Tras años de cruenta guerra por el dominio de la prolita, el rey Rodrigo VII fue traicionado por la reina Elora y sus piratas. Como decisión estratégica y para poder asestar el necesario golpe de gracia a la coalición de los Pueblos Primigenios, Doddy se vio obligado a abdicar en su hija Petequia y su yerno, el rey Caspio de Aurantaquía.
Bajo el mandato de los nuevos reyes los dos reinos se unificaron y la nueva capital de ambos se estableció en Ámbar donde los canales se extendieron convirtiéndola en una ciudad anfibia. Sin embargo, varios acontecimientos pospusieron la que parecía una inevitable victoria definitiva de la corona en la guerra contra los salvajes. La primera fue la desaparición de la magia, derivada de ciertos conflictos en el Mundo Faérico. El hecho convirtió a los magos en peleles inservibles, que seguían consumiendo recursos sin aportar su histórico valor decisivo en las batallas. Por todo ello, la corona no sintió como una especial pérdida que la Torre Arkhana de Skuchaín se declarara en rebeldía. Sin embargo, el fin de la magia y su efecto estratégico en la guerra fue el balón de oxígeno que los mermados pueblos salvajes necesitaban para resistir y continuar hostigando a la corona. Por otro lado, los licenciosos piratas acogieron en su seno a la princesa Urraca y encontraron en ella su propia candidata al trono de Calamburia.
Caspio y Petequia, obligados a gobernar un mundo inestable y dividido, se centraron en dos cometidos: hacer de la religión la palanca necesaria de la unión de su reino y lograr la integración efectiva de humanos y tritones en una sola sociedad. En esa tesitura nació el primer hijo de los reyes. Rodrigo fue un bebé sano y fuerte, con escamas de tritón y branquias. Sin embargo, nadie sospechaba del funesto destino que aguardaba al heredero. Una noche de tormenta, una sombra penetró en la torre del Palacio en la que se hallaban las dependencias de la familia real. Alguien secuestró al primogénito en mitad de la noche y sin dejar rastro. Los reyes peinaron cielo, tierra y mares, pero no dieron con el niño ni con una sola pista del secuestrador.
A pesar de la pena que les embargó, los reyes se dispusieron a cumplir su deber nuevamente y Petequia volvió a quedar encinta. Así nació Aralia, una niña mitad humana mitad tritona destinada a heredar el trono y que fue siempre el ojito derecho de su padre Caspio. Él se encargó de llenarle la cabeza con historias sobre Aurantaquía, la ciudad sumergida de los Tritones donde su padre y, antes que él, su abuelo, gobernaron con sabiduría y bondad. La niña creció soñando con las maravillas de aquel sitio que nunca había visitado: los Jardines Coralinos, el Gran Bosque de Anémonas y la asombrosa Fosa Abisal. Sin embargo, el miedo de sus progenitores a que su heredera le fuera nuevamente arrebatada, hizo que nunca le permitieran salir del Palacio. La refinada baronesa Isolda Hain der Ness la educó en protocolo y el arte del gobierno. Ella logró hacer de Aralia toda una princesa que dominara no solo las danzas de moda sino el arte de leer las abyectas intenciones de sus enemigos. A su vez, su padre Caspio quiso que Traqua, su padrino, la entrenara en las artes acuáticas (natación, generación de corrientes y lucha con tridente), en las que pronto demostró ser una alumna aventajada.
Y a Aralia le siguió el pequeño Zoran, también mitad tritón y el favorito de su madre, que le ha convertido en su pequeño proyecto personal. Como era el menor de sus hijos, Petequia encargó su educación a su madrina Carmélida y su padrino Clemente, quienes le formaron en la más estricta de las morales y observancias de la Fe del Titán. Fruto de esa educación se convirtió en un amante de la austeridad y la autoflagelación. Cuando cumplió los 5 años, Zoran, en un sueño vívido producido por el ayuno autoimpuesto, recibió el mensaje del Todopoderoso Titán. Era una revelación que le anunciaba que era en realidad un profeta, el elegido para llevar la fe a un nuevo estadio de desarrollo que acabara con el pecado y la perversión del mundo. Contó su sueño a Clemente y Carmélida que no dudaron en creerle. Le llevaron ante Inocencio el cual lo sometió a una ordalía: puso ante él una vela encendida y le obligó a acercar la mano. Lejos de quemarse, el niño no sufrió dolor alguno demostrando que, por algún motivo, se hallaba bajo la protección del Todopoderoso Titán. La cúpula de la iglesia decidió que aquello era algo que debían mantenerse en secreto. Al fin y al cabo, si los enemigos de la corona habían sido capaces de secuestrar a Rodrigo sin ser detectados, ¿cómo iba a estar seguro Zoran si se descubría quién era en realidad? Según él mismo afirma, el Titán se le aparece y le da instrucciones concisas que él transmite a los religiosos como la voluntad de la divinidad, e incluso a veces habla a través de él con una voz cavernosa. Desde que empezó a comunicarse con él, Zoran vive convencido de que es el profeta del Titán y que tiene una misión fundamental.
Por su parte Aralia, destinada a gobernar Calamburia, sueña en realidad con escapar de los muros del palacio y visitar los mares que vieron nacer a sus ancestros. Sin embargo hay cierto malestar entre la nobleza Calamburiana. El hecho de que los herederos sean en realidad mestizos supone un agravio para las más poderosas familias, que han empezado a instigar conductas discriminatorias contra la población tritona, argumentando el trato de favor de la corona. Incluso, en algunos pueblos de la tierra firme del reino ha habido ciertos conatos de violencia contra la población tritona. A fin de calmar los ánimos y lograr una integración plena de las razas, los reyes —aconsejados por la ancestral sabiduría de Zora— han decidido prometer a Aralia con el heredero de alguna casa poderosa de la nobleza Calamburiana. Quizás un Colby, quizás su primo segundo Tilian Von Vondra… Sin embargo, Aralia está en secreto enamorada del apuesto general Traqua, cuyo amor se le antoja imposible por la diferencia de edad, porque es el mejor amigo de su padre y ya que Aralia debe prometerse a otro hombre para cumplir su papel en el tablero político. Bajo apariencia de desinterés, Traqua está profundamente enamorado de la joven princesa, pero no osa dar el paso por no sentir que vuelve a fallar otra vez a su amado rey.
Los dos príncipes han sido educados en valores religiosos, así como en el dolor de la pérdida de su hermano desaparecido Rodrigo, algo que suelen recordar con asiduidad y ritualizada pena. Su relación es fraternal y ambos quieren el bien del reino, pero Aralia suele sentir que la corona es un fardo que no sabe si está dispuesta a cargar; al menos no si ello implica renunciar a todos sus sueños: el amor, la libertad, vivir bajo el mar… Zoran, por su parte, tiende a juzgar moralmente a su hermana que, según él, debería aceptar su destino con abnegación como él ha aceptado el suyo.
LOS HEREDEROS DE ÁMBAR
Ellos son los hijos de los reyes y un día Calamburia estará en sus manos. Mitad humanos y mitad tritones, tienen la importante misión de mantener el reino unido para lo que no dudarán en usar el poder de la fe y la fuerza de sus ejércitos ¡Postraos ante los Herederos de Ámbar!
La pareja
Aralia
Hermosa, soñadora e implacable luchadora acuática, se debate entre el peso del deber y sus sueños: el deseo de viajar a sus orígenes submarinos y un amor prohibido. ¡Haced una reverencia ante la Princesa Aralia, la Heredera de Ámbar!
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Zoran
Él es el príncipe de Calamburia. De moral intachable, es tan devoto y humilde pero, en secreto, también es el instrumento del Titán para redimir al mundo de sus pecados para lo que no dudará en sacrificarlo todo… y a todos. ¡Agachad el rostro ante la arrolladora fe del Príncipe Zoran, el profeta del Titán!


