Los faunos oscuros

La crónica de la Jungla Esmeralda ha quedado marcada por una mancha indeleble: el nacimiento de los Faunos Oscuros. Esta no es solo una historia de magia prohibida o de experimentos alquímicos, sino un relato sobre cómo el rencor familiar y la ambición política pueden pudrir las raíces del árbol más noble. Para comprender la caída de Áster y su hijo Tárcum, es necesario mirar hacia atrás, al tiempo en que el apellido Robur era sinónimo de lealtad al bosque y no de traición a su propia especie.

En el seno de la familia Robur, nació Áster, el primogénito. Su llegada al mundo hizo felices a sus padres, pues era un fauno sano y obediente. Sin embargo, el destino de la familia comenzó a torcerse con el nacimiento de Quercus(GEMELO), su segundo hijo. Desde que era apenas un cabritillo, Quercus demostró una naturaleza agresiva e ingobernable que aterrorizaba a su propio clan. Sus padres, Sabina Robur y su marido, ante la imposibilidad de controlar a la pequeña fiera y temiendo por la seguridad de la comunidad, tomaron una decisión desesperada que perseguiría a la estirpe por generaciones: abandonaron a Quercus a su suerte en el corazón más profundo e inhóspito del bosque, convencidos de que la naturaleza implacable reclamaría su vida.

Con la desaparición del «hermano tarado», Áster creció rodeado de privilegios. Se convirtió en el ojito derecho de su madre y, tras la muerte de su padre, asumió el rol de macho dominante de su casa. Áster era un guerrero excepcional, respetado por todos y destinado a liderar a los faunos hacia una era de prosperidad. Sin embargo, el equilibrio se rompió cuando, años más tarde, la recién nombrada Dama Esmeralda, Édera, encontró a un salvaje y poderoso guerrero fauno sobreviviendo en la espesura. Aquel fauno no era otro que Quercus, quien no solo había sobrevivido al abandono, sino que se había curtido en la lucha contra las bestias más feroces.

Édera, impresionada por la fuerza bruta de Quercus, lo nombró General de la Guardia del Bosque. El regreso del hijo pródigo fue un golpe devastador para el orgullo de Áster. Sabina Robur, consumida por el arrepentimiento, abrazó a su hijo recuperado con un orgullo que nunca antes había mostrado, desplazando a Áster a un segundo plano. El que fuera el líder indiscutible de los Robur, el siempre obediente Áster, se vio de repente viviendo a la sombra de aquel hermano al que sus padres habían despreciado.

El rencor maceró el alma de Áster hasta que la rivalidad se volvió insoportable. Finalmente, retó a Quercus a un duelo de jinetes de verdiplumas para reclamar el puesto de General. Fue un combate épico, pero Áster fue derrotado ante los ojos de todo el pueblo fauno. Según las leyes ancestrales, la derrota en tal desafío implicaba el destierro perpetuo, un destino que Áster aceptó con amargura. Pero Quercus, en un gesto que pretendía ser generoso pero que resultó ser la humillación definitiva, pidió clemencia a la Dama Esmeralda para que su hermano fuera perdonado.

Áster permaneció en la jungla no como un héroe, sino como un fracasado que debía su estancia a la lástima de su rival. Se retiró de la vida pública para alimentar su odio y, con el tiempo, se casó y engendró un hijo, Tárcum, a quien educó con un único propósito: ser el arma de su venganza. Tárcum creció fuerte y valiente, pero con una inteligencia limitada que le hacía seguir ciegamente cada orden de su padre, obsesionado con no defraudarle nunca. Áster le moldeó en la obediencia ciega y la perseverancia, convencido de que esos eran los verdaderos valores supremos de un buen fauno: los que sus padres le habían inculcado.

Tras la caída de la Madre del Abismo, hubo una relativa paz en el reino faérico, liderada por la nueva Dama Blanca. Áster y Tárcum entrenaban sin descanso en lo más profundo del bosque y la ambición de Édera comenzaba a desbordarse. Sentía una profunda envidia hacia el hada Edrielle, que había truncado su plan de convertirse de Señora de la Fronda a nueva Dama Blanca usurpando el puesto en una elección apresurada. Para canalizar su ambición, la Dama Esmeralda buscó desesperadamente una forma de obtener un poder que pusiera a la suya, al fin, por encima de las demás razas faéricas. Fue entonces cuando entró en contacto con Zoedra, la maestra de criaturas y profesora de monstruología de Cuna de Oscuridad.

En contra de las insistentes recomendaciones de Vandrell, el espíritu protector de us raza, y creyéndose más lista que los propios brujos tenebrosos, Édera urdió un plan siniestro: ofreció entregar a algunos de sus propios faunos para que Zoedra experimentara con ellos, convirtiéndolos en seres oscuros y más poderosos que servirían como su ejército privado. Por mera prudencia, no entregó a su leal general Quercus; en su lugar, sacrificó al resentido Áster y al joven Tárcum, creyendo que su afán de poder los haría sujetos ideales para la corrupción.

En los laboratorios de Zoedra, los Robur fueron sometidos a procesos atroces. Utilizando los manuscritos prohibidos de Drëgo, Zoedra comenzó a retorcer su esencia faérica. El experimento fue un éxito aterrador: Áster y Tárcum no solo sobrevivieron, sino que sus músculos aumentaron de forma antinatural y sus cornamentas se endurecieron y crecieron, volviéndose más resistentes que el acero. Dejaron de ser protectores de la naturaleza para convertirse en los primeros Faunos Oscuros, seres cuya fuerza se alimentaba del puro rencor. En su nueva forma, demostraron ser jinetes excepcionales: el padre montaba su verdiplumas cuyo plumaje se había vuelto negro como el de un cuervo, y el hijo domesticó a su propia gárgolas de espinas, una criaturas de pesadilla similar al cruce macabro de un puercoespín y un jabalí. A lomos de esta criatura, nativa del corazón de la selva más profunda, Áster realizaban embestidas imparables que hacían temblar las raíces de los árboles. Sin embargo, Édera cometió un error fatal al subestimar la naturaleza de la oscuridad: había dado por sentada la obediencia de aquellos seres.

Cuando los Faunos Oscuros regresaron ante la Dama Esmeralda, ella esperaba ver a sus nuevos siervos hincar la rodilla. En lugar de eso, Áster y Tárcum, actuando bajo las órdenes secretas de su nueva señora, Zoedra, aprovecharon el encuentro para secuestrar a Édera. La ironía del destino fue absoluta: la reina que había vendido a sus súbditos para obtener poder terminó convertida en una ofrenda entregada por esos mismos súbditos a la bruja de las sombras.

Actualmente, Áster y Tárcum custodian las profundidades de Cuna de Oscuridad, donde los brujos mantienen cautiva a la Dama Esmeralda mientras trabajan en su próximo y más oscuro experimento. Áster finalmente ha logrado su objetivo: es más poderoso que su hermano Quercus, aunque el precio haya sido renunciar a su alma y a su hogar. Tárcum, por su parte, sigue cargando en la batalla con la furia de su gárgola, siendo la mano ejecutora de un padre que solo sabe amar a través del odio y que le ha arrastrado con él a su caída a la más profunda oscuridad.

LOS FAUNOS OSCUROS

Antaño protectores de la jungla Esmeralda, hoy regresan como jinetes de pesadilla corrompidos por la oscuridad. Guerreros de fuerza hercúlea que no conocen la piedad, vienen a dar la vida por la Oscuridad. ¡Temblad ante la imparable embestida de los Faunos Oscuros!


La pareja

Áster

Él es un guerrero cegado por el rencor. Su sed de venganza, le ha llevado a entregar su alma y su cuerpo a la corrupción para recuperar su posición como macho dominante ¡Temblad ante el filo de Áster, Raíz-Negra!



Tarcum

Él es un jinete de fuerza colosal que sigue con lealtad ciega los pasos de su padre, cargando contra sus enemigos a lomos de bestias de pesadilla. ¡Apartaos sino queréis ser arrollados por Tárcum, el Jinete de Espinas!