74. ENCUENTROS EN EL BOSQUE

HOMBRE LOBORazman olisqueó el viento mientras el aire agitaba su corto pelaje negro. Había humanos cerca. Siempre los había.

Contempló el prado en el que se hallaba, agitando su cola de un lado a otro. Él, que siempre había viajado solo. Él, que había sido el rey del bosque. Y ahora… condenado a estar pendiente de una ardilla.

Empezó a notar un familiar hormigueo por debajo de su piel; aquél no iba a ser un día tranquilo.

– ¡Cilia! – ladró enfadado – ¿Pero dónde te has metido?

No lejos de allí, en un claro del bosque, unas carcajadas cesaron de repente. Un gigantesco hombretón se incorporó y aguzó el oído.

– ¿Has oído eso, Tanis? ¡Lobos! – exclamó con voz grave Ranulf, el Matabestias.

– Lobo. Solo uno. No hay más – masculló por lo bajo Tanis, la niña salvaje, mientras mordisqueaba un puñado de frutos secos.

CAZADORES OBSERVANDO– Pero no sonaba a un lobo normal… es casi como si lo entendiese – rezongó Ranulf mientras volvía a sentarse, girando el espetón que colgaba por encima del fuego.

– Llevamos meses persiguiendo rumores – dijo Tanis mientras escupía una cáscara contra las chisporroteantes llamas del fuego.

– ¡Existen, te digo! He cazado todo tipo de criaturas que muchos consideraban extintas. ¡Por el Titán, si hasta yo mismo cacé un grifo, que todos creían invenciones de viejas!

– Seguro que su carne era deliciosa – comentó la joven con mirada soñadora.

Ranulf observó con atención a su compañera. Frunció el ceño.

– ¿Quieres que hablemos del encuentro de esta mañana?

– No hay nada que hablar.

– Te encargaste tu sola de esos tres salvajes. Dos flechazos limpios en la garganta. Y el tercero, muerto desangrado en el suelo con la garganta rajada.

– Muertes limpias. Más de lo que se merecen – dijo escupiendo al fuego.

– Tanis, pequeña – empezó Ranulf, con tono preocupado –. Cazamos monstruos. No personas. No seres humanos.

– Son monstruos. ¡Son monstruos disfrazados de humanos! – la joven se levantó de un salto, poseída por una energía rabiosa – ¡Fingen ser humanos, pero se cubren de pieles, atacan en la noche y te roban lo que más quieres! Solo merecen que los cacen, que los despellejen y que se los coman las alimañas. ¡Y me da igual lo que pienses!

– No debes decir eso. Son humanos, sólo han vivido una vida más difícil – le respondió con el ceño fruncido – Ahora tenemos una reina Salvaje, y lo sabes. Los tiempos cambian. La gente cambia.

– ¡Los animales como ellos no! Los mataré a todos, ¿Me oyes? ¡A todos! – chilló furiosa mientras pateaba el suelo.

cazadores enfrentados

En ese momento, un sonoro crujido en las copas de los arboles atrajo la atención de los dos. Le siguió otro. Y otro. Y de repente, entre un estruendo de ramas y hojas, una forma cayó como un fardo al centro del claro, cerca de la hoguera, con un agudo chillido.

Ambos cazadores empuñaron sus armas con un rápido movimiento y observaron el bulto. Entre las ramas y las hojas, asomó una aturdida cabeza.

– Ay ay ay… ¡Maldita seas, rama! ¡Traidora!

Ranulf se aproximó hacia la joven que empezaba a levantarse del montón caído de los árboles.

– ¿Estás bien? Menuda caída. ¿Cuánto tiempo llevabas ahí?

– ¡Oh!, yo solo…¡Ah! ¡Sí! ¡Frutos secos!¡Oh sí!

Y dando un chillido de alegría, se abalanzó sobre el montón de frutos secos que Tanis se estaba comiendo.

CAMBIAFORMAS SUELO

Ranulf dio un paso hacia ella para impedir que siguiese dándose un festín, cuando una forma surgida de la espesura lo embistió, lanzándolo contra su joven compañera. Se trataba de un enorme lobo negro, con el pelo erizado y mirada inteligente. Se colocó en actitud protectora delante de la recién caída, que seguía devorando frutos secos, ajena a todo.

– ¡Ah! Razman, estás aquí, ¡Mira, frutos secos! – exclamo ella, alegre y despreocupada.

Aunque parezca increíble, el lobo puso los ojos en blanco, pero volvió a gruñir cuando los cazadores empezaron a incorporarse. Mientras retrocedía lentamente, su cuerpo empezó a ser presa de espasmos y les lanzó una mirada de pánico. Y de pronto, rodeado de un extraño brillo verdoso, empezó a aullar y cambiar de forma, con el cuerpo recolocándose, mutando y adaptándose a una forma humana. En lugar de un lobo se hallaba un hombre de melena negra como el carbón que seguía aullando pero esta vez palabras audibles:

– ¡No no no no no! ¡Ahora no maldita sea! Siempre en el peor momento.

lobo aullando

– ¡Lo sabía! – rugió Ranulf mientras empuñaba sus hachas – ¡Cambiaformas! ¡Existen! ¡Vais a ser mi mayor trofeo!

– Humano…-gruñó el recién llegado – No queremos problemas. Somos como tú ahora.

– ¡Já! – Rió Ranulf – ¡Sois una burda copia! Y colocaré vuestra cabeza en mi salón.

– ¿No podemos ser todos amigos? Me llamo Cilia y …- empezó a explicar la joven caída del cielo, pero fue interrumpida por una vibrante flecha que se clavó a escasos centímetros de sus pies.

Tanis la miró furiosamente desde el otro lado de su arco.

– Deja Mis Frutos Secos.-exigió, espetando cada palabra.

La extraña caída del cielo, con sus extravagantes prendas, la miró con cara de pánico. Su cuerpo empezó a emitir un color verdoso mientras su forma cambiaba en un abrir y cerrar de ojos a la de una diminuta ardilla que trepó a toda velocidad sobre su compañero hasta colocarse en la coronilla.

– En fin – suspiró Razmán- Sabía que iba a ser un mal día…

CAZADORES y CAMBIAFORMAS

Con un movimiento inhumanamente ágil, dio una patada a la hoguera, mandando chispas y trozos de carbón hacia los dos cazadores, que tuvieron que protegerse los ojos. Cuando retiraron las manos, las dos extrañas criaturas ya no estaban ahí.

– Tanis, recoge todo el campamento. Tenemos su rastro. ¡Y esta caza no terminará hasta que despelleje sus cadáveres!

En el bosque, un largo aullido resonó por entre las copas de los árboles. Pero un oyente atento podría haber pensado que se asemejaba más al lamento de un hombre.

XII y XIII COMBATE – III TORNEO DE IMPROVISACIÓN DE CALAMBURIA

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El próximo Viernes 16 y el Sábado 17 de Septiembre a las 00.15 en La Escalera de Jacob ocurrirá el XII y el XIII Combate del III Torneo de Improvisación del Reino de Calamburia   ¿Quiénes serán los elegidos por el público?  ¿Cuál de las parejas conseguirá más logros para ganar la Esencia de la Divinidad?


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XI COMBATE – III TORNEO DE IMPROVISACIÓN DE CALAMBURIA

El próximo Viernes 9 de Septiembre a las 00.15 en La Escalera de Jacob ocurrirá el XI Combate del III Torneo de Improvisación del Reino de Calamburia   ¿Quiénes serán los elegidos por el público?  ¿Cuál de las parejas conseguirá más logros para ganar la Esencia de la Divinidad?


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73. LO QUE LAS MAREAS ARRASTRAN

Los vientos azotaban una desolada playa cercana a las inmediaciones de Instántalor. El cielo, gris y encapotado, dejaba caer de vez en cuando frías ráfagas de lluvia, humedeciendo la arena.

El mar estaba embravecido y las olas se peleaban entre sí, lanzándose furiosos embates de espuma y sal. Solo una parte se mantenía misteriosamente tranquila, como un estanque. De pronto el agua empezó a relucir, y empujadas suavemente por una energía invisible, emergieron dos figuras.

Se trataba de dos tritones, pero no unos cualesquiera: el primero lucía corona, y el aire regio de quien ha sido obedecido durante toda su vida; la otra mantenía una postura relajada y alerta, que indicaba una sensación de poder contenido. Transportados por una masa de espuma burbujeante, fueron acercándose a la orilla. Ambos pisaron tierra firme con un decidido paso.

Era la primera vez en cientos de años que un Tritón hollaba el suelo de Calamburia.

Itaqua, príncipe heredero de todo lo que vive y muere bajo las olas, analizó con gesto apesadumbrado la costa. Sus ojos se fijaron en las piedras ruinosas que recordaban la forma de columnas, e incluso estatuas. Estaban rotas, cubiertas de liquen y escoria. Le eran familiares, dolorosamente familiares. Apretó su tridente con furia contenida, mientras los recuerdos le asolaban.

– ¡Corred! ¡Al refugio! ¡Rápido! –Gritó el príncipe heredero a sus súbditos- ¡Que las castas ayuden a su nivel inmediatamente superior!

triton recuerdaJunto a él, centenares de tritones escapaban de Aurantaquía, el hogar submarino de los tritones. Las gigantescas columnas se desplomaban y giraban en un vórtice aleatorio e imparable. Con ojos impotentes, observó cómo sus súbditos morían aplastados bajo toneladas de mortífero coral.

Su mirada se alzó hacia las aguas más alejadas. Allí residía el origen del caos: dos figuras brillantes, reluciendo con una maligna luz azulada. A su alrededor, el mar giraba embravecido, asolando todo a su paso. Terráneos.

El príncipe trató de usar toda su fuerza, todo su conocimiento de los mares, pero fue inútil: podía sentir la fuerza del Leviatán en aquellas dos figuras, la fuerza de un odio milenario e inmortal. Aquellos humanos habían vuelto a dañar a su raza con su estupidez. Con un rugido de frustración, dedicó una última mirada vengativa a las dos temibles figuras y se dispuso a ayudar a sus ciudadanos. A salvar lo que pudiera de su civilización.

Aquilea miró con atención la arena de la playa y disfrutó la sensación del aire en su piel. La tierra firme era mucho mejor de lo que pensaba, hasta que sus ojos se posaron en una pequeña concha muy característica. Igual que las que llevaba en el cuello. Igual que las que él llevaba.

– ¡Aquilea! ¡Maldita sea Aquilea, te necesito! – gritó una voz apremiante.

Aquilea abrió los ojos y fue consciente del dolor de su hombro. Había sido herida, y al parecer era grave.

– Por fin despiertas. Si no lo hubieses hecho, yo…-suspiró aliviado el tritón que se erguía delante. Su collar brillaba en la penumbra.- Con cuidado, aún estas…

Por el rabillo del ojo, la joven guerrera detectó un movimiento detrás del tritón, lo apartó con un ademán de su brazo y ensartó una criatura con escamas que chirrió de dolor.

– Bueno…quizás no estás tan mal como pareces –. dijo con una risa nerviosa Azshara, el único amante y compañero que había conocido Aquilea.

Por encima de ellos, en las alturas, el agua hervía con una fuerza imparable, oponiendo dos fuerzas fuera de este mundo: la alianza de Calamburia, reluciendo con una cálida luz dorada entretejida con rayos rojos, contra un vórtice de palpitante energía azul. Y a su alrededor, cientos de tritones luchando contra las Semillas del Leviatán: deformes cuerpos escamosos llenos de dientes, que iban menguando la población de tritones a dentelladas.

– Debemos reagruparnos. ¡Debemos luchar y ayudar a esos terráneos!

– ¡No, Aquilea! Ellos son los culpables de todo esto! Hasta el propio príncipe Itaqua lo dice.

– Itaqua tiene miedo. Pero ellos son los únicos que pueden plantar cara al Leviatán.

– Quizás tengas razón… ¡parece que están ganando!

– Si es que no destruyen lo que queda de Aurantaquía… – musitó entre dientes Aquilea, mientras se levantaba.

– Vale. ¡Reagrupémonos! Yo me encargaré de reunir a soldados en estado de luchar. Pero antes… -Azshara se giró y le dio un apasionado beso -¡Tenía que hacerlo! ¡Por Aurantaquía!

Con un rápido impulso de sus pies, se alejó elevándose en el agua. Tras avanzar unos cuantos metros, se giró y sonrió a su amada. Entonces fue embestido por las fauces abiertas de una gigantesca criatura, y partido en dos con un sonoro chasquido.

tritona recuerda Aquilea se encontró propulsándose a toda velocidad hacia la criatura, gritando con un gemido estremecedor. No sentía ya el dolor de sus heridas. De hecho, nunca más volvería a sentir nada, ni siquiera cuando hincó su espada en el lomo de la criatura.

Ambos tritones fijaron sus miradas al frente, hacia el camino que salía de la playa, serpenteaba entre las colinas y llegaban hasta Instántalor. Uno, decidido a no dejar que los asuntos de los hombres condenasen a los tritones sin importar el precio; la otra, dispuesta a mantener la paz para que nadie tuviera que sufrir lo que ella sufrió.

Los tritones habían hollado la tierra. Calamburia nunca volvería a ser la misma.

tritones batalla