130 – EL PANAL SE AGITA

Los libros de historia de Calamburia marcarán como un gran epígrafe la cacareada Paz de la Reina Sancha. Es cierto que entre todas las épocas convulsas de Calamburia, fue probablemente una de las más tranquilas, aunque no por ello menos sanguinarias. Pero todos los Calamburianos con sed de poder esperaban pacientemente el momento en el que los cimientos del poder se tambaleasen para poder probar ellos también las mieles del reinado.

Y más que tambalearse, el panal de abejas estaba totalmente desmantelado y la miel fluía libre, a la espera que los más audaces se lanzasen a recogerla. Aún nadie se atrevía y la razón podía ser muy posiblemente que la abeja reina zumbaba furiosa, amenazando con un picotazo sin duda letal.

– ¿Pero es que ningún mensajero de este reino sabe hacer su trabajo? – gritó furiosa Sancha III, con los brazos agarrando con fuerza el Trono de Ámbar.

– Mi señora, estamos igual de confusos que usted – repuso humildemente Érebos.

– Es más, estamos anonadados – apuntilló Barastyr.

– Pues ya podéis salir rápidamente de vuestro anonadamiento si no queréis que retome las costumbres de mi nieto – dijo mascullando entre dientes la anciana.

– Me temo que nuestros pajaritos no logran descubrir nada de ese lugar que los paletos y supersticiosos llaman… Cuna de Oscuridad – explicó con paciencia Érebos -. Los recién asentados lugareños no gustan de hablar con los extranjeros, al parecer.

– ¿Extranjeros? ¡Son mis súbditos! ¡Están creando un reino bajo mis narices! Esto es sedición, una revuelta, un tumulto. ¡Y debemos ahogarlo de inmediato! – dijo la reina dando un puñetazo con sorprendente fuerza en el reposabrazos.

– Entiendo su indignación mi Reina, pero sabe que su reinado se ha caracterizado por acciones más sutiles. Sería mala idea recurrir a estas prácticas tan barbáricas… – señaló Barastyr.

– Así me lo pagan esa panda de desagradecidos… les traigo paz, y ellos me lo devuelven con traición y montando su propia comunidad de desterrados. ¡Y ese maldito castillo! ¡Salido de la nada! ¿Dónde está Aurobinda? Me prometió respuestas hace semanas – escupió con desdén Sancha.

– Ya sabe usted que está lidiando con sus propios problemas en la Torre Arcana. Son tiempos oscuros y hay que evitar el enemigo que acecha en el interior – recordó Barastyr.

Sancha resopló, mirando el salón del trono con ojo crítico. La corte de Calamburia se hallaba reunida ahí, susurrando, merodeando o simplemente, tratando de esconderse de la mirada asesina de su Reina. El zumbido de ira de la Reina Sancha casi parecía retumbar en las paredes y nadie quería ser el blanco de su furia. Pero hay gente que no teme a los peligros terrenales, porque creen ser protegidos por un ser superior. La fe podía convertirse en un fuerte escudo si habías llegado a conocer a tu dios en persona.

– ¡Alabado sea el verdadero Titán! – dijo Inocencio I, subiendo los peldaños hacia el trono ambarino -. ¡Alabado sea su poder!

– Alabado, alabado – respondió con fastidio la reina, agitando la mano como si tratase de espantar moscas.

– Mi reina, el pueblo se encuentra agitado. Cada vez más fieles desaparecen por la noche para asentarse en ese maligno pero a la vez poderoso lugar. Tratamos de adoctrinar al resto de sus parientes, pero no provocó ningún cambio: han roto lazos con todas sus familias – explicó Inocencio, con ningún tipo emoción reflejada en el rostro -. Por otro lado, los moradores de las montañas, serpientes de las marismas y escorpiones del desierto acechan las lindes de la civilización. Temo que traten de poner a prueba nuestra fe

– De los Nómadas ya se está encargando Urraca. Es un proceso lento, tienen una cantidad absurda de rituales y de pasos que dar antes de establecer algo similar a una discusión diplomática – repuso con desdén Sancha -. Pero desde que levantamos la Puerta del Este de nuevo, no hay nada que temer. No me asustaré por un puñado de bárbaros oportunistas.

– Vengo también a pedirle, mi Reina, que me permita usar métodos más… directos para la educación del… vástago – dijo con voz titubeante Inocencio, mostrando algo de emoción por primera vez.

– ¿Qué es lo que ocurre con ese asunto de estado que os pedí que mantuvieseis en secreto y que jamás mencionáseis aquí, en la corte? – dijo con voz peligrosamente fría la reina.

– Verá, mi reina, el chico tiene un temperamento difícil… es muy dócil, pero a la vez testarudo cuando quiere. Si pudiese disponer de ciertos artilugios y facilidades…

– Ni hablar. Padre, ha torturado a cientos de herejes, no me venga ahora con remilgos de novicio. Educará al chico usando toda la paciencia que el Titán le dé, pero no usará ni látigos ni objetos afilados. Seguro que el Titán proveerá – repuso con una encantadora sonrisa.

El religioso se envaró y se retiró con una gélida inclinación, dando una breve satisfacción a la Reina Sancha. Últimamente la Iglesia del Titán estaba tomándose ciertas fervorosas libertades que estaban empezando a resultar sospechosas. En cuanto solucionase el dichoso caso de Cuna de Oscuridad, les recordaría la importancia de los valores tales como la humildad y la lealtad.

Pero aún no habían acabado las preocupaciones de Sancha, ya que la multitud empezó a abrirse como un abanico mientras una comitiva dorada y escarlata se acercaba al trono. Sus sonrisas zalameras atacaban a todo el que osaba acercarse y el terciopelo acariciaba con desdén el mármol del suelo. Toda la comitiva olía a un terrible almizcle, una mezcla de opulencia, sadismo y profunda prepotencia. Los Von Vondra estaban en el Palacio de Ámbar.

– Vaya. Esto sí que no lo vieron nuestros pajaritos – repuso interesado Érebos.

– ¡Querida! Que día tan triste y macilento para encontrarnos, pero al fin y al cabo, son los únicos días de los que disfrutamos últimamente – exclamó con una cantarina voz Zora Von Vondra, Marquesa de Sí a Huevo -. ¿Verdad que sí, Tilaria?

– ¡Así es hermana! Debo alabar el exquisito detalle con el que se ha vestido hoy. A sus pies, majestad – exclamó lady Tilaria, separándose del grupo y deshaciéndose en reverencias.

La Reina Sancha observaba la comitiva mientras su cabeza establecía alianzas y las rompía a una velocidad vertiginosa. Su mirada se trabó con la de Zora, y ambas empezaron un baile mortal en lo más profundo de sus cabezas planeando estratagemas cada vez más complejos basados en la posible respuesta de su oponente. Finalmente, ambas pestañearon y Sancha rompió el tenso silencio preguntando:

– ¿Y bien, querida? ¿Cuál es la razón por la que nuestros primos vienen a regalarnos con su presencia?

– Oh, en estos tiempos tan oscuros y confusos, en los que la gente aparece y desaparece sin ningún tipo de orden ni concierto… los Von Vondra hemos decidido establecernos temporalmente en el Palacio. Ya sabes querida para… estrechar nuestras relaciones.

Sancha ya había pensado varias maneras con las que estrechar el cuello de su rival política. Pero ciertamente, era una oportunidad de oro para controlar más de cerca a esa víbora, aunque significase prácticamente dormir con ella. Pero para que el veneno de esa arpía tuviese efecto, tendría que atravesar su carne. Y Sancha III de Calamburia tenía el pellejo más endurecido que un caimán de las marismas.

– Entiendo que con ese lugar llamado Cuna de Oscuridad tan cercano a Si a Huevo, busquéis asilo político en el Palacio de Ámbar. La Corona protege a los suyos. Sea pues, sed bienvenidas. Cuidaremos de vosotros.

“Cuidaré de vosotros, sí. Y si se presenta la ocasión, os ahogaré en vuestro sueño” pensó la Reina, agarrándose con fuerza al trono.


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