10. POR AMOR AL CIELO

Los porteros, Adonis y Quasi, jamás se habían enfrentado a un enemigo de calidad. Las Puertas del Este no habían contenido más que alguna partida de bandidos ocasional. Por tanto, y a pesar de las interminables horas que ambos habían destinado a la vigilancia, ninguno conocía el alcance de su poder.

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Guardar la Puerta les proporcionaba ciertas habilidades sobrenaturales, pues el lugar había sido construido, en parte, mediante los hechizos del Archimago. Ninguno podía envejecer, y disfrutaban de ciertas habilidades telepáticas gracias a las cuales mantenían largas y triviales conversaciones sobre el estado de las dunas en el desierto, la cantidad de horas que tenía el día, o cuántas nubes recorrían el cielo.

Sin embargo, cuando el ejército de no-muertos encabezado por la Emperatriz Tenebrosa dibujó una línea gris en el horizonte, los dos Porteros comprendieron que había llegado la hora de la verdad. Al fin iban a ganarse su puesto.

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Por desgracia, ninguno tenía un manual de instrucciones sobre el poder de su emplazamiento. No había forma de averiguar cómo defenderse contra todo un ejército de cadáveres andantes.

Mientras el enemigo salvaba una duna tras otra, los vigilantes mantuvieron una rauda conversación mental:

¡Adonis!

            -¿Sí, Quasi?

            -¿Cómo vamos a quitarnos todo ese ejército de en medio?

            -Estoy pensando, Quasi. Esta puerta debería proporcionarnos el poder necesario para hacerlo.

            -Ya, ya… ¡pero cómo! Quiero decir… ¿qué hacemos?

            -Pues no sé, quizás con pensarlo sea suficiente. Igual que hacemos cuando nos atacan los bandidos.

            -No puede ser tan fácil, Adonis. ¿Pensamos en quitárnoslos de encima y ya está? ¿Desaparecen sin más?

            -Pues sí, desaparecen sin más.

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El ejército de Kashiri estaba cada vez más cerca. La Emperatriz iba a la cabeza, esbozando una media sonrisa, como si ya percibiera la victoria. Conquistar la Puerta del Este era un objetivo de gran importancia. Aquél era el último bastión antes de alcanzar el palacio de la reina Urraca.

-¡Adonis, qué hacemos! Están muy cerca.

            -No se me ocurre nada, Quasi. Intentemos detenerlos con el pensamiento, como hacemos siempre.

            -Entonces, ¿lo pensamos sin más?

            -Sí, lo pensamos sin más. ¡Vamos!

 A una señal de sus mentes, ejercitadas durante años para trabajar al unísono, la Puerta del Este quedó protegida por una gigantesca muralla de energía. De la muralla empezaron a surgir relámpagos de color rojo iridiscente que, cayendo sobre los cuerpos de los no-muertos, los reducían a cenizas en un segundo.

Captura de pantalla 2014-11-25 a las 19.21.09Kashiri apretó los dientes de ira. Aferró su báculo con ambas manos y lanzó el poderoso hechizo de Aniquilación, pero, para su sorpresa, éste dio contra el muro y se disipó sin ningún efecto.

            -¡Lo logramos, Quasi! ¡Te lo dije! –Pensó Adonis.

            -Me lo dijiste, es cierto. Me lo dijiste

            -No respondas. No digas nada. Sólo mantente concentrado. Así los venceremos.

Los cadáveres se desintegraban por la fuerza de los rayos, y aquellos que llegaban hasta el muro, también desaparecían sólo con tocarlo. Kashiri estaba ciega de ira. ¿Sería posible que aquellos dos Porteros vencieran a todo su ejercito? ¡No, no podía ser! ¿Pero cómo salvar sus defensas? ¿Cómo?

-¡Ventisca! -elevó un grito al cielo; a los nubarrones grises que ya se formaban encima de su cabeza.

Las nubes se enroscaron en una espiral; de su epicentro surgió el Avatar del Caos, Ventisca. Sus ropas se agitaban a merced de un vendaval iracundo. Descendió de las alturas lentamente, con su vista clavada en los Porteros. Adonis reforzó su concentración, con la esperanza de que la Puerta les protegiera de un enemigo volador. Quasi, sin embargo, quedó petrificado.

Allí estaba. El sueño de tantos días de guardia, su adorada Brisa, descendía al fin de los cielos. Estaba cambiada, muy cambiada, pero continuaba igual de hermosa. El corazón empezó a latirle con fuerza, como si luchara por escapar del pecho, y su mente, hasta entonces concentrada en la defensa, visualizó un sólo pensamiento. El de la Dama Celeste, el único amor que había tenido en la vida.

El muro de energía parpadeó.

Quasi, concéntrate! –gritaron los pensamientos de Adonis.

Pero fue demasiado tarde, Kashiri, rauda, aprovechó aquel despiste para lanzar toda su furia. Un nuevo hechizo de Aniquilación hizo pedazos la defensa, y los muertos vivientes invadieron la Puerta del Este.

¡Quasi! –llamó Adonis, mientras se lo llevaban en andas- ¿Qué te ha sucedido? Hemos fallado a la reina, compañero… ¡amigo! ¡Hemos perdido nuestro hogar!

Pero el otro no respondió. Ya no escuchaba a su compañero. La Puerta del Este había caído, y con ella, se había cortado el poder de la telepatía. El don de la longevidad también desapareció, de forma que Quasi empezó a notar que los estragos de la vejez se apoderaban de sus miembros. Sin embargo no le prestó atención. Nada le importaba ya. Su rostro, cada vez más lleno de arrugas, se había transformado en la viva imagen de la pena. Sus labios, cuarteados y descoloridos, musitaron una sola frase:

-Brisa… ¿qué te ha ocurrido?

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09. CON CIEN NAVES PIRATA

Había que estar mal de la cabeza para desafiar el poder de la reina Urraca.

Captura de pantalla 2014-10-28 a las 17.06.52Sólo un loco se atrevería a conducir un ejército hasta la misma capital de Calamburia, Instántalor, donde su alteza se resguardaba tras una muralla de quince metros de alto y cuatro de espesor. Nadie se había atrevido jamás a desafiar su poder, pero mucho menos siguiendo un plan tan ilógico como un ataque por el río.

El río que alcanzaba Instántalor era estrecho y, aunque navegable, no dejaba espacio para maniobrar. Elinconsciente que introdujera sus naves en aquel curso estaba destinado a una encerrona, o era un loco, o tenía nublado el sentido.Captura de pantalla 2014-10-28 a las 17.26.16

Al capitán Flick le afectaban los dos males. De pie sobre el baupreś, dirigiendo la nave capitana de una flota de corsarios, filibusteros y bucaneros, el capitán lanzaba gritos de guerra con un alfanje en su diestra, mientras su mano zurda sujetaba una botella de ron a medio vaciar.

Estaba borracho, muy borracho; y aún más loco, pues desoyendo los consejos de su hija, y de la propia Emperatriz Tenebrosa, Flick, entusiasmado con sus cien naves, se había adentrado directo a la conquista de la capital. Ya celebraba su pronta victoria, sin saber que Urraca le aguardaba a la orilla de Instántalor.

Captura de pantalla 2014-10-28 a las 17.34.06Sobre el palo mayor, en el puesto de vigía, Morgana avistaba el horizonte a través del alza de su trabuco. Su larga cabellera rubia se rebelaba contra los designios del viento; y su cuerpo, semejante al de una reina amazona, mantenía una tensión palpitante. Morgana no había bebido ni una pizca de alcohol, y sus sentidos agudizados le advertían de lo peligroso de su empresa. Urraca no era una reina para tomarse a la ligera. Sin embargo, y en su caso, lo que le había movido era el deseo de la aventura, la posibilidad de salir de Kalzaria, abandonar la tierra firme y domeñar las cuadernas de un barco. Necesitaba volver a navegar, aunque hacerlo significara su muerte.

-Qué diablos… -musitó, con los dientes apretados, mientras Instantalor estaba cada vez más próxima- Si he de morir, que sea a bordo de una nave.  Y luego, alzando la voz, gritó:

-¡La ciudad está a menos de cien metros, padre!Captura de pantalla 2014-10-28 a las 17.20.16

-¡Cargad los cañones! -vociferó Flick.

Tragó un buche de ron, eructó y dejó el bauprés para hacerse con uno de los cañones de estribor. Él mismo introdujo la bala y encendió la mecha. Su disparo fue la señal para las naves que le seguían. Al momento, todas abrieron fuego. La potencia de los cañones hizo que se bambolearan sobre las aguas de aquel estrecho río. La muralla de Instántalor saltó en pedazos, lanzando una lluvia de cascotes sobre la orilla. Por detrás de ésta, algunas de las casas fueron alcanzadas y derrumbadas. Flick dejó salir una ronca carcajada.

-Acercad las naves al muelle y preparad una segunda salva -ordenó a sus hombres.

Pero los marineros no tuvieron tiempo de obedecer. Desde Instántalor llegó un grito de batalla tan intenso como el que se escuchaba sobre la flota pirata. La guardia de la ciudad, comandada por Urraca y el rey Rodrigo, tomaba posiciones en los muelles tras una hiera de catapultas.Captura de pantalla 2014-10-28 a las 17.41.33

Flick frunció el ceño, consciente de lo que se le venía encima. Las bolas de catapulta estaban impregnadas con aceite, que prendió al aplicársele una antorcha. Urraca alzó la mano con suavidad y, en un instante, el cielo se llenó con un millar de bolas de fuego.

-¡A resguardo todo el mundo! -gritó Flick, un segundo antes de que los proyectiles alcanzaran la cubierta.

La nave capitana, y todas las que la rodeaban, se incendiaron.

-¡Que mil demonios me lleven! -maldijo el capitán- ¿Tan pronto voy a perder una segunda nave?

A su alrededor todo se prendía. Los marineros corrían a por cubos de agua o, perdida toda esperanza, se lanzaban por la borda. ¿Qué podía hacerse?

-¡Al abordaje! -escuchó de repente.Captura de pantalla 2014-10-28 a las 17.25.14

Morgana, negándose a dar todo por perdido, abandonaba la nave balanceándose desde un cabo.

-¿Abordar el puerto? ¿Se dice así? -Flick estaba algo confuso.

-¡Qué mas da, padre! ¡La batalla no ha terminado! -Con una ágil pirueta, Morgana cayó sobre tierra firme.

Flick frunció el ceño, pero no tardó en demudar el rostro y transformar la incertidumbre en otra de sus broncas carcajadas.

-¡Por mis boCaptura de pantalla 2014-10-28 a las 17.18.21tas, claro que no hemos perdido! -dio otro trago al ron y luego, dirigiéndose a sus hombres, dijo- ¡Salid de la nave, rufianes, ratas de bañera! La victoria está a nuestro alcance. Pienso abordar ese puerto, si es que es así como se dice. La reina Urraca danzará en el camarote de mi tercer barco. ¡Voto a tal que así será! Corred, malandrines, o las llamas os quemarán el trasero.Captura de pantalla 2014-10-28 a las 17.51.04

Volvió a reír y saltó por la borda, directo al río. Una vez en tierra, apuntó su alfanje a la ciudad. Le rebasaron quinientos piratas, empapados y armados, Que llegaban desde el río dispuestos a enfrentarse a la guardia de la reina Urraca.

 

Ésta, a lo lejos, no alteró ni un músculo en su rostro. No tenía miedo de todas aquellas alimañas.

Aquélla iba a ser una batalla larga, dura y sin un claro ganador, Flick lo sabía.

Precisamente, era eso lo que le gustaba de la vida.

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08. EL ESCAPE DEL INFRAMUNDO

Huyendo a todo correr, los Impromagos no tardaron en comprobar que se hallaban perdidos en el laberinto que eran los túneles del Inframundo. Ventisca les pisaba los talones. El aullido de sus maldiciones resonaba entre los muros como un presagio de muerte.Captura de pantalla 2014-10-24 a las 11.20.50

-¡Eme, estamos perdidos! -gritó Sirene, segura de que el Avatar del Caos no tardaría en darles alcance.

-¡Creo que ya hemos pasado por este corredor, Sirene! ¡Acabarán encerrándonos de nuevo, o algo peor!

Los dos estudiantes de Impromagia habían escapado gracias a Eme y a su suerte. Ni siquiera él sabía cómo, de forma misteriosa, la puerta de su celda se había abierto tras recordar ciertas palabras mágicas, y lanzar un hechizo sin el apoyo de su varita; algo que, para un impromago, era imposible. Gracias a ese golpe de fortuna, ahora buscaban llegar hasta el exterior, con la esperanza de llamar la atención del Archimago y ser teletransportados hasta la torre arcana de Skuchain. Captura de pantalla 2014-10-24 a las 11.58.41Por desgracia, no había ninguna indicación que pudiera guiarles en el reino de las tinieblas, ni conocían la salida.

Al fin, tras elegir al azar su rumbo en innumerables cruces, llegaron a una amplia caverna. Para su desgracia, al otro lado les aguardaba Kashiri. Intentaron dar media vuelta, pero no tardaron en comprobar que Ventisca les cerraba el paso.

Estaban acorralados.

-¡Qué hacemos ahora! -dijo Eme, consciente de que, sin sus varitas, tendrían la batalla perdida contra las Guardianas.

Sirene abrió la boca para contestar, pero sus palabras fueron interrumpidas por la autoritaria voz de la Emperatriz Tenebrosa.

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-¡Impromagos! Habéis colmado mi paciencia. He sido benevolente hasta ahora. Pretendía encerraros hasta que comprendierais que no sirve de nada pelear junto a las fuerzas del orden. Quería teneros de mi lado, pues vuestra magia es poderosa… pero se ha terminado el tiempo de las negociaciones, y de intentar escapar. ¡Elegid! ataque laura emeO formáis parte de mi ejército, o pereceréis en estas cuevas, y vuestras almas pasarán a formar parte de mi colección.

-¡Jamás te serviremos! -declaró Sirene, resuelta.

-¡Eso! -dijo Eme, sacando el valor de un rincón desconocido para sí mismo.

Kashiri sonrió de medio lado.

-Así sea. ¡Preparaos, estos son vuestros últimos instantes de vida!

Alzó su báculo y, al instante, el suelo se resquebrajó con el lamento de mil condenados. Los muertos despertaban de su tormento, y se levantaban de la tierra para despedazar a los estudiantes de Skuchain.

Eme y Sirene no podían imaginar un final más aterrador que el que les aguardaba. Pero de repente, la joven estudiante percibió que algo más aparecía por una de las grietas: una mota de polvo que, a gran velocidad, comenzó a unirse a otras tantas para crear una pelota.

-¡Pelusín! -reconoció.

La criatura emitió un pitido a modo de saludo y, acto seguido, aparecieron junto a ella las dos varitas de los Impromagos. De algún modo, la mascota de Sirene había pasado desapercibida ante las Guardianas del Inframundo, y se había hecho con ellas.

Los Impromagos tomaron las varitas. Un ejército de muertos vivientes les rodeaba.

-¡Sirene, abrámonos paso! -dijo Eme- Debemos hallarnos muy cerca de la salida.

-¡Sé qué conjuro debemos utilizar!

No hizo falta que dijera su nombre. Eme sabía a la perfección a cuál se refería. Ambos realizaron los mismos movimientos de varita y pronunciaron las mismas palabras:

-¡Manum Cárcerem!

Un pasillo de almas en pena quedó paralizado y cayó fuera de combate. Los Impromagos pasaron a su travésataque2. Ahora, con los poderes de su varita, Sirene conocía a la perfección qué rumbo debían tomar. Sin embargo, las Guardianas no iban a dejarles salir por las buenas.Ventisca apareció en la caverna, rodeada por un vendaval de tierra y piedras. Alzó los brazos y dirigió un golpe de viento hacia los dos estudiantes, que fueron elevados por los aires y lanzados contra una de las paredes.

-¿Acaso pensabais escapar? -se carcajeó Kashiri, al otro lado- ¡Débiles! ¡Yo os enseñaré magia de verdad!

Apuntó su báculo y susurró unas palabras estremecedoras. Un rayo negro cruzó la caverna, aniquilando a los no muertos con los que se topaba, directo a los Impromagos. Y aunque Sirene y Eme tuvieron tiempo de conjurar una esfera protectora, la descarga de oscuridad se abrazó a ella dividiéndose en multitud de ramificaciones.

-¡Tenemos que contraatacar, Eme! -Sirene sujetaba su varita con las dos manos; tal era la fuerza de la magia de Kashiri.

-De acuerdo. Lo haremos mediante nuestro conjuro más poderoso. ¿Preparada?

-¡Preparada!

FCaptura de pantalla 2014-10-24 a las 11.47.36ormularon las palabras de su hechizo final, realizaron los mismos movimientos, pero…

-¡Eme, tienes la varita al revés!

-¿Qué…?

Un chisporroteo de energía les envolvió al instante, desencadenando un conjuro totalmente diferente, inesperado…

Desparecieron.

Se materializaron un segundo después, en las orillas del Kal – a – Mar, cerca de la isla Kalzaria. El sol brillaba a lo lejos, sobre un mar tranquilo y despejado.

-¡Eme! ¿qué conjuro has lanzado?

-Pues… no lo sé con seguridad. Pero estamos a salvo, ¿no?

-¡Oh no! -Sirene buscaba a su alrededor- ¡Pelusín! ¿Dónde está?

-Ha debido… quedarse en el Inframundo -a Eme le temblaba la voz.

El conjuro les había salvado, pero a un coste demasiado grande.

-Tenemos que ir por él. ¡Hay que recuperarlo! -dijo Sirene- Vamos, Eme, repitamos el conjuro.

-Me temo que, de momento, debemos concentrarnos en asuntos más importantes. ¡Mira!

Y, apuntando con su varita al mar, señaló un punto  en el que la línea del horizonte quedaba rota por una mancha parduzca. Eran cientos de naves pirata, navegando desde Kalzaria en dirección al continente de Calamburia. Una nueva batalla se preparaba.

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07. EL SECUESTRO DE LOS IMPROMAGOS

La torre de Skuchain se hallaba rodeada por un ejército de goblins. Los habitantes del Bosque Perdido de la Desconexión golpeaban sus muros con enormes mazas. A pesar de todas las defensas mágicas, las paredes ya comenzaban a resquebrajarse.

Petequia dirigía el ejército, marcando el ritmo del asedio mediante golpes de fusta.Captura de pantalla 2014-10-13 a la(s) 15.05.01

Arriba, en la cúspide de la torre, el Archimago desfallecía. Su magia era poderosa, pero nada podía hacer contra miles de enemigos atacando al unísono.

Un poderoso ariete fue lanzado contra las puertas, y éstas cedieron. Los goblins entraron saltando, riendo y aullando. Destrozaron las librerías de manuscritos arcanos, los comedores y los dormitorios. Llenaron las salas de reuniones con su inmunda presencia, y fueron, uno a uno, conquistando los pisos en los que se resguardaban cientos de estudiantes de Impromagia. Los mejores alumnos intentaron contenerlos todo lo posible. El tiempo suficiente hasta la llegada de refuerzos.

Y lo lograron… durante un tiempo.

En efecto, los goblins fueron contenidos mediante hechizos de congelación y otras estrategias de los estudiantes, pero sus escasos conocimientos de magia apenas fueron rival para el poder contenido dentro de Comosu, el hijo de petequia, autoproclamado “príncipe Comosu I de Calamburia”. La marca del Titán brillaba sobre su frente con más fuerza que nunca, desatando una energía imposible de combatir. De este modo, Comosu rompió las barreras energéticas de los estudiantes y evitó todos los poderes de congelación. Avanzó piso a piso, sin que nadie fuera capaz de hacerle pararle.

En la penúltima planta, Eme y Sirene vigilaban la entrada a los aposentos del Archimago. La estudiante había protegido la estancia con media docena de conjuros de protección, pero sabía que ni siquiera eso lograría detener al Elegido.

-¡Eme! -gritó-, siento que Comosu se acerca. ¡No podremos pararle!

-Hay que dar más tiempo al Archimago. Está muy cansado. ¡Necesita recuperar fuerzas!

-¡Pero ya no conozco más hechizos! -reconoció Sirene- Estos no serán suficientes para detener a Comosu. Y si llega a la habitación del Archimago… él no podrá defenderse del Elegido y del ejército de Petequia a la vez. ¿Qué podemos hacer?

Captura de pantalla 2014-10-13 a la(s) 15.10.41            Eme se mordió los labios y tomó su varita con ambas manos. Siempre apretaba su varita cuando se ponía nervioso, o cuando tenía miedo. Intentó buscar en su memoria algo que sirviera, pero resultaba muy difícil pensar bajo tanta presión. Pero además él era siempre tan despistado. En aquel instante, a punto de enfrentarse a un combate abierto contra un enemigo superior, lamentó haberse distraído tanto durante las clases de defensa mágica.

Sí, siempre se distraía… distracción… una distracción…

-¡Provocar una distracción! -dijo, de forma tan repentina que Sirene dio un brinco- Tenemos que engañar a Comosu. No podemos vencerle, pero le conocemos muy bien. ¿Recuerdas cuando jugábamos juntos?Captura de pantalla 2014-10-13 a la(s) 15.16.33

-¡Claro que lo recuerdo! Comosu era nuestro amigo antes de esta guerra.

-¿Y a qué jugábamos, Sirene?

-Nos gustaba transformarle en animales. Pero ahora no podemos utilizar ese poder contra el. Es muy poderoso y lo resistirá.

-No hablo de transformarle a él, sino a mi.

-¿A ti? -Sirene arrugó el entrecejo.

-¡Vamos, apúntame con tu varita! Vas a transformarme en el Archimago. Así engañaremos a Comosu.

-¡Eme, no funcionará! Comosu se dará cuenta. El poder del Elegido puede detectar esos engaños.

-¿Y qué otra opción nos queda? Vamos, Sirene. Transfórmame.

Captura de pantalla 2014-10-13 a la(s) 15.13.22            Sirene torció el gesto, pero por el rabillo del ojo detectó cómo los goblins aporreaban la puerta de su habitación. No quedaba tiempo, así que tomó su varita, la agitó en el aire y formuló las palabras que componían en hechizo de transformación. Eme se notó cambiar. Empezó a crecer y a desarrolla barba. Un segundo antes de que los goblins echaran la puerta abajo, era idéntico al Archimago.

Tras una marea de criaturas verdes apareció Comosu. En su frente brillaba la marca del elegido. Caminó con toda paciencia, echando abajo cada una de las defensas mágicas. Sirene intentó hacerle frente, al igual que Eme, ahora oculto bajo su disfraz, pero de nada sirvió. Con un brusco movimiento de cabeza, Comosu desarmó a los dos Impromagos. A continuación se plantó frente a ellos.

-¡Archimago! -llamó- ¡He venido a por ti!

Eme intentó adoptar una postura regia y contestó:

-Pues aquí me tienes. Me rindo.

Sirene no decía ni una palabra. El miedo le impedía hablar. Comosu extendió el brazo para aferrar al falso Archimago, pero se detuvo a medio camino. Algo llamó su atención; una percepción. Entrecerró los ojos y observó con detenimiento.

-¿Archimago…?Captura de pantalla 2014-10-13 a la(s) 15.16.48

-Soy yo -dijo Eme.

-No… no sé. Algo sucede.

-Comosu -intervino Sirene de repente, reuniendo el valor para hablar-. Es… es el Archimago, fíjate bien.

-No… no lo es -declaró el Elegido, contundente.

-Comosu -insistió Sirene-. Sí que es el Archimago. Por favor, Comosu. Sólo por esta vez… por el pasado.

El Elegido mantuvo un instante su expresión de enfado, pero luego la relajó. Algo se revolvía en su interior: el recuerdo de un pasado lejos de guerras, donde lo más importante era aguardar la llegada de sus amigos, los Impromagos. Los únicos que le visitaban en su destierro.

-Es… es cierto -dijo de repente-. Sí que es el Archimago. Vamos, salgamos de aquí. El ataque ha terminado.

Ordenó a los goblins que dejaran de destrozar el mobiliario y que abandonaran la torre. Así, escoltó a Eme y a Sirene fuera, donde Petequia esperaba junto al grueso del ejército.

-Mamá -llamó-. Ya tengo al Archimago. Venga, vámonos.

Captura de pantalla 2014-10-13 a la(s) 15.16.11

Petequia agitó su fusta y el ejército abandonó Skuchain. Sirene y Eme fueron encadenados y encerrados en un carromato. Los goblins pusieron rumbo suroeste, directos al próximo lugar a conquistar. En Skuchain, sin embargo, había quedado el verdadero Archimago, ahora con tiempo para descansar, recuperar fuerzas y prepararse para el contraataque.

-Comosu -llamó Sirene desde el carromato-. ¿Y ahora qué? ¿Donde nos lleváis?

-Seréis presentados a las Guardianas del Inframundo. Ahora sois sus prisioneros. Ya no podré ayudaros más. Tendréis que escapar vosotros solos.

Sirene resopló. Les aguardaba un destino incierto, pero al menos habían salvado Skuchain.

-Gracias, Comosu -susurró.

-De nada -respondió este, muy bajito-… amiga.

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