45. MAGIA NEGRA Y MAGIA BLANCA

El aire se llenó de carga eléctrica, de chisporroteos de energía. La zíngara, agitando sus manos, pronunció una salmodia en un idioma inteligible. Tenía al Archimago justo donde deseaba: de espaldas y entretenido en otras cuestiones. Era el momento ideal para lanzar su conjuro.

Eme, poseído con la esencia de Theodus, había logrado poner a salvo a Ébedi antes de que el nuevo rey Comosu empezara a dictar una serie de leyes tiránicas. La Guerra por el Trono de Ámbar había tocado a su fin, y el bando de la reina Urraca rendía las armas. Sin embargo, Kálaba no estaba conforme. Ella deseaba una venganza personal. Fue por ello que, reuniendo toda la magia oscura que pudo, allí, en el mismo palacio, lanzó contra Eme la más poderosa de sus maldiciones.

EME REINO CALAMBURIA CALAMBUR

Pero por fortuna, el joven estudiante ya no era un muchacho despistado y tontorrón. Como ya se ha dicho, el alma del Archimago recorría sus venas. Fue esta nueva habilidad la que le alertó del peligro. Eme se volvió, empuñó su varita y respondió a la zíngara con un muro protector. La maldición chocó contra este muro y se deshizo en el aire; después Eme contraatacó. Agitó su varita en el aire, formuló las palabras mágicas y, finalmente, apuntó a su enemiga. De la varita surgió un rayo blanco, igual al que generara una tormenta. El rayo impactó contra Kálaba y la hizo caer desde las almenas de palacio. Estaba derrotada.

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Pero aún no estaba muerta.

El Archimago puso a salvo a los miembros del bando perdedor. Les condujo por un pasadizo secreto hasta la salida, y mientras arriba, en los salones del castillo, Kashiri ponía en marcha una conjura secreta para dominar a Comosu, Eme marchó rumbo hacia Skuchain. Los muros protectores de la escuela le resguardarían mientras pensaba en una salida a tanto conflicto.

No obstante, su viaje nunca llegó a concluir. A una jornada de donde se hallaba la Puerta del Este, Eme fue interceptado por una sombra difusa, casi imperceptible entre la espesura.

-Aún no hemos terminado este combate –sentenció una voz de mujer.

-Kálaba – reconoció el Archimago-. ¿Acaso no has tenido suficiente guerra?

-Es una contienda que no me importa, y lo sabes. Yo sólo peleo por un objetivo. ¡Muéstrame lo que sabes hacer, Theodus!

La mujer elevó las manos al cielo y, en un instante, todo se cubrió de tinieblas. Eme comprendió que aquél no sería un combate rápido. La zíngara se había fortalecido, de modo que no se libraría de ella con una simple descarga de energía. Así pues desenfundó su varita, dispuesto a combatir hasta el final. Allí, en aquel punto incierto de Calamburia, uno de los dos moriría.

KALABA CONJURA            Los sortilegios no tardaron el cruzarse de un objetivo a otro. Kálaba invocó unos tentáculos de humo negro que, emergiendo desde el suelo, intentaron enterrar vivo al Archimago. Este se los quitó transformándolos en hielo; y los tentáculos, después de volverse carámbanos, estallaron en mil pedazos. El Archimago contraatacó entonces, lanzando con su varita otro de aquellos rayos de luz. Pero Kálaba estaba preparada para uno de esos ataques, de tal forma que el rayo impactó contra un muro de huesos que emergió de la tierra.

-¡Se acabó, Archimago! ¡Saluda a la Emperatriz tenebrosa de mi parte! –gritó la zíngara, mientras un aura negra se formaba a su alrededor.

Eme estudió la potencia de aquella magia. Era el golpe definitivo, aquello que decidiría el combate. No tuvo más remedio que preparar el mejor de sus conjuros: un golpe de energía que, semejando la hoja de una gigantesca cuchilla, cortara a Kálaba por la mitad.

Los hechizos se ejecutaron al mismo tiempo. La cuchilla de energía rasgó el aire, y hasta logró segar el aura de fuerza negra y hallar el cuerpo de Kálaba. La zíngara sintió cómo le atravesaba la carne, y hasta las mismas entrañas, para salir por su espalda. Notó cómo su cuerpo perdía fuerza y, poco a poco, se separaba en dos mitades. Pero mientras aún estuvo consciente, pudo constatar cómo su magia también había envuelto al Archimago. Eme peleaba por liberarse de ella, pero el aura negra penetró por su boca y se aposentó dentro de su espíritu.Captura de pantalla 2015-06-02 a las 16.14.40

Los dos cayeron.

Diez horas después, Eme recuperó el conocimiento. Estaba con vida, pero había olvidado su naturaleza como Archimago. Aquella parte de su ser, la más poderosa, yacía encerrada en el centro de su pecho, presa de una cruel maldición. De nuevo, no era más que un despistado estudiante de magia.

En cuanto a Kálaba, despertó en un lugar muy diferente de Calamburia. Estaba en el Inframundo, a merced de los caprichos de Kashiri. Por fortuna, la muerte no es el peor de los males para una servidora de la oscuridad.

Kálaba regresaría al mundo de los vivos. Estaba segura de ello.

kalaba fuego inframundo

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