72. EL SECRETO DE LOS ARCHIMAGOS III

Por tercera vez esa noche, malévolas carcajadas resonaron en unas de las bibliotecas de Scuchain. No eran risas felices. Rezumaban sarcasmo y desprecio.

– ¿Él? ¿El más inútil de los Impromagos? –espetó Kálaba– Sin Sirene no es nada. ¡Está solo! Tiene poder, pero no sabe cómo controlarlo. ¡Y está aterrorizado!

Eme se encogió un poco más en el suelo, como si quisiera fundirse entre las piedras, con tal de no estar ahí un segundo más.

-Bueno, ya me estoy empezando a aburrir. Lo convertiré en polvo y lo usaré para alguna pócima –dijo con desdén Aurobinda, mientras le señalaba con su escoba.

Con un grito que semejaba a un ladrido, agitó la escoba y un chorro de energía negra se abalanzó sobre el Impromago. Una masa oscura y borboteante lo rodeó hasta ocultar por completo su cuerpo.

Los dos Duendes se miraron nerviosos, apartándose de la oscura figura que apenas se movía.

– ¡Tú puedes, Eme! -gritó Eneris.

– ¡Contamos contigo! –le animó Seneri.

De pronto, la masa burbujeante se quedó paralizada. Casi parecía asustada. La superficie de la figura empezó a agitarse, y un intenso haz de luz atravesó la inmundicia e iluminó con un fogonazo la sala. Todos se taparon los ojos mientras intentaban mirar hacia el origen de la luz.

EME+BRUJAS

El foco fue remitiendo, hasta que todos pudieron ver con sus propios ojos, levitando en medio de la sala a Eme, el Impromago más despistado y poderoso de todo Calamburia. Sus ojos estaban en blanco, como en trance, y recorrieron toda la sala hasta fijar su mirada en las Brujas.

– Hermanas…no deberíais haber vuelto – sentenció Theodus, el Archimago que había creado la Torre de Eskuchain, y que compartía cuerpo con Eme.

– ¡Tú nos condenaste a una vida eterna de soledad, hermano! – escupió Defendra – ¡Tú eres nuestro verdugo. ¡Y ahora somos libres!

– Vosotras elegisteis el camino de la destrucción. Yo sólo mostré piedad, aunque me temo que Calamburia sufrirá el peso de mi generosidad. Nunca deberíais haber salido del plano en el que os confiné.

– ¡Ahora es demasiado tarde! Nuestro poder es más fuerte a cada segundo, hermano -rió maliciosamente Defendra.

-Es posible. Pero aún no sois lo bastante poderosas para derrotarme aquí, en mi hogar. De todas formas no es mi pelea, me temo. Es hora de que las nuevas generaciones os enseñen lo mucho que han cambiado estas tierras, y de cómo la magia ya no es cosa de unos pocos.

– ¡Basta de hablar! No nos asustas con tus trucos baratos. ¡No podrás resistir un ataque conjunto de Brujas y Zíngaros! –espetó Kálaba.

Al unísono, Brujas y Zíngaros canalizaron su poder hacia la luminosa figura, estrellando contra él haces de energía descontrolada, y destruyendo estanterías y mesas sin ningún tipo de control. Las sombras de la habitación cobraron vida, danzando en un baile dantesco e  hipnótico, aumentando el caos de la habitación.

Y en el centro de todo este remolino de maldad, Theodus levantó el brazo de Eme y susurró:

– Fuera.

De pronto, un agujero luminoso como un sol apareció en medio de la sala y empezó a aspirar a los Zíngaros. Uno a uno, fueron atraídos de manera descontrolada, agitando sus miembros y hundiéndose en el remolino dorado. Kálaba agarró a Adonis, y mirando furiosamente a los Duendes, saltaron dentro del agujero.

PORTAL LUZ ADONIS+KÁLABA

Las Brujas aún tuvieron tiempo de sujetar sus escobas y gritar:

– ¡Esto solo es el principio, Theodus! ¡No nos derrotarás, y lo sabes!

Entre risas, fueron absorbidas por el huracán luminoso, mientras la sala estallaba en un cegador resplandor.  Después de eso…

La calma.

Papeles danzaron en una caída desde las alturas. Pequeñas chispas de luz seguían titilando en el aire. La figura de Theodus se giró hacia los Duendes.

– Efectivamente. Esto está muy lejos de terminar. Me temo que he agotado todas mis fuerzas, mis pequeños amigos. Debo descansar, pues creo que mi poder será necesario muy pronto.

– ¡Ha sido increíble! – exclamó Eneris con las mejillas arreboladas.

– ¿Puedo aprender a hacerlo yo también? – preguntó ilusionado Seneri.

Theodus rió con una risa franca y cálida.

– Veo que aún hay inocencia y bondad en este mundo. Quizás no esté todo perdido. Cuidad de este pequeño Impromago. Me temo que muy pronto deberá cargar con una gran responsabilidad.

Un viento estival removió la habitación, y con un leve susurro, la presencia del Archimago desapareció, haciendo que Eme se derrumbase en el suelo. Al poco, bizqueó mirando a su alrededor, intentando incorporarse.

DUENDES+EME

– ¿Qué ha pasado? ¡Ay!, no me digáis… ¿Me he quedado dormido de nuevo?

Quizás estos hechos jamás lleguen a los oídos de las gentes de Calamburia, ya que la intensa lucha contra el Dragón ocultó los hechos acontecidos en la escuela de Impromagia. Los Trovadores cantan sobre cómo el Dragón fue derrotado. Pero lo que nadie sabía, es que otro antiquísimo mal andaba suelto, cambiando para siempre la balanza entre magia blanca y negra, y los mismos cimientos de toda la civilización.

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