan su estado de ánimo y propósito, pudiendo ser urticantes cuando se siente atacada o profundamente curativos para sanar las heridas de sus aliados cuando siente el temor de perder a un ser querido.
A pesar de este despliegue de generosidad, el objetivo final de este trío es algo más oscuro y personal que el que se atreven a declarar: encontrar a Escila. Leira, Aldara y Loncilo saben que mientras la traidora siga libre, la mancha sobre su nombre nunca desaparecerá del todo. La búsqueda de Escila no es solo una misión de justicia, sino un rito de purificación necesario para que las ondinas puedan volver a mirar a los ojos a la Dama Blanca y al resto de las razas de Calamburia y el Reino Faérico sin sentir el peso de su pasado.
En el torneo actual, las ondinas participan con un propósito doble: demostrar que son aliadas leales y fiables frente a la creciente amenaza de la oscuridad, y utilizar sus habilidades únicas para demostrar que el honor de la Dama Turquesa ha sido restaurado. Mientras Loncilo lucha contra sus recuerdos de la oscuridad abisal y Aldara golpea con la fuerza de quien quiere enterrar un pasado vergonzoso, Leira sigue flotando con su luz vibrante, recordando a todos que incluso después de la traición más profunda, el mar siempre tiene el poder de regenerarse.
LAS ONDINAS
Presentación
Emergiendo de las profundidades marinas de Tealia, este trío/pareja busca redimir el honor de su estirpe tras la catástrofe Abisal. Valientes y decididos, guiados por una luz de esperanza usarán la fuerza de la concordia para reparar sus errores del pasado. ¡Respirad hondo, pues aquí llegan las Ondinas!
El trío
Loncilo
El es un maestro del tridente y generador de torbellinos para atrapar presas. Dicen que luchó con valor en la resistencia, pero que la oscuridad que contempló aún le sigue atormentando. ¡Admirad y compadeceos de Loncilo, el que miró al abismo!
Aldara
Ella es justa, sabia y una experta en artes marciales submarinas y disciplina física extrema, con lo que trata de compensar su falta de talento para la magia ondina. ¡Reverenciad a Aldara, la nueva Dama Turquesa!
Leira
Es el espíritu que guía y protege a la raza de las ondinas, capaz de regenerar su cuerpo y sus tentáculos son curativos o mortales según su estado de ánimo. Por suerte, mantiene siempre una positividad extrema… incluso a veces exasperante ¡Regocijaos ante la reconfortante luz de Leira, el Espíritu Protector de la Ondinas!









