Los días, en el tiempo pretérito, no eran tal y como hoy los conocemos. El sol y hasta el mismo cielo también eran jóvenes, de tal modo que, al amanecer, todo se teñía de un color púrpura. Las noches también eran más largas, pues aún no estaban definidas las horas que a cada momento debía asignársele.

Era aquella época la del reinado de los Hijos del Dragón; seres místicos llenos de sabiduría. Ellos poblaban una tierra de plantas y animales diferentes; incluso el aire que respiraban tenía distinto olor.

HIJOS_CARAS_IMPROVISACION_MADRIDTodo era como vivir en un sueño.

En aquel otro tiempo, antes de que alguien computara los días, los Hijos del Dragón intentaban comprender el universo. Su señor, la antigua sierpe, sólo demandaba alimento; a cambio, les revelaba algunos de los más valiosos secretos. La ciencia y la magia, juntas y unificadas, eran la base de toda su sabiduría.

Sí, en el pasado, lo imposible y lo reglado; lo matemático y lo entrópico, todo ello se mezclaba en un maremágnum burbujeante. Los Hijos del Dragón hallaron esta masa, la tocaron, la comprendieron y la asimilaron. El control de todas las cosas se encontraba a su disposición.

Nada podía prepararles para aquello que había de llegar.

Porque llegó el cambio. Otro ser diferente, un Titán que surgió desde otra esfera de existencia, cayó a la tierra de Calamburia y tomó conciencia en ella. Así dio origen a una nueva raza: los Salvajes.

Estos hombres y mujeres no eran muy distintos a los Hijos del Dragón. Su apariencia, al menos, resultaba casi idéntica. Había, sin embargo, una gran distancia en su forma de pensar y sus conocimientos. Mientras que los Hijos del Dragón sólo deseaban saber más, los Salvajes querían el dominio de la tierra. Así, cuando unos pidieron la paz, los otros respondieron con sangre y violencia.

La guerra se hizo inevitable.SALVAJES_CARAS_IMPROVISACION_CALAMBURIA

Los Hijos del Dragón jamás se habían enfrentado a nada semejante. Su vida nunca se expuso al peligro de muerte, ni les fue necesario emplear su poder para dañar a otro. Los Salvajes, en cambio, parecían nacidos para provocar dolor; y así, descendiendo de las montañas, aquellos seres generados por el Titán comenzaron a asaltar aldeas, pueblos y ciudades.

Los Hijos del Dragón tardaron en responder, pero cuando lo hicieron, descargaron una tormenta de hechizos, conjuros y sortilegios. Los Salvajes, supersticiosos por naturaleza, se escondieron con miedo… por un tiempo. Al poco decidieron que aquellas luces y haces eléctricos tampoco les detendrían. Sólo había que variar la estrategia.

Entonces centraron su atención en los Hortelanos. Aquellas pacíficas criaturas, más emparentadas con los vegetales que con los hombres, no se habían involucrado en ningún conflicto. Llevaban en la tierra mucho antes que las otras dos razas, pues fueron generados de forma espontánea por la misma Calamburia. No servían a dioses, ni a más fuerza que la de la propia naturaleza. Eran libres.

Los Salvajes asaltaron sus comarcas, pisotearon las cosechas y aplastaron a los pocos Hortelanos que les hicieron frente. Había seres – patata en gran número, pero los Salvajes estaban mejor organizados, de forma que, a pesar de la resistencia, no tardaron en someterlos. Después, con todos los Hortelanos de su lado, lanzaron el ataque final contra los Hijos del Dragón.

hortelanos reino de calamburia improÉstos no esperaban un contingente tan elevado de enemigos. Los Hortelanos apenas sabían luchar, pero eran tantos que no podía estimarse su número. Formaban una marea de hombres y mujeres rústicos, armados con horcas y rastrillos. Los Hijos del Dragón acabaron con millones de ellos; su magia los arrasó casi por completo, pero el proceso les dejó agotados. Así, cuando los Salvajes aparecieron en el horizonte, se vieron débiles para pararles… y fueron vencidos.

Su derrota les condujo al exilio. Se refugiaron bajo tierra, cerca de la morada de su dios, en completa oscuridad.

Allí han vivido hasta hoy, cuando el Titán, de forma sorprendente, les ha entregado una participación para el Torneo. Hay quien dice que el Titán desea darles una oportunidad; otros argumentan que lo que desea es atraer su fidelidad, para asestar el golpe definitivo al Dragón. Nadie puede asegurar qué le ha movido a querer que participen; lo que sí está claro es que los Hijos del Dragón y los Salvajes volverán a enfrentarse, y que este nuevo encuentro podría desembocar en una guerra… quizás la última entre estas dos razas.

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