Los tecnomagos

La Historia de la Torre Arkhana de Skuchaín, que se remonta a los tiempos de Theodus, el primer Archimago, siempre ha estado irremisiblemente ligada a la Corona. Esta gastaba gran parte de su fortuna en la escuela de magia que le permitía contar en su ejército con valiosos hechiceros capaces de cambiar el sino de las guerras. La fidelidad de la Torre al linaje de los Rodrigo ha sido incontestable desde hace años y los distintos reyes y reinas han cumplido con su parte religiosamente surtiendo de recursos a la institución.

Sin embargo, el Archimago Kórux, harto de la interminable Guerra de la Prolita que enfrentaba su mitad salvaje a su mitad humana, se vio obligado a tomar una difícil decisión: convertir de una vez por todas la torre en una entidad independiente. De ese modo, no participaría en el injustificado genocidio de los pueblos primigenios que se estaba cometiendo en el nombre del bien común. Su objetivo era convertir a sus magos, hasta el momento escuadrones vasallos del ejército real, en fuerzas de paz.

A pesar de que un sector del profesorado liderado por Minerva, se opuso con firmeza al principio, finalmente todos terminaron por plegarse ante la voluntad del poderoso Archimago cuyo único propósito era conseguir la tan ansiada paz en el reino. Minerva, profundamente turbada ante la deriva de los acontecimientos, optó por encerrarse en su estudio, del que no volvió a salir.

Una vez alcanzada la independencia de facto, Kórux pasó largo tiempo reflexionando, con ayuda de los eruditos sobre el conflicto, llegando a la irremisible conclusión de que si quería cambiar el sino de la guerra, debía colocar en el trono a alguien que reuniera las condiciones necesarias. Además, debía de encargarse personalmente de educar al candidato para asegurarse de que, con el correcto entrenamiento moral, sabría llevar el reino hacia un futuro de paz y prosperidad.

Pero a lo largo de su proceso de reflexión un suceso clave cambió de repente el tablero geopolítico: la Dama Dorada alteró el flujo de magia faérica dejando toda calamburia sin su preciada fuente de poder arcano. La nueva realidad exigió de la especial colaboración de los alquimistas y los inventores del multiverso. Kórux dedicó sus últimos recursos económicos a la formación de un equipo de investigación capaz de desarrollar nuevos prototipos de armamento mágico que funcionara a base de prolita: llegó la era de la tecnomagia. Cuando lo hubo desarrollado comenzó a saquear de incógnito las reservas de la corona para hacer acopio del valioso mineral.

Pero consciente de que su propósito de conseguir la paz seguía requiriendo de un candidato adecuado al que educar y formar, decidió dar un paso especialmente audaz y arriesgado. Organizó, junto a Amestrys y Caelen, una expedición al mismísimo corazón del inframundo. Su propósito era tratar de secuestrar al recién nacido hijo que de Amunet acababa de tener con uno de sus altos demonios. Si sus cálculos eran ciertos, este bebé encarnaba las dos virtudes que necesitaban: la legitimidad del linaje, pues era nieto del mismísimo Rodrigo IV e hijo de la Emperatriz Amunet y el poder, pues su padre era una de las entidades demoníacas más importantes.

Sin embargo, el plan no solo fue frustrado por la aparición de un demonio con el que no contaban sino que Kórux fue irremisiblemente marcado por una antigua maldición sobra la que ningún sanador ni alquimista lograron hallar la cura. La marca en forma de aspa de su pecho comenzó a crecer y a agriar su carácter y el maestro alquimista Calum, el único lo suficientemente viejo y sabio para estar familiarizado con esa magia, sentenció que se trataba de una antigua maldición de un Precursor del Abismo: no podría volver a acercarse al heredero del inframundo y, si lo hacía, la maldición se extendería y le consumiría por completo. Si se mantenía lejos de él, no moriría al instante pero se iría consumiendo poco a poco hasta morir o algo peor.

Aceptando la inevitabilidad de su infausto destino, Kórux se dispuso a proseguir con su plan para, al menos dejar como legado la paz que tanto había luchado por conseguir. Modificó su plan, si no era posible conseguir al más adecuado de los candidatos a ocupar el trono, llevaría su plan aún más lejos. Secuestraría a los bebés mejor dotados y destinados a ocupar las más altas cotas de poder y les haría creer que eran huérfanos abandonados. Criándoles y educándoles como hermanos, haría de ellos un equipo de élite: les haría trabajar juntos enseñándoles el valor de la cooperación y el trabajo duro, haciendo a la vez que se convirtieran en familia, evitando cualquier conflicto futuro. Una vez conseguida su misión, les revelaría su verdadero origen y les encargaría tomar las riendas del mundo para hacer de este un lugar mejor.

El primer neonato en ser secuestrado fue Rodrigo, heredero al trono de Ámbar, primogénito de la reina Petequia y el rey Caspio. Este bebé, mitad humano y mitad tritón, además de haber nacido con la marca arcana, poseía la capacidad natural de dotar al agua de propiedades sanadoras. Kórux lo rebautizó como Óraval y lo apodó “el domador del agua”.

La segunda secuestrada no fue otra que Defendra, la mismísima hija que Aurobinda engendró fruto del oscuro ritual practicado por los Consejeros Umbríos. La niña, que nació con una peculiar marca arcana mezcla de oscuridad y brujería, era capaz de jugar con las sombras a su antojo desde que estaba en la cuna. El Archimago la llamó Ópalo y, por su don, todos la conocieron como la moldeadora de sombras. 

El tercero en ser secuestrado fue Córugan, el hijo de Elora y Kholontai que también había nacido con la marca arcana. Este bebé esmirriado, mitad salvaje, nació con el don de volver calma a la tempestad. No había ser, fiera o humano que se resistiera a su poder para devolverlo a la calma. Este poderoso don, fue especialmente apreciado por Kórux, que lo llamó Nymferian, la calma feral. Sin embargo, el joven salvaje ha empezado a notar que cuanto más calma a la gente más se inclina su carácter hacia la ira. Poco a poco va teniendo explosiones de rabia, que contrastan con su carácter apacible.

Los tres bebés se convirtieron en niños y crecieron como huérfanos, desconocedores de su pasado de los cuales solo quedaban, a modo de vestigio, sus dones naturales y su marca arcana. Óraval se convirtió en un Excelsit, especialmente destacado duelista en competiciones de Pro-LID (tres años consecutivos medalla de prolita) y líder nato de su casta; Ópalo ingresó en la menguada casta Tenebris donde desarrolló su mordacidad para compensar la discriminación que su casta recibía en la Torre, fruto de hechos que para ella eran demasiado remotos; Nymferian se convirtió en un Férox, casta en la que su patente falta de ferocidad hizo que no fuera muy bien recibido aunque se ganó su reconocimiento gracias a sus habilidades tecnológicas con los nuevos equipos de tecnomagia y su don para generar buenos ambientes de trabajo entre los furibundos miembros de su raza.

Además de sus dones naturales, fueron entrenados por el profesor Grahim y los alquimistas en el uso de la tecnomagia de batalla. Las Fuerzas de Paz de la Torre Arkhana, se organizaban en unidades formadas por tres tecnomagos de talentos diversos que pudieran hacer operaciones de campo con mayor sigilo y discreción.

Al graduarse, Óraval, Nymferian y Ópalo, pasaron a convertirse en el comando de élite al que se le encargarían las misiones más difíciles y arriesgadas. Sin embargo, al recibir la noticia, ninguno de los tres recibió la composición de su unidad con especial ilusión, pues desconfiaba de la valía y el carácter de los otros. Fruto de su falta de coordinación, su primera misión en la que debían saquear un depósito real de prolita fue un fracaso en el que hubieran sido capturados por los hombres del rey de no ser por la hábil y oportuna intervención del profesor Grahim, su mentor. ¿Funcionará el plan de Kórux haciendo que los tres huérfanos estrechen convenientemente sus vínculos o por el contrario produciría la estrategia del Archimago justamente lo contrario de lo que se proponía conseguir?

Además y, sin que ellos lo sepan, hay algo más oscuro en la selección que hizo Kórux. Calum, el insondable, investigó en profundidad la naturaleza de la maldición de la que el Archimago había sido objeto. Concluyó que se trataba de una magia muy antigua que no podía ser eliminada y que solo bajo ciertas condiciones podría ser contenida para que no le destruyera o incluso algo peor.

Un día mientras Kórux y Calum les encomendaban una misión a los tres tecnomagos, el archimago sufrió un extraño ataque. La marca de su piel pareció comenzar a expandirse provocándole un insoportable dolor y ni el más gran maestro alquimista pudo hacer nada para sanarle con sus pociones. Entonces, Calum confesó a los tecnomagos que Kórux había sido maldito por un demonio antiguo y que su destino estaba inevitablemente sellado. Sin embargo, incapaces de rendirse y perder a su maestro y benefactor, los tres se pusieron manos a la obra. Ópalo, con su habilidad para el manejo de las sombras, drenó parcialmente el exceso de oscuridad de la marca del Archimago conteniendo la expansión del tamaño de la marca aunque produciéndole una ingente cantidad de dolor; entonces, Óraval, con su dominio sobre el agua sanadora, consiguió apaciguar el insoportable sufrimiento que producía a Kórux el proceso de drenaje. Por último, la presencia de Nymferian y su don, fue capaz de impedir que, en la cuidadosa operación, la ira de la parte salvaje del archimago tomara el control de su conciencia haciéndole enloquecer. Aparentemente, la actuación de los tres tecnomagos contuvo el avance de la maldición del Precursor del Abismo, aunque los jóvenes temieron que, al no haber desaparecido, el estado del Archimago pudiera empeorar en el futuro. Este episodio quedó en secreto entre Kórux, Calum y los tres huérfanos.

Posteriormente, investigando sobre los dones naturales de los tres huérfanos, Calum descubrió que sus poderes no provenían de la magia arcana sino de formas antiguas de oscuridad que había sido domesticadas por su organismo y que no necesitaban del flujo de magia faérica ni de la prolita. Óraval había heredado su don de sus antiguos antecesores Abisales, Nymferian de la oscuridad del corazón de su abuela Dorna que al fin logró domesticar y Ópalo de la insondable sombra que habitaba en sus dos padres: Érebos y Barastyr, los consejeros que fueron poseídos por la esencia del Titán Oscuro, así como de la habilidad de su madre para oscurecer el flujo de la magia. Por todo ello, las habilidades de este particular trío, se antojaron especialmente útiles para el proyecto de Skuchaín, especialmente en los actuales tiempos de escasez de prolita.

Sin embargo, todos los profesores de la torre –y en especial la atormentada Minerva a la que nadie ve desde que decidió encerrarse en su estudio– temen que algún día, los tres huérfanos descubran la verdad sobre sus vidas arrebatadas y las mentiras sobre las que su cautiverio fue edificado y se vuelvan contra ellos. El Archimago cree que su operación fue un sacrificio necesario para un bien mayor, pero tampoco está del todo convencido de que, llegado el momento, sus aprendices sean capaces de entender la dimensión de su Plan para la Paz. 


LOS TECNOMAGOS

Presentación

Ellos son el proyecto secreto del Archimago. Tres talentosos huérfanos que combinando sus dones naturales con la tecnología mágica a base de prolita, traerán de nuevo la paz al reino aunque ello implique tener que aprender a trabajar juntos. ¡Obrad con justicia pues aquí llegan los Tecnomagos! 


El trío

Óraval

Él es uno de los más exitosos magos de su promoción. Medio humano, medio tritón Líder nato, gran duelista de poses estudiadas… se deja arrastrar a menudo por la soberbia y la chulería. ¡Dejaos remojar por la arrolladora ola de talento de Óraval, el domador del agua!



Nymferian


Él proviene de tierras salvajes aunque los miembros de su casta lo ridiculizan por su pequeño tamaño y su evidente falta de ambición… Sus habilidades tecnológicas y su don de calmar la ira del mundo es el pegamento que todo equipo necesita. ¡Él es Nymferian, el sosegador feral!

Ópalo

Ella es una bruja de una casta despreciada por todos. Sin embargo, sus dotes para el control de las sombras y el legendario látigo de su mordacidad la convierten en una rival imbatible. ¡Que se ericen vuestros bellos pues aquí llega Ópalo, la moldeadora de sombras!