109. TÍTERE SIN CABEZA

Todo Calamburiano ansiaba solo una cosa: que terminase la dura jornada de trabajo para poder volver a su acogedor hogar. Pero no todos eran tan afortunados de tenerlo, o al menos, uno que mereciese la pena. Es por eso que muchos acababan amontonados en tabernas como la Taberna Dos Jarras, igual que pelusas arrastradas por el viento.

Generalmente Ébedi Turuncu apostaba por músicos callejeros o saltimbanquis: artistuchos de poca monta fáciles de pagar y de despachar si la situación lo necesita. Pero Edmundo, el nuevo trabajador del local y amante de la Tabernera quería promover otro tipo de entretenimiento. Como fanático de las gestas de caballerías, sabía que no había nada tan épico y tan glorioso como el teatro. Es por eso que, sobre un escenario destartalado al fondo de la taberna, se alzaba un pequeño artefacto con un teatro portátil, del que se descorrieron dos pequeñas cortinas. Una marioneta surgió de sus profundidades, muy emperifollada y empezó a declamar.

– ¡Acercaos buenas gentes, acercaos! Venid a presenciar la trágica historia de un linaje Maldito, de un Rey Desdichado y un sino funesto y cruel.

La muchedumbre se agolpó alrededor del escenario. Los parroquianos del lugar siempre buscaban maneras de matar el tiempo que no fuese mirando su jarra de cerveza.

– Veréis, todo empezó una oscura noche de solsticio de primavera…

El escenario cambió y mostró un fondo de papel y cartón pintados burdamente. Una marioneta que recordaba vagamente al Rey Comosu, por la C de su frente y la torcida corona de su cabeza empezó a caminar por el bosque.

– Antes de ser un hombre portentoso y derrotar a criaturas casi omnipotentes como el Dragón o el Leviatán, nuestro amado Rey fue un niño confuso, desorientado y enfermo. Pasaba sus días refugiado en el bosque y recibiendo toda clase de lecciones y tutelas por parte de los Capellanes, que habían sido bendecidos con tan sagrada misión por parte de la mismísima Curia de la Iglesia del Titán.

Dos marionetas de los capellanes aparecieron brevemente, agitando sus capas rojas con enfado.

– Más aquella noche, el Titán estaba dormido y solo la luna arrojaba su luz sobre el desdichado Comosu. Caminó más lejos que de costumbre, perdido en sus confusos pensamientos, notando la sangre maldita de su linaje latiendo en su interior. Pero sus pasos le llevaron a una oscura cueva, de la que emergía un misterioso y embriagador cántico.

El escenario cambió, oscureciendo el pequeño teatro de títeres. Una voz masculina empezó a entonar una nana por lo bajo.

– Se trataba del hogar de las Nornas, un trio inquietante y veleidoso que podía ver el presente, pasado y futuro. Sus predicciones nunca fallaban, más por desgracia, no eran evidentes de entender para el común de los mortales.

Tres marionetas con túnicas emergieron de las sombras, danzando las unas alrededor de las otras. Sus voces se entremezclaban y era imposible saber a cuál pertenecía exactamente.

– Un joven mortal viene a nuestra cueva.

– Pero no cualquier mortal, el futuro Rey.

– Otro descendiente de los primeros Hombres, que se unirá con una Salvaje.

– No conocerá la felicidad, ni podrá disfrutar del amor.

– ¡Decidme, extrañas criaturas! Parecéis saber mucho sobre mí, pero contestadme a esto: ¿Tendré descendencia? ¿Tendré el privilegio de tener una familia?

Las marionetas empezaron a girar más y más rápido, con sus voces cada vez más aceleradas y agudas.

– ¡Tendrás un hijo, si, fuerte y recio! Más sus madrinas le darán un terrible regalo.

– ¡Tu madre volverá al hogar, sí! Te convertirás en lo que siempre quiso, un instrumento de venganza y se arrepentirá toda su vida.

– ¡Conocerás el amor! Pero nunca podrás disfrutarlo.

– ¡Oh, que terribles noticias, crueles Nornas! ¿Acaso no hay alguna manera de evitar tan siniestro destino?

El público estaba completamente absorto, mirando con fijeza los muñecos de trapo que parecían cobrar vida ante los ojos de borrachos y analfabetos. Un aura casi mágica rodeaba el pequeño teatro de títeres, pero no había nada sobrenatural implicado en todo esto: únicamente arte e ingenio.

– ¡Lo hay! – gritaron todas al unísono –. La única solución es…

– ¡Un giro trágico de acontecimientos! – gritó una marioneta emergiendo detrás de las Nornas.

Apartándolas de un empellón, el nuevo muñeco de trapo ocupó toda la escena, ante la mirada del trastocado Rey Comosu de trapo. Se trataba de una marioneta desgastada, deshilachada y vieja pero que se movía muy ufana por el escenario.

– ¡Saltémonos esta parte aburrida y vayamos al meollo del asunto! Buenas gentes de Calamburia, os hablo del momento en el que el Rey Comosu y sus aliados asaltaron el Palacio de Ámbar, pasando a cuchillo a todo el que oponía resistencia. ¡Si, el niño Rey! Manipulado como otras marionetas, había sido empujado por la Capellanía y su amargada madre a la sala del Trono de Ámbar, donde le aguardaba su padre, medio loco por la pena y la terrible maldición que le poseía y la vil Reina Urraca, viendo como todas sus pesadillas se hacían realidad. Comosu, con la frente latiendo con la marca del Titán, exilió a su padre y a su malvada tía para…

Una figura se incorporó del teatro de títeres a gritos, quitándose de encima telas, hilos y bártulos diversos.

– ¡Janik! ¿Se puede saber qué demonios haces?¡Ese no es el texto! – exclamo el artista bullendo de furia.

Una cabeza se asomó por uno de los costados y le replicó muy contrita.

– ¡Bilko, hermano! ¡No soy yo! Yo estoy con las Nornas…es… es Ziju.

– ¡No me vengas otra vez con la historia de tu estúpida marioneta!

El público empezó a abuchear al entender que no hacía parte del espectáculo. Los borrachos despertaron de su trance y empezaron a lanzar desperdicios sobre los actores.

– ¡Patanes! ¡Incultos! ¡Rufianes analfabetos! – empezó a gritar la pequeña marioneta -. ¡No sabéis nada del arte y del teatro!

Los desperdicios empezaron a llover sobre los actores, se apresuraron a recoger el escenario portátil y empezar su retirada mientras se protegían con sus andrajosas capas. La marioneta seguía encarándose al público insultando a los parroquianos con elaborados versos. Edmundo asomó su espigado cuerpo por encima de la multitud, señalando con gestos la puerta trasera. Los dos artistas se escabulleron por la puertecilla mientras los abucheos se convertían en una auténtica pelea, probablemente causada por algún borracho envalentonado.

Edmundo apareció al rato, cerrando la puerta tras de sí. La salida daba a una cuadra donde los clientes más acaudalados enganchaban sus caballos.

– A mi me estaba gustando mucho vuestro arte, pero es que aquí la gente es mu borrica… – dijo lamentándose Edmundo.

– No se preocupe, Maese Edmundo. Estamos acostumbrados a que no se valore nuestro arte como se merece.

– ¡Si es que eso que hacéis se puede llamar así! No me extraña que salgamos escaldados de todas las tabernas y recintos varios, ¡vuestra prosa dormiría hasta a los Seres del Aire, y eso que llevan aburriéndose miles de años! – escupió con desprecio la marioneta, agitándose con ira en el extremo del brazo de Janik.

– ¡Zulji, no seas tan duro! Las tres voces de las Nornas me estaban saliendo bien por una vez – dijo lamentándose Janik, tratando de agarrar la marioneta con la otra mano con escaso éxito.

Edmundo se quedó absorto mirando aquella pequeña representación, con la marioneta esquivando la mano libre de su dueño e insultándolo con toda clase de coloridos adjetivos.

– Esto… ¿esto pasa mucho? – preguntó extrañado.

– Más de lo que me gustaría – dijo chasqueando la lengua cansado -. Pero desde que nos echó de la corte la Reina Sancha III, Janik es lo único que me queda. Aunque a veces me pregunto si no estaría mejor solo.

Con un grito de triunfo, el comediante logró apresar la marioneta y la sacó de su mano, convirtiéndola en un muñeco de trapo inerte y aparentemente sin vida.

– Pues debo decir que tiene talento – dijo Edmundo sonriendo bobaliconamente.

– ¡No soy yo! Es esa estúpida marioneta que me amarga la existencia. Dice que es el alma de un dramaturgo reencarnado, o qué se yo. Lo único que quería esta noche es cenar caliente y dormir bajo techo – dijo desánimado Janik.

– Brujas, Dragones… y ahora, marionetas que hablan. Lo habré visto todo – dijo Edmundo, bastante satisfecho consigo mismo -. Pero no os podéis quedar aquí, os lincharían. Tomad unos calamburos, espero que tengáis más suerte en la próxima taberna.

La puerta se cerró tras el Tabernero, dejando a los dos comediantes en la penumbra, acompañados por el suave tufo y relinchar de los caballos. Recogieron en silencio sus pertenencias y ajustaron bien el hatillo de ropas y cachivaches que les servía de equipaje. Juntos, con Zulji colgando del cinto, emprendieron su camino en búsqueda de un lecho caliente y un mendrugo de pan seco.

108. UN GRITO DE AYUDA

El ambiente bajo la tienda hecha de pieles y carcasas de animal era agobiante y opresivo. El humo de la fogata central invadía el habitáculo y escocía los pulmones de los presentes, pero nadie tosía. Nadie movía un solo músculo, de hecho.

Las criaturas ahí congregadas eran extrañas y antinaturales. Un oso, un lobo tuerto y un águila ocupaban la mayor parte de la tienda, aunque aún quedaba sitio para dos criaturas más. Frente a ellos estaba sentada Dorna, con la barbilla alzada en un gesto desafiante.

– Honramos la memoria de los ancestros – dijo el oso con una voz grave y profunda.

– La honramos – repitieron los tres a coro.

– Invocamos la sabiduría de nuestro padre, el Titán.

– Guíanos, padre.

– Lloramos la partida de nuestros hermanos.

– Escorpión y Serpiente, los Exiliados.

– Habla pues, Dorna, hija de los Reyes Errantes – dijo el oso lanzando algo a la hoguera que chisporroteó y cambió las llamas a un color azulado.

La escena cobró un tinte antinatural a luz de aquel frío color. Pero Dorna no se amilanó.

– Jefes de clan, acudo en vuestra ayuda. Los sureños nos comen terreno cada día y ponen en peligro nuestra misma existencia.

– ¿Lo hacen, antigua Jefa de Clan? – graznó el águila.

– ¿O quizás tenemos que buscar más cerca, entre los nuestros? – ladró el lobo mostrando los dientes.

– ¡No habéis visto lo que yo he visto! Los sureños viven en auténtica decadencia. Tienen casas de placer donde satisfacer sus vicios, usuarios de la magia campan por doquier… sus líderes son corruptos, agresivos, sedientos de sangre.

– Tú llegaste a ser su líder, Dorna. ¿Acaso no estás tu también sedienta de sangre? – preguntó el Oso, aunque parecía sentenciar.

– ¡Solo busco recuperar lo que me robaron! ¡Mi hijo! ¡Un Salvaje, como vosotros! ¡Un Hijo del Titán, una semilla de la mismísima tierra! – gritó Dorna, casi abalanzándose sobre sus interlocutores.

– La venganza solo lleva a la destrucción, antigua Jefa de Clan – dictaminó el Oso -. Tu cuerpo rebosa de ella y el hedor pestilente de la violencia te acompaña allá donde vas.

– ¿Qué sabréis vosotros? ¡Yo fui elegida por el Titán! ¡Me entregó su marca! He tratado de tomar las decisiones más sabias entre las opciones que el destino ha mostrado ante mí. Fui fuerte donde cualquiera habría sido débil. Fui piedra cuando el resto decidió ser agua. Fui un tifón cuando mis semejantes fueron una leve brisa.

– El débil medita sus acciones y sus consecuencias – graznó el águila.

– El agua termina erosionando la piedra tras el paso de los eones – aulló el lobo.

– La leve brisa es aceptada por los árboles y las criaturas. Todos aborrecen la destrucción del tifón – resopló el oso.

– ¿Qué soy entonces, Jefes de Clan? ¿Una necia?

– Eres la Líder de Clan que se convirtió en Princesa de los Reyes Errantes por primera vez en muchas centurias. Guiaste a parte de nuestro pueblo más allá de las montañas y bajaste a las llanuras para evitar el descontrol de los sureños. Fuiste esperanza – recordó el águila.

– Eres la primera Salvaje en ocupar un trono sureño desde que el mundo es mundo. Uniste ambos mundos sin consultarlo con el resto de tu pueblo, fruto de tu ambición. Fuiste duda – puntualizó el lobo.

– Eres la primera Salvaje humillada públicamente con el peor de los castigos: la pérdida de su descendencia. No solo eso, sino que usaste al pueblo Salvaje para recuperar a tu hijo en incontables batallas y masacres. Los cuerpos de muchos llenan el fondo del mar, sus espíritus jamás podrán descansar en la tierra. Otros se han mezclado con esa escoria a la que llaman piratas y han olvidado nuestro modo de vida, y todo por culpa de tu sed de venganza desmedida. Eres decepción – sentenció el oso, inclinándose hacia adelante, con sus dientes brillando a la luz azulada de la fogata.

Dorna se quedó sin habla. No supo que responder ante esas acusaciones, porque eran todas ciertas. Lo único que le importaba en este mundo era recuperar a su hijo. Es cierto que antes había tenido otros objetivos, pero ahora Juliok era como una antorcha que guiaba su camino y que amenazaba con consumir todo lo que la tocase.

– ¿No me ayudareis entonces, Jefes de Clan? – dijo Dorna, con los dientes apretados por la furia y la humillación.

– El Clan de los Picos Nevados no te ayudará – repuso el águila.

– El Clan de los Lobos de Hielo no te apoyará – dijo el lobo.

– El Clan del Oso Pardo no lo consentirá – dijo el oso -. Tú y tus seguidores quedáis expulsados de estas montañas. Sufrirás el mismo destino que nuestras hermanas del pantano, la Serpiente y nuestros hermanos del desierto, el Escorpión. Has aprovechado los recursos de tus hermanos y hermanas hasta sorberles el tuétano. Pero nunca más te seguiremos. Los Jefes de Clan han hablado. El Titán vigila.

– El Titán vigila – corearon los tres.

Dorna no esperó a que los tres acabasen la ceremonia y se levantó con furia agarrando su cayado. Levantando las pieles de un empellón, salió de la tienda hirviendo de rabia.

Corugan se levantó del tocón en el que se hallaba sentado. De un solo vistazo, entendió el estado de ánimo de su reina y su mirada se entristeció asemejándose a la de un cachorro abandonado. Al verla a la luz de las estrellas aguantando las lágrimas de frustración, gruñó con un ruido sordo y se dirigió hacia la tienda de campaña.

– No, Corugan. Esos viejos estúpidos no tienen la culpa de estar anclados en la tradición.

El belicoso chamán la miró preocupado e intentó ponerle una mano en el hombro. Dorna se zafó violentamente.

– ¡Déjame! Vine aquí en búsqueda de mi pueblo, pero veo que estoy sola. Siempre lo he estado – escupió la Salvaje mirando amenazadoramente a la luna. No vio como su chamán se encogía como si le hubiesen dado un golpe físico y la miraba con una mirada de infinita tristeza.

Sin mirar atrás, dejando caer su cayado, Dorna echó a correr. Corugan ni siquiera hizo amago de seguirla, sumido en sus pensamientos.

Corrió como hacía años que no lo hacía, cuando perseguía a sus presas por cañadas y precipicios. Corrió bajo la luz de la luna, con su larga melena azabache al viento, sus pies martilleando el suelo y su respiración agitada perdiéndose en el gélido aire nocturno.

Finalmente se detuvo en un tenebroso claro, donde los rayos de la luna iluminaban con timidez y aprensión. Se derrumbó en el suelo y aporreó la tierra con saña. Nadie entendía su pérdida. Nadie entendía que le habían arrebatado una parte de su ser. Ni siquiera la tierra entendía lo que sentía, ni sus semejantes pensaban ayudarla. La antorcha de su interior prendió aún más fuerte, amenazando con consumir su misma alma, poco le importaba.

– ¡Maldito seas, Titán! ¿De qué me sirve ser tu elegida si no escuchas? ¿De qué me sirve mi sangre si nadie oye? ¿De qué sirven mis actos si para ti no existo? ¡Nunca nadie me ha escuchado! – gritó al cielo, vomitando toda su rabia hacia los astros que titilaban en la bóveda celeste.

Sus gritos rebotaron por entre los árboles. Dorna se acurrucó en el suelo, temblando, presa de una repentina debilidad. Estaba sola. Sus gritos habían sido vanos y sus sueños rotos.

Pero notó una presencia. Alzó la cabeza poco a poco y miró por entre sus cabellos enmarañados. En el centro del claro, había una forma, tapada por las sombras.

Dorna pensaba que sus gritos jamás serían escuchados por el Titán. Y estaba en lo cierto. Fue otra cosa la que se vio interesada por su ambición.

La Oscuridad, como siempre hace, escuchó.

Las Reinas Regentes

            Poco podía imaginar Sancha III, madre de Reyes, que después de retirarse de su mandato tendría que regresar al trono. Ella vivía en la tranquilidad del retiro, en una pequeña villa cerca de Siahuevo. Por supueto, no es que estuviera apartado de todo lo concerniente a los asuntos de la corona, pero Urraca había demostrado en varias ocasiones ser una reina excelente: sabía combinar a la perfección sus cualidades como estratega, fría mandataria e implacable comandante de los ejércitos. Así pues, Sancha podía confiar en que su sucesora haría bien el trabajo de gobernar y que, a menos que ocurriera una desgracia, ella no tendría que preocuparse por el trono de Calamburia.

Y entonces esa desgracia ocurrió: una mañana, uno de sus mensajeros le trajo la noticia de que Urraca había sido destronada, y que vagaba como una vagabunda por la tierra de Calamburia. Al principio Sancha no creyó esta noticia, pero pronto pudo comprobar que, en efecto, los rumores eran ciertos. Urraca había caído hasta el estrato más bajo de la sociedad, y sobrevivía comiendo sobras y buscando refugio bajo los puentes, en el interior de cuevas y en casas abandonadas.

A partir de entonces Sancha se dedicó a buscar a la antigua reina. ¡No podía consentir que Urraca estuviera en este estado! La rastreó por todo Calamburia, enviando agentes que buscaran por las calles, que oyeran los rumores en los mercados y que sonsacaran a los borrachines en las tabernas…

Y finalmente dio con ella.

Urraca había sido acogida por dos pobres diablos que, como ella, sobrevivían robando y rebuscando entre la basura. Al descubrirla viviendo de aquella manera, Sancha quiso castigar a quellos desgraciados con cuarenta azotes a cada uno, pero Urraca no se lo permitió. ¡Cómo iba a maltratar a los dos hombres que la cobijaron en sus momentos más crudos! No, ellos merecían algo mucho mejor. Una auténtica recompensa.

Hoy dia esos dos desposeídos son ni más ni menos que los nuevos porteros de la Puerta del Este.

En cuanto a Urraca y Sancha, recuperaron el trono por supuesto.

Mucho más que eso: crían al hijo de Urraca para transformarlo en el próximo heredero de Calamburia. Un niño que, según cuentan algunos rumores, no es verdaderamente el hijo de Urraca.

Está prohibido en todo el reino que este rumor se extienda: Urraca ha ordenado a los soldados que si escuchan a algún incauto hablar de esta historia, sea conducido a calabozo y torturado. Pero con todo y con eso no ha hecho sino aumentar la creencia de que el rumor es cierto:

Se dice que las Reinas arrebataron el bebé de Dorna, su antecesora en el trono, y le hicieron creer que éste había sido arrojado por el balcón de palacio. En realidad todo había sido un teatro: lanzaron un niño desconocido y se quedaron con Juliok, el hijo de Dorna, para hacer creer a todos que era hijo de Urraca.

Los rumores añaden que el capitán Landon McQuaid, quien se ha transformado en tutor personal del joven, sospecha esta verdad, y que ha comenzado a hacer sus pesquisas de manera independiente.

¿Cuánto de cierto hay en todo esto? Nadie puede saberlo, aunque parece que, muy pronto, la auténtica identidad del chico saldrá a la luz…


LAS REINAS REGENTES

Presentación

Saludad, ciudadanos de Calamburia, a quienes, por medio de astutas estratagemas, han vuelto a hacerse con el poder en el trono. Lo disfrutaron el en pasado y ambas juraron que algún día, en el futuro, volverían a disfrutar de sus privilegios. ¡Una educada reverencia para las Reinas Regentes!


La pareja

Urraca

Durante muchos años reinó en Calamburia. Era alabada por muchos como una estratega sin parangón; pero otros la veían como una cruel tirana que llegó al poder mediante oscuros engaños. Sea como fuere, hoy ha vuelto a hacerse con el tracias a su astucia y sus estratagemas. ¡Un saludo para la Reina Urraca!

Sancha III

Fue madre de Reyes, y sobre sus hombros cargó la responsabilidad del reino. Ha vivido muchos años retirada, fuera de los entresijos de la política, pero ahora que ha secuestrado al joven heredero del trono, se le ha presentado una nueva oportunidad de llevar la corona. ¡Ella es Sancha Tercera!

Los Hechiceros Oscuros

Para muchos, las brujas fueron derrotadas después de que intentaran gobernar Calamburia por medio de una terrible maldición. En efecto, fueron vencidas, la tierra volvió a la paz y las hermanas de Theodus no volvieron a molestar más.

Pero la cruda realidad fue muy diferente. Aurobinda y Defendra preparaban un plan con el que derrotar a su hermano. Ya habían comprobado que era imposible hacerlo por medio de la guerra. La torre arcana de Skuchaín era una fortaleza inexpugnable protegida por antiguos hechizos y por todos los impromagos que allí residían. Sin embargo, estaban convencidas de que, ahora que todos las creían derrotadas, podrían urdir un plan para atacar a Eme y Sirene desde las sombras.

Los dos estudiantes de impromagia más famosos de Calamburia se habían relajado después de la victoria. Disfrutaban de un tiempo de paz, suponiendo que las dos brujas no volverían a molestarles por largo tiempo. ¡Nada más lejos de la realidad!

Y así, Aurobinda y Defendra, con ayuda de otros seres de la oscuridad, celebraron un akelarre secreto, invocaron a poderosas fuerzas de la oscuriad y elaboraron una maligna reliquia: un collar capaz de sugestionar la mente de su portador y corromper su alma. Después sólo tuvieron que engañar a Ébedi, la madre de Sirene, para que regalara dicho collar a su hija. ¡Cómo fue hipnotizada la posadera! Su mente, no preparada para los retorcidos hechizos que le cayeron encima, creyó que en aquel regalo no había ninguna oscura intención, y alegremente se lo entregó a su hija.

Apenas se hubo puesto el collar, la voluntad de Sirene fue diezmada por el hechizo del akelarre. La joven estudiante esbozó una malévola sonrisa y, acto seguido, dirigió su atención a Eme, su compañero. Él no sabía qué podía estar sucediéndole a Sirene, y ni mucho menos estaba preparado para la dominación mental que ésta iba a lanzarle. Así, sin suponer que iba a ser atacado por la joven, Eme también cayó presa de un hehizo sugesitionador.

De este modo, los dos impromagos se transformaron en hechiceros oscuros.

El resto fue fácil. Con los dos poderosos impromagos completamente hipnotizados, Aurobinda consiguió el favor de la Torre Arcana. Hizo creer a todos que tras perder la guerra se había redimido, y que ahora, en ausencia de un mejor candidato para Archimago, ella era la mejor persona para enseñar a los estudiantes. Al principio todos se mostraron reticentes, pero cuando Eme y Sirene apoyaron su candidatura, cambiaron de parecer y se confiaron. De este modo Aurobinda consiguió transformarse en la directora de Skuchaín.

Durante algún tiempo, Aurobinda fue directora de Skuchaín, y aparentando una falsa imagen de bondad, permitió que los alumnos aprendieran hechizos de magia oscura. Esta tapadera no ha tardado en ser descubierta… aunque no lo bastante pronto como para que la directora no haya reclutado una serie de aprendices -muchos de ellos de la escuela Ténebris, de quienes descienden los hijos de sus primeros acólitos- que se ha llevado a Cuna de Oscuridad para fundar una nueva escuela de magia dedicada por entero al estudio de las artes oscuras.

¿Y qué ha sucedido con Eme y Sirene? Algunos de sus compañeros intentaron devolverlos a su estado normal… sin éxito. No sólo eso, sino que Eme parece haberse fortalecido por la influencia del mal.

Empleando un poderoso hechizo, ha decidido encerrar a su compañeraSirene en un receptáculo mágico y aprovecharse así de su esencia mágica para hacerse aún más fuerte. Esto lo ha transformado en alguien muy peligroso… y más alejado de poder reconducirse a la bondad.

¿Será posible salvar al impromago? ¿Qué sucederá con la nueva escuela de magia de Cuna de Oscuridad? Son preguntas que, a día de hoy, parecen difíciles de responder.

Lo que sí está muy claro es que corren tiempos difíciles para la magia.

 


LOS HECHICEROS OSCUROS

Presentación

De la torre arcana de Skuchain vienen estos hechiceros… ¿Pero Qué les ha pasado? La oscuridad parece haberse apoderado de ellos y les ha corrompido. Ahora sirven a las tinieblas. ¡Un aplauso para los Hechiceros Oscuros!


La pareja

Eme

            Era uno de los magos más despistados de la escuela… y lo sigue siendo. Pero ahora, tras sufrir un poderoso hechizo de sugestión, el corazón se le ha rebelado contra todo en lo que creía. No desea otra cosa que rebelarse contra las fuerzas del bien y, si es posible, hacer todo el daño que pueda. ¡El es, Eme!

 

 

Aurobinda

  La mayor de las brujas. Ella descubrió la versión oscura de la magia, y la ha empleado para transformar a algunos estudiantes de magia en seres crueles e insubordinados. Ahora, con estas sombras invadiéndolo todo, ha visto su poder fortalecido ¡Ella es la maligna Aurobinda, La señora de los Cuervos!