trovadores_relatoLos dos bardos más famosos de Calamburia, Artemis Daeron y Olazir, son conocidos por tener un repertorio incombustible de canciones. Sus relatos cantados hablan de historias antiguas, de reyes y reinas, de monstruos fantásticos y de épicas historias de amor. Sin embargo, hay un tema que los dos trovadores no cantan de buenas a primeras. Es la trova que se conoce como El relato de la dama encerrada, una historia trágica que narra el nacimiento de Melindres, la hija de la marquesa Zora von Vondra.

Esa canción no es para declamarla en cualquier lugar, pues la Marquesa tiene oídos en todas partes, y no desea que se narre a cualquiera los detalles de su vida privada. Los trovadores sólo cantarán esta canción si es en un lugar cerrado, con público conocido y, desde luego, jamás lo harán en Suahuevo de Abajo.

marquesas_relato copiaEl relato de la dama encerrada comienza hace diecisiete años. En aquella época, la Marquesa deseaba, como muchos otros nobles, acrecentar su poder. Siahuevo era un marquesado grande, pero ella necesitaba más. Quería que, llegado el momento, su descendencia lograra el acceso al trono.

Para lograr esto, Zora se había ganado el favor de Petequia, la aspirante al trono de Ámbar. Petequia, por aquel entonces, ya tenía apalabrado su matrimonio con el que sería el futuro rey Rodrigo V. Zora sabía todas estas cosas, así que procuraba no separarse de la joven princesa. Su intención era la de tener hijos al mismo tiempo que Petequia, concebir juntas y, si era posible, lograr un casamiento.

De este modo, Zora invitaba a Petequia a largas y agradables excursiones por su marquesado, visitas a Villaolvido y a Siahuevo. Todo su empeño estaba puesto en que la princesa no se aburriera.

En ocasiones, Petequia viajaba al marquesado acompañada de su hermana pequeña. La joven Urraca era, por aquel entonces, una muchacha algo retraída. Apenas dejaba ver sus sentimientos, ni sus gustos, ni sus intenciones; no obstante, Zora procuró no descuidarla. De este modo averiguó, en una de las conversaciones que se esforzaba por tener con Urraca, lo poco que la muchacha envidiaba a su hermana.

Tres amigas_ZORA_PETEQUIA_URRACA

No obstante, aquel sentimiento tan inocente había de tornarse en unos celos malsanos. Y así, un día, le llegó una carta de Urraca, en la que le pedía ayuda para concertar una reunión con los zíngaros.

Zora conocía a aquellos misteriosos habitantes del Bosque Perdido. De cuando en cuando le ocasionaban alguna que otra incomodidad; robos y comerciantes desaparecidos eran los problemas más frecuentes, pero por lo general, los zíngaros no molestaban si nadie invadía los límites de su territorio. Entre ellos y el marquesado existía una paz tensa. Por ello, Zora era la más adecuada para preparar un encuentro… y así lo hizo.

rey con coronaTiempo después, Urraca, valiéndose de un oscuro hechizo, logró expulsar a su hermana y engatusar a Rodrigo. El Trono de Ámbar era suyo, y Zora había sido su aliada.

Para ganarse aún más el favor de la nueva reina, Zora prometió que vigilaría a Petequia, la cual había sido desterrada a Villaolvido, un destino al que había acudido multitud de veces durante sus excursiones.

Zora lo había logrado. Urraca sentía una enorme gratitud hacia ella. Y de este modo, en uno de sus muchos encuentros de palacio, un día como cualquier otro, la Reina habló claro: ambas debían tener descendencia cuanto antes, pues deseaba que sus hijos se casaran. Zora apenas cabía en sí de júbilo. Cuando regresó a Siahuevo organizó unas fiestas que se prolongaron durante una semana. Después, la Marquesa se encerró en sus aposentos y meditó: debía casarse cuanto antes, y no con cualquiera. Había de ser un hombre de alta cuna, muy bien posicionado, famoso en el continente.

ERUDITO_FELIXAl instante le vino un nombre: Félix, El preclaro, uno de los eruditos más reconocidos de Skuchain. Él era el cronista oficial del reino. Por sus manos pasaba toda la historiografía, amén de muchos otros documentos importantes. Era el encargado, junto a su compañera Minerva Sibyla, de educar a los Impromagos de la torre… y estaba soltero.

Él era el candidato perfecto. Por su puesto, se trataba de un matrimonio político. Ella no sentía la menor atracción por Félix y, por otro lado, el erudito era un hombre enamorado de las letras. Jamás había demostrado interés alguno en las pasiones humanas.

Sin perder un solo minuto, Zora comenzó a enviar, primero cartas, y luego emisarios que dieran a Félix la noticia de sus intenciones. Al mes le llegó la respuesta: había aceptado.

¡Al fin! Su matrimonio se celebraría pronto, y con él, la marquesa de Siahuevo se encontraría un paso más cerca de elevar su apellido hasta la corona de Calamburia.

 

Continuará…

…. La Canción Prohibida. Parte 2 ….

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