176 – ESPEJISMOS DEL ABISMO II

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ESPEJISMOS DEL ABISMO II

Al despuntar el día, la Dama Turquesa reunió a su pueblo para anunciar su decisión de abdicar, invitando a todas las ondinas a la ceremonia de coronación de quien la sucedería. Los actos tendrían lugar a la mañana siguiente. Mientras tanto, Heleas y Airlia se dirigieron al portal que custodiaban conjuntamente, una tarea que Heleas había extrañado profundamente durante su tiempo en la Aguja de Nácar. Airlia le contó que había tenido problemas para estabilizarlo en su ausencia: un inusual número de peces habían intentado atravesar hacia el mundo mágico y ella había tenido dificultades para mantener el portal estable.

—Algo sucede en Aurantaquía —concluyó Heleas, pensando en Trai y las palabras que había compartido con él—. Si el Mundo Faérico está tranquilo, entonces el origen de nuestros problemas debe estar en Calamburiano.

—Coincido contigo pero, ¿qué podemos hacer? No podemos abandonar el portal. Después de la ceremonia analizaremos nuestras opciones.

Tras una revisión exhaustiva y completar los rituales de protección necesarios, los dos volvieron a Tealia a preparar la ceremonia de elección de la nueva dama. La ciudad fue adornada con corales, anémonas y posidonias, un escenario digno de una ceremonía tan significativa para la sociedad ondina. Todo estaba listo; al alba comenzarían los rituales que marcarían el comienzo de una nueva era bajo la guía de la sucesora de la Dama Turquesa.

La tranquilidad de la noche se vio abruptamente interrumpida por un estruendo que sacudió el silencio, despertando a las ondinas de su reposo. Alarmadas, pudieron distinguir a lo lejos un intenso brillo que rasgaba la oscuridad. Sin dudarlo, los guardianes del portal y la Dama Turquesa corrieron hacia la figura. Al llegar se encontraron con la joven Azurina enfrentándose a una imponente tritona que generaba incontables remolinos.

—¡No puede ser! —exclamó Airlia con los ojos abiertos por la incredulidad al distinguir la figura de Anfítrite, la Bruja del Mar.

—¡El problema era de Aurantaquía! ¿Qué le has hecho a los tritones? —preguntó Heleas, su voz cargada de acusación y sorpresa.

—Yo no he hecho nada —apostilló Anfítrite con una malévola sonrisa—. Aunque mi querido padre ya no nada entre nosotros. Sus propios súbditos han terminado con su vida. Y quién va a sucederle, ¿mi hermano? No, Itaqua no reinará.  Y parece ser que la pequeña Azurina tampoco lo hará aquí.

Azurina miró a Anfítrite con el corazón desbocado. Las palabras de la Bruja del Mar resonaban en su mente, revelando secretos y verdades no dichas. Anfítrite, observando la sorpresa en el rostro de Azurina, continuó:

—He visto el potencial en ti, niña. Tu habilidad para crear ilusiones supera con creces lo que cualquiera en Tealia podría imaginar. No comprendo cómo nadie ha apostado por ti, en lugar de esos guardianes de la Fosa Abisal. Tu madre, me temo, nunca tuvo la intención de nombrarte dama. ¿Acaso piensa que esa guerrera puede superar a su propia descendencia? —su mirada se clavó en Airlia con desdén— Tanto tú como yo, pequeña y dulce ondina, hemos sido traicionadas por nuestra sangre, pero juntas reclamaremos el lugar que nos pertenece por derecho.

Azurina, con el rostro encendido por la ira y la frustración y asombrada por las palabras de  Anfítrite, se volvió hacia su madre.

—¡Sabía que no confiabas en mí!» —exclamó, su voz temblorosa pero llena de una determinación feroz.— Por eso nunca te demostré lo lejos que he llegado con mis ilusiones. He avanzado, madre, mucho más de lo que imaginas. Anfítrite… ella sí ha visto mi potencial, me ha visto de verdad.

El encuentro se cargó de tensión, con el destino de Aurantaquía, Tealia y el Mundo Faérico pendiendo de un hilo. La batalla por la verdad y el futuro de sus reinos acababa de comenzar.

—¡Los tritones jamás te permitirán volver! —exclamó Airlia, su voz resonando con firmeza en el silencio que siguió a la declaración de Anfítrite.

—Es que no se podrán negar, querida mía. No después de tener a las ondinas y sus valiosos poderes bajo nuestro control —declaró la bruja—. Los tritones son unas criaturas simples que nunca sospechan nada. Viven su vida en las profundidades, ajenos a las maquinaciones de la superficie. Incluso Aquilea, que es la única con algo de cabeza, está bajo mi poder en un sitio del que no podrá escapar. Y tú, guerrera de la fosa, cuando la joven ondina y yo seamos las señoras de Tealia, usarás tu mágica habilidad para influir en los demás y convencerles de que somos vuestras verdaderas líderes. 

En un instante de pura malevolencia, Anfítrite se empezó a transformar en una gigante medusa negra; su silueta humana se distorsionó en una danza macabra de sombras y luz bajo el agua. Su piel, antes lisa y resplandeciente, se oscureció y adquirió la textura rugosa de las criaturas abisales, mientras que de su cabeza brotaron tentáculos serpenteantes, sustituyendo su cabello rubio por una maraña viva de apéndices venenosos. Sus ojos se iluminaron con un brillo siniestro y su  sonrisa que deformaba su rostro reveló una hilera de dientes afilados, listos para liberar su toxina mortal.


Mientras la bruja completaba su transformación, Azurina liberó su potencial oculto. Impulsada por un torbellino de emociones, comenzó a tejer su magia en el agua creando espejismos que los sumieron en una profundidad aún más oscura. El agua, normalmente transparente y llena de vida, se convirtió en un escenario de sombras fluctuantes y luces engañosas, donde la realidad y la ilusión se entrelazaban indistinguiblemente.

En ese momento crítico, Heleas comenzó a mover sus manos en un gesto que Marilia, la Dama Turquesa, reconoció de inmediato. Iba a utilizar su habilidad para alterar el flujo del tiempo, retrocediendo unos segundos, con el fin de atraer la atención de Anfítrite hacia él y alejándola de sus compañeras . Airlia observó también a su compañero y fue consciente de los riesgos que implicaba tal acción. Si lograba su cometido, no solo desviaría el peligro inmediato, sino que también les daría una oportunidad para contraatacar y, quizás, cambiar el curso del conflicto que se cernía sobre ellas.

En el momento en que Heleas comenzó a mover sus manos, el agua  empezó a fluir de manera inusual, como si corrientes invisibles estuviesen tejiendo el espacio. Las burbujas se suspendieron flotando sin dirección y los destellos de luz bajo el agua se distorsionaron, creando un efecto visual que simulaba el retroceso de un río en el tiempo. Era como si el océano mismo respirase hacia atrás, llevando a todos los presentes a un momento previo, justo antes de que la confrontación escalase.

—¡El problema era de Aurantaquía! ¿Qué le has hecho a los tritones? —exclamó por segunda vez Heleas, que había logrado retroceder en el tiempo.

En ese momento de confusión, las ondinas se movilizaron rápidamente para sacar provecho de la situación. Airlia, consciente de la importancia de mantener a Azurina alejada de cualquier acción que pudiera desestabilizar aún más la delicada línea temporal recreada, se concentró profundamente en la joven ondina. Con una delicadeza y precisión mágica, empezó a entretejer los pensamientos y emociones de Azurina, buscando guiarla hacia un espacio mental seguro y pacífico.

Visualizó un lugar feliz en la mente de la joven, uno lleno de recuerdos y sensaciones de alegría pura. Imaginó las aguas cristalinas de Tealia en un día calmado, donde jugaba entre los corales y los hipocampos danzaban a su alrededor, cada uno emitiendo brillantes destellos de colores al moverse.

Este paisaje mental, creado con el único propósito de apaciguar y proteger a Azurina, funcionó como un ancla, manteniéndola inmóvil y serena, lejos de la tentación de intervenir. La habilidad de Airlia para navegar y moldear los pensamientos de Azurina reveló no solo su profundo conocimiento de la joven ondina sino también el poder de su propia magia, capaz de brindar calma incluso en medio del caos.

Mientras tanto, Marilia, con la fuerza menguante debido a su constante uso del poder de la ilusión, se enfrentaba a Anfítrite con todas sus energías. Intentó envolver a la bruja en una enorme burbuja, una ilusión de gran alcance que esperaba que fuera la distracción que les diera ventaja. Sin embargo, la fortaleza de la tritona era inmensa, y cuando comenzó a sacudir sus tentáculos, rompiendo las ataduras de la ilusión, quedó claro que la lucha estaba lejos de terminar.

La bruja parecía anticipar cada movimiento de las ondinas. Con la rapidez de un rayo y la precisión de un cazador, Anfítrite giró sobre sí misma, desplegando sus tentáculos en un arco amenazante y peligroso.

Azurina aún se encontraba en este espacio mental: estaba recogiendo conchas en la suave arena del fondo, cada una conteniendo ecos de risas y momentos de felicidad compartidos con su madre. Creaba patrones luminosos que bailaban sobre su piel para esconderse y que no la encontraran. En la ensoñación, su madre que hacía como que no sabía donde estaba,  siempre acababa encontrándola para envolverla en un abrazo cálido y reconfortante. Justo en ese momento, en el arropo del abrazo de una madre, notó cómo el agua de su alrededor empezó a vibrar de forma descontrolada. El agua de la ilusión se estaba desvaneciendo; algo se acercaba a gran velocidad. Era un enorme tentáculo que golpeó a la ondina rompiendo la ilusión que había depositado Airlia en su mente. La medusa, removiendose en mitad de su ataque ejecutó un movimiento brusco y violento, que alcanzó a Azurina, envolviéndola en un abrazo letal. La fuerza del golpe lanzó a la joven ondina hacia atrás, mientras el veneno comenzaba a infiltrarse en su cuerpo, atacándolo con una rapidez devastadora.

A su alrededor, el agua se tiñó de un tono oscuro, una manifestación visible de la ponzoña que ahora corría por sus venas. Los intentos de Airlia y los demás por llegar a tiempo se vieron frustrados por la velocidad del veneno, que actuaba más rápido de lo que cualquiera podría haber anticipado. A pesar de sus poderes y sus intentos de salvarla, se encontraron impotentes ante la agresividad del ataque.

La desesperación se apoderó del grupo mientras se reunían alrededor de Azurina, intentando en vano contrarrestar los efectos del veneno. Anfítrite aprovechó el tumulto y la distracción que su ataque había causado y logró escapar, dejando tras de sí una profunda herida emocional en el corazón de Tealia.

La pérdida de Azurina, una joven llena de vida y promesa, se convirtió en un recordatorio sombrío de la crueldad de Anfítrite y la vulnerabilidad de Tealia ante las fuerzas oscuras que buscaban su destrucción.  Con los corazones destrozados por la pérdida, las ondinas regresaron a la ciudad en silencio. Habían fracasado. No solo no habían detenido a la Bruja del Mar sino que habían perdido a su pequeña.

La ciudad, que horas antes se preparaba para celebrar un acontecimiento de alegría y traspaso de poder, se encontraba ahora sumida en el luto. Anfítrite había logrado no solo cobrarse la vida de una de las suyas, sino también envenenar el espíritu de toda la comunidad. Las decoraciones, antes símbolos de esperanza y renovación, fueron retiradas una a una, dejando a Tealia envuelta en la sombra del duelo. La pérdida de Azurina se convirtió en un recordatorio doloroso de la amenaza que aún acechaba en las profundidades y la superficie, uniendo a todos en un silencioso voto de venganza y justicia.

La coronación de la nueva Dama Turquesa se llevó a cabo bajo circunstancias excepcionales, marcadas por una solemnidad y un luto que envolvían cada aspecto del ritual. La ceremonia, aunque ejecutada con la precisión y el decoro que la tradición demandaba, estuvo impregnada de un silencio profundo, apenas roto por las necesarias palabras del protocolo. Airlia superó cada una de las pruebas que la harían merecedora del título pero, esta vez, no hubo espacio para las risas o las celebraciones habituales; el dolor por la pérdida reciente de Azurina y la amenaza aún latente sobre la ciudad eclipsaron cualquier atisbo de júbilo.

Tealia, que solía vibrar con la alegría de sus habitantes y la belleza de sus corales, ahora estaba de luto. La ausencia de color y música, elementos tan característicos de las celebraciones ondinas, reflejaba el estado de duelo que había capturado el corazón de cada habitante.

La partida de Marilia, la Anciana Turquesa, hacia el círculo de las Damas Faéricas, fue un momento de especial tristeza. Aunque era una transición prevista y parte del ciclo natural de liderazgo en el reino submarino, el contexto en el que se produjo llenó el momento de una melancolía aún más profunda. La comunidad no solo se despedía de su líder y protectora, sino que también enfrentaba la incertidumbre de su futuro en medio de una amenaza que había demostrado ser capaz de tocarlos en lo más profundo de su ser.

La nueva Dama Turquesa asumió su cargo no con el estruendo de las celebraciones, sino con el peso de la responsabilidad que la crisis reciente había impuesto sobre sus hombros. No había conseguido salvar a la pequeña ondina en el ataque de Anfítrite. ¿Sería capaz de proteger a su pueblo de las próximas amenazas? Su primera tarea no sería liderar en tiempos de paz y prosperidad, sino navegar las turbulentas aguas de la reconstrucción y la venganza, buscando justicia para Azurina y seguridad para Tealia. En este contexto de dolor y determinación, Tealia comenzaba a cerrar una página de su historia, preparándose para enfrentar lo que el destino le deparará bajo la guía de su nueva líder.


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