GUERRAS DE CALAMBURIA. EL COMIENZO

Si aún existen las Musas, y son capaces de atender mi ruego, que ellas guíen el trazo de mi pluma y serenen el pulso de mi diestra temblorosa, pues los hechos que recuerdo perturban mi ánimo, y no me dejan redactar la historia sin que los miedos despierten. Mas las damas de toda inspiración también se hallarán preocupadas, pues los peligros que nos acechan conciernen a humanos e inmortales, a los habitantes de la tierra y los cielos. Y afirmo esto, pues fue una habitante del cielo, una musa para muchos mortales, la primera en caer hasta el Inframundo. Con ella despertó la sombra, la ruina… con ella vino la Emperatriz Tenebrosa.

Todo se remonta tres años atrás, al momento en el que se celebraba el Torneo de Calamburia. Cada hombre, mujer y niño aguardaba con ansia los encuentros que se celebraban en la arboleda de Catch – Unsum, donde los elegidos por el Titán medían fuerzas para lograr la Esencia de la Divinidad. Yo, un pobre cronista, fui testigo directo de cada liza, de cómo las parejas midieron sus fuerzas entre los gigantescos árboles centenarios. Vi a los que eran expulsados y a quienes, paso a paso, se aproximaban hasta el ansiado premio.

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En ese contexto, fui testigo de las pasiones más encendidas, los rencores y las amistades. Observé a los Impromagos saludando a sus mecenas, los Reyes de Calamburia. Presencié a las Zíngaras danzando al son de conjuros sibilinos, mientras los Taberneros saltaban y brincaban con la melodía de los vapores etílicos. Yo vi todas estas cosas, y también las desavenencias de los Seres del Aire, el germen que nos ha conducido al mayor trastorno de nuestra historia.

El amor entre Brisa y Siroco era más importante de lo que todos pensábamos. Durante el Torneo les vimos apostar la continuidad de su matrimonio. La Esencia de la Divinidad arreglaría un amor desecho; de lo contrario, ambos terminarían separados.

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Por desgracia, los Seres del Aire fueron descalificados. Ni siquiera yo he sido capaz de averiguar cuántas discusiones y cuántas lágrimas llegó a derramar Brisa por su esposo, ni cuánto lamentó éste no haber atendido a sus exigencias con anterioridad. Y así, mientras los combates proseguían, la Dama Celeste buscó la forma de abandonar su reino, Caelum, para no volver jamás.

No obstante, bajo esta decisión se escondía la malévola inquina de un ser de oscuridad pura. En sus sueños, Brisa se veía descender de las nubes y caer a lo más profundo de la tierra, donde una dama de cabellos rojizos consolaba sus penas con promesas de poder inimaginable. A cambio, Brisa no tenía más que llevarse la invitación al torneo, el pase del Titan para optar a la Esencia de la Divinidad. Hicieron falta muchas noches, pero poco a poco las pesadillas fueron transformándose en sueños prometedores, y estos, a su vez, en el vaticinio de un nuevo orden para Calamburia.

Y de este modo, la noche de la final, mientras los habitantes del reino vitoreaban a los Taberneros, ganadores del Torneo, Kashiri, la Emperatriz Tenebrosa fue conjurada por las Zíngaras, secretas adoradoras de su poder.

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Kashiri hizo acto de aparición, y los participantes del Torneo se prepararon para hacerle frente. Los primeros fueron los mismísimos Seres del Aire. Brisa jamás había visto en carne y hueso a la consorte de sus sueños; pensó, de este modo, que se trataba de un peligro diferente. Por desgracia, el poder de la Dama Celeste se hallaba influenciado por Kashiri, y ni ella, ni Siroco lograron detenerla. A un golpe de su báculo, los dos salieron despedidos.

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A continuación, los Impromagos se lanzaron al ataque. Eme y Sirene ejecutaron un poder conjunto de parálisis y Kashiri quedó petrificada… durante unos segundos. Los pobres estudiantes no eran rival para una hechicera como ella, así que a estos también se los quitó de en medio.

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Morgana se lanzó con su botella, dispuesta para el combate cuerpo a cuerpo, pero Kashiri respondió aprisionando su cuello, y casi estrangulándola, la arrojó de su camino.

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Sólo Comosu, demostrando que era el Elegido, pudo llegar a detenerla durante un buen rato. Yo, que presenciaba la escena desde muy cerca, a punto estuvo de creer que la Emperatriz Tenebrosa había sido derrotada, pero no fue así. El poder de la marca en la frente del Desterrado, símbolo heredado del Titán, era muy superior a la magia de Kashiri, pero ésta, conocedora del secreto guardado por Petequia durante años, reveló oportunamente el el padre de Comosu era el mismísimo rey Rodrigo. El muchacho perdió la concentración y cruzo la barrera creada por Adonis y Quasi para llegar a su majestad, mientras tanto,  Kashiri avanzó hasta la Esencia.

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Tras arrebatarla de los dedos trémulos de Ébedi, Kashiri colocó el frasco en sus labios y pronunció un juramento: “¡Con la esencia de la Divinidad escaparé del Inframundo y dominaré Calamburia!” Así dijo, y bebió.

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¡Oh, Musas! ¡Tomad el control de mi ánimo, si os resulta posible, pues el miedo no me permite escribir con claridad! Kashiri bebió la Esencia. De nada sirvió que el Rey le recordase que los efectos del néctar del Titán solo eran efectivos para los poseedores de la C, pues Kashiri ya tenía la suya propia; aquella que Brisa, ahora llamada Ventisca, se había llevado consigo al escapar de Caelum. Los sueños de la Dama Celeste se habían hecho realidad. La Esencia de la Divinidad hizo efecto, y la Guardiana del Inframundo quedó liberada de su reino.

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Las Zíngaras no tardaron en rendirle pleitesía. Siguió Morgana, que adivinó en Kashiri una regente más provechosa que los Reyes y dispuso el barco del Capitán Flick a la emperatriz. Petequia, por su parte, vio la oportunidad para expulsar a su hermana, de modo que también se unió.

De este modo, Kashiri no tardó en marchar al mando de un ejército de fieles. Al otro lado quedaron quienes aún se aferraban al orden: los Impromagos, Taberneros y Porteros, todos bajo el gobierno de los Reyes.

La tierra de Calamburia se agita con la promesa de la batalla. El caos avanza imparable, mientras las fuerzas del orden preparan su defensa. Ni siquiera los dioses saben qué futuro aguarda a nuestro continente, y si será Kashiri o Urraca quienes ocupen el poder.

enfocada5

¿Qué más puedo decir yo, un humilde cronista? No me quedan palabras, ni ánimo. En mi cabeza creo en el bien, por supuesto. Sin embargo hay algo que se agita en el centro de mi corazón; una tentación que me aterra y me seduce a partes iguales: ¿y se Kashiri no es el verdadero mal? Sé que hay muchos secretos entre los antiguos participantes al Torneo, y presiento que aún quedan sorpresas reveladoras con las que esta trama, que ahora comienza, podría dar un giro drástico a los acontecimientos.

Sólo me queda una recomendación: que cada uno busque en su interior, elija un bando al que pertenecer, y que el destino conceda la victoria.

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