El fulgor irisado

Tras siglos de dominio de los unicornios encarnado en la elección de las sucesivas Damas Blancas, todo apunta a que ha llegado la era de las hadas. Al menos en apariencia, las elegantes hadas no están hechas para los problemas mundanos. De ellas se dice que se pasan el día bebiendo únicamente el agua de la lluvia y alimentándose de los frutos que nunca tocan el suelo; sin embargo, Edrielle — la primera de su raza que alcanza el título de Dama Blanca— , ha cambiado la concepción que de ellas se tenía. Con su sabiduría y dedicación, de la mano de su siempre fiel enamorado, Frody, ha llevado el Reino Faérico a una nueva era de paz y prosperidad. Tras la derrota de la amenaza abisal, los seres fáericos son ahora felices y, entre ellos, las hadas son si cabe los más dichosos de todos. Pero hay una entre ellas, una especialmente poderosa, que no es capaz de compartir esa dicha. Se trata de Titania, la Dama Irisada de las hadas. 

Titania creció bajo la férrea disciplina de su madre Melusina, una guerrera legendaria, orgullosa de su raza, cuyos dobles tirabuzones en el aire eran el terror de sus enemigos hasta que la artrosis de sus alas la obligó a retirarse. Titania esperaba heredar no solo el mando de las hadas, sino el trono de la Aguja de Nácar que otorgaría el poder sobre todas las razas faéricas. Sin embargo, el destino fue esquivo, al no poder estar presente en la elección, la elegida fue Edrielle, su hija y heredera, dejando a Titania consumida por un resentimiento que ni los siglos han logrado mitigar.

Edrielle y su consorte Frody tuvieron un retoño fruto de su amor al que llamaron Oberón, pero viéndose obligados a centrar su atención en el gobierno del reino, confiaron la crianza de su hijo primogénito a su abuela Titania. Fue el error más grave de sus vidas. Titania, que ya había perdido a su propio hijo Hábasar —quien además le había decepcionado apareándose con un prófuga unicornia—, vio en el pequeño Obi la oportunidad de redención y venganza. En las torres silenciosas del Palacio de Cristal, decidió moldear al príncipe a su imagen y semejanza, convirtiéndolo en el arma perfecta que siempre deseó poseer.

Bajo la tutela de su abuela, el príncipe Oberón, cariñosamente llamado Obi por sus amigos, ha vivido una dualidad trágica. Por naturaleza, Obi es un hado de verano travieso, simpático y dotado de un corazón crédulo y bondadoso. Sin embargo, Titania ha inoculado en su mente un código moral de superioridad racial absoluto. Le ha enseñado a despreciar a las «abominaciones» —las mezclas entre razas— y le ha encomendado una misión sangrienta: localizar y exterminar a las quimeras desaparecidas.

El adiestramiento de Obi ha sido implacable. Su técnica de combate es una danza mortal que combina la agilidad con la magia del aire. Utiliza sus sais, un regalo de Titania, no solo para apuñalar, sino que los maneja a distancia mediante corrientes mágicas que los hacen girar, golpear y regresar a sus manos como si tuvieran voluntad propia. Su velocidad y precisión es lo que hace más letal al joven príncipe, pero nada de eso interfiere en su particular sentido del humor. En el palacio, su presencia es temida por los sirvientes, a los que Titania llama genéricamente Ymodaváns y Jameshas  para no tener que recordar sus nombres. Las pobres hadas tiemblan ante sus «bromas» y ocurrencias, que a menudo terminan con alguno de ellos al borde de la muerte por alguna chanza que implica hojas afiladas. En vez de reprimir sus peligrosas trastadas, Titania le alienta a practicar sus técnicas de emboscada para convertirse en un asesino implacable.

Pero Obi no está solo en su camino. Desde las profundidades del Estanque de la Polimorfosis, el espíritu protector de las hadas, Morphiris, ha observado con creciente alarma la deriva del príncipe. Morphiris es un panda rojo afable, amante de los acertijos y la meditación solitaria. A diferencia de Titania, que predica el orden y la pureza estática, Morphiris entiende que la verdadera esencia del mundo es el cambio y la transformación. Sus largos siglos de vida le han enseñado que la forma perfecta es la que sabe adaptarse al cambio.

Percibiendo que el corazón de Obi aún conserva destellos de bondad bajo la capa de odio de su abuela, Morphiris ha decidido intervenir. A espaldas de la Dama Irisada, el espíritu se ha convertido en el mentor secreto del príncipe. Su objetivo es ambicioso: ayudar a Obi a «desaprender» todo el mal que Titania ha sembrado en su alma. Para ello, le instruye en una técnica de lucha pacífica, diametralmente opuesta al uso sangriento de los sais. Con su bastón de madera, Morphiris le enseña a presionar puntos vitales del cuerpo del adversario para paralizarlo sin causar daño permanente, demostrando que la victoria no requiere necesariamente del exterminio.

El poder de Morphiris reside en su conexión con el Estanque de la Polimorfosis. Aunque el espíritu puede transformarse en cualquier cosa a voluntad, lleva siempre consigo una calabaza mágica llena de las aguas del estanque. Este recipiente es su herramienta más poderosa y caótica. Morphiris utiliza el agua para transformar a otros, pero advierte siempre que el estanque es caprichoso: el resultado de la polimorfosis nunca es del todo exacto y depende más del estado del alma que de la voluntad del lanzador. 

La participación del Fulgor Irisado en el torneo de Calamburia es el escenario de una batalla interna por el alma del príncipe. Titania, le aconsejará vencer a toda costa para conseguir la gloria y devolver el reino a su anterior era de pureza racial. Sin embargo, Morphiris tiene su propio plan. Él acompaña a Obi para asegurarse de que el joven no cruce el punto de no retorno. En cada combate, el espíritu protector intenta equilibrar la sed de sangre del príncipe con la sabiduría de la polimorfosis, esperando que, al enfrentarse a la diversidad de los habitantes de Calamburia, Obi descubra que todas las razas —incluso las quimeras que le ordenaron odiar son, en realidad, seres con los mismos miedos y esperanzas que él.

Obi camina por una cuerda floja entre el príncipe obediente que su abuela desea y el hado bondadoso que Morphiris intenta rescatar. Su mirada, a veces fría como el cristal y otras brillante como el verano, es el reflejo de un linaje que debe elegir entre reinar a través del miedo y la pureza, o liderar a través de la comprensión y el cambio.

EL FULGOR IRISADO

Ellos representan el futuro de la noble raza de las hadas. Un joven príncipe entrenado como un asesino implacable y el espíritu protector que busca rescatar la bondad que hay en él. ¡Inclinad la cabeza ante el esplendor del Fulgor Irisado! 


La pareja

Obi

Educado como un implacable asesino, maneja los sais con una combinación de destreza y magia que le hacen letal, aunque en el fondo de su corazón siga siendo un niño traviseso con ganas de jugar. ¡Cuidaos de las hojas afiladas del príncipe, Obi, el hado de verano!



Morphiris

Él es el Espíritu protector de todas las hadas. Sabio maestro del cambio de forma, lleva siempre su calabaza mágica y un bastón que le permite vencer sin dañar ¡Abrazad el cambio ante el sabio consejo de Morphiris, el Panda Rojo!