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Arishai, El escorpión de basalto, lleva la misma sangre que los antiguos nómadas; aquéllos que, hace centurias, poblaron la tierra de Calamburia más allá de la línea parda del desierto. En el pasado eran los amos del mundo. Sobre ellos no existía más dios que el poderoso Titán, y bajo su yugo, firme pero misericordioso, los demás hombres acataban todos sus deseos.

Sin embargo, hubo un acontecimiento que terminó ahogándolos en el olvido: la misma civilización. El avance de la ciencia y la tecnología, y el afán de los hombres por agruparse en grandes asentamientos les enloqueció. Sus vecinos edificaron ciudades amuralladas, y aunque los nómadas, los verdaderos nómadas, vieron en aquel hecho una tremenda herejía, nada pudieron hacer.

Las guerras que vinieron a continuación les expulsaron al lugar del que habían salido, a la cuna de sus orígenes: el desierto. Allí descubrieron que las dunas volvieron a recibirles con su contacto abrasador. Su piel abrazó el calor, y sus labios se agrietaron con la escasez de agua.

El desierto siempre había sido su hogar, y a partir de aquel día, supieron aprovechar las ventajas que éste ofrecía. Dado que nadie osaba conquistar unas tierras tan agrestes, los nómadas pudieron multiplicarse sin peligro. Así, en los días de Arishai, se contaban por miles, y él era su general.

Desde su tierna infancia, Arishai había soñado con atravesar la gran Puerta del Este. Derribar su piedra protegida con magia, aplastar a los Porteros y marchar triunfante hasta el Palacio de Ámbar. Cuando diez mil nómadas le juraron lealtad, sintió que su momento había llegado.

Una horda a caballo puso rumbo a su sueño. Por desgracia, no contaban con la poderosa magia de Skuchain, y con los ejércitos de Urraca. Ambos les aguardaban para detenerles, y aunque la batalla resulto cruenta, Arishai fue derrotado.

Con sus hombres desperdigados, sus víveres usurpados y su honra deshecha, Arishai vagó por el desierto sin rumbo. Quería que el calor le arrebatara la vida, y que la arena terminara sepultando su cuerpo. Vagó, cada vez más débil, hasta que las piernas le fallaron. Su cuerpo, vencido por el sol, y dispuesto ya para el festín de los buitres, dejó de obedecerle. Arishai cerró los ojos… y se dejó morir.

Pero había de ocurrir un acontecimiento inesperado: Arishai despertó al cobijo de una jaima, con el rostro refrescado de agua. A su lado yacía un nómada al que no conocía. Su nombre era Jan Ákavir.

De Ákavir se sabía poco; de hecho, muchos de los rumores que corrían sobre él formaban parte de la leyenda. Se decía que había sido formado con arena y agua, y que en realidad no era un hombre, sino uno de aquellos genios que los nómadas llamaban djinns. Sea como fuere, el misterioso personaje le había salvado la vida. Luego, como si en efecto se tratara de un genio, le formuló una pregunta: ¿quieres recuperar tu gloria? Arishai afirmó, y entonces Ákavir le enseñó una C. El general de los nómadas sabía lo que significaba aquel símbolo. Era una entrada al Torneo, la verdadera posibilidad de hacer realidad cualquier sueño que se propusiera.

Ákavir buscaba un compañero para el torneo, y Arishai había sido el elegido. La muerte tendría de esperar, pues era el momento de iniciar un largo viaje hacia la arboleda de Catch Unsum

Hoy día, Arishai y Ákavir son una de las parejas más misteriosas, pues pocos saben qué harán si ganan el torneo. Para el derrotado general, sin embargo, ésta meta se halla muy clara: si obtienen la Esencia de la Divinidad, Calamburia tendrá un rey nómada sentado en el Trono de Ámbar.


LOS NÓMADAS DEL DESIERTO

Presentación

Llegan desde muy lejos, de más allá de las tierras civilizadas. El desierto ha curtido su piel y su espíritu. Son hombres acostumbrados al sol inclemente, a la sed y al hambre, a la picadura mortal del escorpión. Nadie sabe qué harán si consiguen ganar el torneo, pues sus intenciones se hallan ocultas tras un denso velo de arena. ¡Un aplauso para los Nómadas del Desierto!


 La Pareja

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Un espectro entre las dunas, un caminante en la noche. No hay hombre ni mujer que conozca su pasado, e incluso dicen que fue engendrado en mitad de un océano de fuego y que, al igual que el desierto, su corazón está desprovisto de vida. ¡Él es Jan Ákavir!

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Arishai

Antaño fue el señor de diez mil nómadas. Hoy nada queda de aquellas huestes. Sin embargo, el torneo le ha brindado la posibilidad de recuperar sus dominios. Es el custodio de las antiguas mezquitas, el emperador de las arenas. ¡Es Arishai, El escorpión de basalto!

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