Cuentan las antiguas leyendas, que cuando el Titán descendió a la tierra de Calamburia creó a los humanos y a los tritones. Mientras que los primeros permanecieron en tierra, los segundos decidieron descender bajo el agua, donde hicieron su hogar. Desde entonces, los tritones empezaron a distinguirse de sus vecinos de tierra seca. Unos y otros desarrollaron sus propias costumbres, pero mientras que los humanos osaron adentrarse en el mar para navegarlo y hallar sus límites, los tritones juraron que nunca volverían a pisar tierra seca. Habían comprobado que, allá en el continente, las leyes y la forma de vida eran crueles e injustas. Ellos, por el contrario, habían desarrollado un sistema de castas con el que se evitaba cualquier tipo de conflicto.

Así, los tritones no volvieron a mezclarse con los humanos. Su sociedad submarina creció y floreció, promoviendo aquel sistema en el que los más humanizados estaban en los estratos más altos, mientras que aquellos con rasgos más pisciformes se hallaban en las capas más bajas.

El juramento de los tritones de no pisar la superficie se ha mantenido incluso a pesar de que han recibido la C del Titán en numerosas ocasiones. Sin embargo, un acontecimiento extraordinario les ha obligado a cambiar esta forma de pensamiento.

Cuando el Leviatán asoló Calamburia, y los piratas, poseídos por su influencia, descendieron bajo los mares como dioses vivientes. Aurantaquía, patria de los Tritones, se vio amenazada. La terrible bestia marina arremetió contra los pilares de coral que sostenían toda la estructura, y habría conseguido derribar la ciudad, de no ser porque una astuta guerrera llamada Aquílea logró embaucar a los piratas, distraerles, e impedir que el Leviatán continuara atacando.

Con la ayuda de los héroes de la superficie, El Leviatán fue encerrado y los piratas volvieron a su estado normal. Sin embargo, los daños hechos a Aurantaquía eran demasiado grandes como para ser reparados por medios normales. El consejo de tritones se unió en un cónclave como nunca antes había existido. Allí, tras muchas acaloradas discusiones, se decidió buscar ayuda en la superficie para salvar su reino. Si eran necesario, usarían la C del Titán para conseguir la Esencia de la Divinidad, y con ello lograr que su patria fuera restaurada.

Dos emisarios fueron enviados a tan difícil misión. Por un lado, la astuta guerrera Aquílea; por otro, el príncipe heredero Itaqua. Éste último, a pesar de ser reticente a relacionarse con humanos, desea, en secreto, recuperar el objeto en el que fue encerrado el Leviatán, para así poder utilizar a la bestia marina en su beneficio. Después de todo, ¿Qué habría de malo en hundir todo Calamburia? ¿No sería eso beneficioso para ampliar las fronteras de su futuro reino?

Por supuesto, estas intenciones no han sido confesadas a los demás tritones, ni siquiera a Aquílea, quien piensa de forma totalmente opuesta. Ella cree que quizás haya llegado el momento de poner a hombres y tritones a trabajar en común, y lograr, de este modo, una nueva Calamburia llena de prosperidad.

De cualquier modo, los dos tritones pisan la superficie por primera vez en siglos. Quizás permanezcan en Calamburia más tiempo de lo que imaginan.


LOS TRITONES

Presentación

Llegan desde las profundidades del mar. Su hogar se derrumba, por eso han ascendido por primera vez a la tierra de los hombres y demostrar que su raza es superior, y que si ganan la Esencia de la Divinidad, sumirán todo Calamburia bajo las aguas. ¡Saludad a los Tritones!


La pareja

Itaqua

Él controla los azares del mar, la voluntad de los peces y el ascenso de las olas. Es el máximo exponente de los tritones; el heredero de los reinos oceánicos.

¡Arrodillaos ante el príncipe Itaqua, El domador de las mareas!

 

 

 

ELVIRA TRITONES - FOTOS INDIVIDUALES TAMAÑO WEBAquílea

Una poderosa luchadora, y una astuta consejera. Ella consiguió evitar que su reino quedara sepultado por el Leviatán. Ahora ha ascendido a la superficie para buscar el modo de salvar su reino. Lo intentará primero con la espada, y si no es posible, con la espada.

¡Ella es Aquílea, La protectora del coral!

 

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