Todo calamburiano conoce la leyenda del Titán: de cómo cayó desde los cielos por causa de una derrota, cuando los dioses combatían por adjudicarse la potestad de las estrellas. También es sabido cómo el Titán, al caer, hizo una profunda sima en el centro de la tierra de Calamburia, que hoy en día se conoce como las Marismas. Se enseña que allí duerme, muy profundo en la tierra, en un lugar vetado incluso para los habitantes del Inframundo. Pero, a pesar de su sueño, el Titán vela por todos los hombres y mujeres, por cada calamburiano digno. Y cada cierto tiempo despierta, listo para otorgar la Esencia de la Divinidad a quien lo merezca.

Estas enseñanzas han sido transmitidas desde muy antiguo, escritas en voluminosos libros que acumulan polvo en ermitas perdidas y oscuras criptas. Los centinelas de tal sabiduría son llamados los Capellanes. Un honor reservado a muy pocos.

Para convertirse en Capellán, un aspirante, ya sea hombre o mujer, ha de pasar media vida encerrado entre los muros de un templo dedicado al Titán. Allí medita sobre antiguos escritos, ora y lee de sol a sol. Cuando está preparado, el aspirante es sometido a examen por sus maestros. Sólo quienes demuestren haber alcanzado cierto nivel de sabiduría podrán ostentar el rango de Capellán.

Los Capellanes tienen una elevada misión: aventurarse al exterior, allí donde sus pasos les conduzcan, y extender las sagradas enseñanzas sobre el Titán. También han sido llamados a proteger a los débiles, amparar a los pobres y reponer el orden donde haya sido cometida alguna injusticia. Son guardianes de la fe, pero también protectores de la paz. Por ello, además de estudiar, un Capellán está bien entrenado en combate. A lo largo de su camino lidiará con gentes de bien, pero también con rufianes, ladrones y asesinos. A todos ellos, un Capellán aplicará la sagrada justicia del Titán, sea para bendición o para castigo. El fin último es que cada persona tenga aquello que se merece. Ni más, ni menos.

El hermano Irving van der List es uno de los Capellanes más famosos, junto con la hermana Mitt Clementis. Entre los dos han recorrido Calamburia de un extremo a otro. De sus muchos logros, quizás el más famoso sea el de repartir la C del Titán a los elegidos del último torneo. Ellos, de una forma u otra, se las apañaron para que muchos de los participantes la recibieran. De este modo, fue Clementis quien, oculta bajo un disfraz de anciana, dejó caer la C frente a la Puerta del Este, para que fuera recogida por los Porteros. El padre Irving, por su parte, guardó una C en una botella, que colocó cerca de la orilla donde pescaban los Piratas.

Todo debe parecer un accidente, un designio de la casualidad. Los Capellanes lo organizan para que así sea, por orden del Titán, y quienes reciben la C nunca deben suponer que alguien la dejó para ellos.

Sin embargo, estos dos capellanes esconden un secreto más. Pocos saben que, desde hace muchos años, acuden a Villa Olvido para visitar y educar a Comosu, el hijo de Petequia. El objetivo de este adoctrinamiento no es otro que el de enseñarle a ser rey, pues aunque los capellanes actúen oficialmente al servicio de la corona, están muy al tanto de cómo Urraca llegó a ocupar el trono, y en secreto planean devolver el control a su legítimo dueño. La Reina nada parece saber de esto, y tanto Irving como Mitt siguen actuando de consejeros.

Sólo el Titán conoce cuándo sucederá el alzamiento, y qué clase de plan habrán urdido para llevarlo a cabo.


LOS CAPELLANES

Presentación

Son los señalados por el Titán, los guardianes de la paz y la justicia, los defensores de la fe en toda Calamburia. Siempre llevan una sonrisa pintada en el rostro, pero no os confiéis, pues han sido designados para eliminar el mal allá donde vayan. ¡Acercaos y recibid la bendición de los Capellanes!

Lema

Que la voluntad del TitÁn nos guie


La Pareja


Mitt 

            Sanadora de enfermos, redentora de pecadores.

Ella endereza los caminos torcidos y las sendas equivocadas… aunque deba emplear la fuerza para ello.

Eso sí, jamás, bajo ningún concepto, pierde la cordialidad.

Regocijaos con la presencia de la Hermana Mitt Clementis

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Irving

 

Es tan justo como piadoso, tan sabio como elocuente.

Su voz encandila a las masas, pues sus palabras encierran la firme voluntad de una fe inquebrantable.

Alegraos, y saludad al hermano Irving van der List.

 

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