El Palacio de Ámbar refulgía con un insano color rojizo. Desde su torre más alta, una columna de energía se elevaba hasta un remolino de nubes, en el cielo. Kashiri se hallaba en la base de esta cascada de poder, y arriba, más allá de los cúmulos, era capaz de percibirse la monstruosa sombra del Dragón. La criatura se alimentaba de aquella fuente de energía, emanada desde el báculo de la Emperatriz Tenebrosa. Este, a su vez, había extraído la energía de miles de inocentes; pobres desdichados, sometidos a un sacrificio que se había llevado su alma como pago, para alimentar con ella a la poderosa criatura.

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Pero el Dragón nunca parecía estar conforme con su alimentación. Su cuerpo absorbía sin parar todo aquel flujo de almas, sin que pareciera colmarse en ningún momento. Por ello, día y noche, Kashiri debía ocuparse de no descuidar su atención. De otro modo, aquel dios reptiliano podía entrar en cólera, y de hacerlo, no contaría con aliados.

Hallarse en aquella perpetua vigilia, siempre ocupándose del Dragón, había distraído a Kashiri. Mientras su báculo no dejaba de apuntar a los cielos, ella había comenzado a cuestionarse en sus decisiones. ¿Era buena idea sacar de su letargo a semejante criatura? ¿Convenía de verdad resucitarla? ¿Cuán peligroso era poseer un aliado que, en algún momento, podía ser consciente de su auténtico poder?

En definitiva, todas aquellas preguntas se reducían a una: ¿Cuánta lealtad guardaría un dios viviente a un ser inferior?

Cuando la asaltaban estos pensamientos, Kashiri se estremecía. Por ello, una noche cCaptura de pantalla 2014-12-10 a las 13.20.17omo cualquier otra, mientras su báculo extendía un torrente de poder a los cielos, resolvió que lo mejor era parar. Sus ambiciones de poder la habían llevado demasiado lejos, y si no se detenía a tiempo, pronto pasaría a formar parte de los esclavos del Dragón. No importaba que ella le hubiera despertado, ni que le procurara la energía suficiente como para alzarse sobre todo Calamburia. En este caso, el Dragón era un ser muy capaz de morder la mano de quien le alimentaba.

Con un golpe de su báculo contra el suelo, el chorro de almas se detuvo. Muy arriba, en las nubes, un rayo iluminó una figura reptiliana. Se escuchó un rugido, muy lejos, como el presagio de una tormenta. El dragón se quejaba, pero aún estaba débil para combatir. Kashiri lo sabía. No se enfrentaría a ella, aún no.hijos del dragon - guerra despertar okura uruyumi

Sin embargo…

El golpe de energía la pilló desprevenida. La arrojó al suelo, lejos de su báculo. Extendió una mano para tomarlo, pero alguien lo pisó. Kashiri alzó los ojos.

-Okura Rensin. ¿Qué pretendes? Devuélveme mi báculo.

-De momento no será posible.

-¡Traidor! –gritó Kashiri, alzándose- ¡No sabes que podría destrozarte aún sin él!

-Lo dudo. Has malgastado mucha energía alimentando al dragón. No deberías haber pensado en detenerte

-Nosotros lo haremos por ti –dijo una segunda voz.

Kashiri se volvió. Era Uruyumi. El Loto Negro caminó hasta ella sin que se escuchara ninguno de sus pasos, y la señaló.

-Hemos conocido tus pensamientos. Planeabas olvidar al Dragón. Pero nosotros, sus hijos, continuaremos tu tarea.

KASHIRI URUYUMI Dragon Ataque

-¡No lo permitiré! –gritó Kashiri, entrando en cólera- ¡Ventisca!

Un terrible viento agitó las ropas de los presentes. Las nubes se entrelazaron en un torbellino, cuya punta golpeó la torre. En ella viajaba Ventisca. Ni siquiera se detuvo a parlamentar. Con un rápido movimiento de sus brazos, un potente golpe de viento dio contra el Loto Negro. La mujer perdió el equilibrio y se precipitó al vacío. Ventisca se aposentó en el suelo, triunfante.

HIJOS DEL DRAGON GUARDIANAS FINAL CAMBIO TRONO  DRAGON AMBAR IMPRO CALAMBURIA

Pero tan sólo duró unos instantes en el sitio, pues Den Shao Kan, emergiendo de la nada como una aparición fantasmagórica, la derribó con un golpe de su bastón. Ventisca cayó inconsciente. Ya en el suelo, su cuerpo comenzó a parpadear y alternar sus dos personalidades: de la dulce Brisa a Ventisca, y de nuevo a Brisa.

Brisa ventisca

Sólo quedaba Kashiri. Den Shiao y Okura Rensin se aproximaron sin miedo, pues la Emperatriz se encontraba más débil de lo que creía. Alimentar al Dragón día y noche resultaba una actividad agotadora.

-Se terminó –sentenció Den Shiao-. El trono de Calamburia es nuestro. Es lo que debía pasar. Los Hijos del Dragón poseen la tierra al fin, después de tantos años de exilio.

-¡No, traidores! ¿Cómo osáis engañarme? –se defendió Kashiri.

Pero Okura no permitió más comentarios. Apuntó a la Emperatriz, y sus manos dejaron escapar un poderoso golpe de fuerza que la arrojaron lejos de la torre. Ventisca también cayó, todavía debatiéndose entre su naturaleza bondadosa y malvada.

-Al fin reinamos –sentenció Den shiao-. Alimentemos al Dragón con nuestra energía, y pronto Calamburia se hallará bajo nuestro control.

Hijos del Dragon mascaras Calamburia

 

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